La pintura es un medio para liberar las emociones y dar forma a nuestros pensamientos. Frida Kahlo
Analizar la problemática de la representación pictórica y la memoria nos lleva a dos situaciones implícitas: el poder de la imagen y la fuerza de su representación, ya que las imágenes son una poderosa herramienta de comunicación y transmisión de emociones, y una imagen es, ante todo, una representación, de un fragmento óptico del entorno, real, posible o imposible, elementos que son indiscutiblemente necesarios para que la idea trascienda.
Entonces, por un lado, tenemos la concepción particular del poder (del latín potens, el que puede) en el ámbito de su impacto y las formas o medios para su realización.
En ese sentido podemos decir que no existe una imagen notable sin ello, ya sea algo creado a partir de formas no reconocibles o el reencuentro con lo figurativo, es decir, crear lo inexistente o retomar, capturar o deformar lo real.
Todos distintos estos tipos de representación tienen un nombre particular que las distingue de las distintas formas de imagen: gráfica, mental, natural, figurativa, inmaterial, etc.
No omito mencionar que el poder de una obra también puede estar contenido en el concepto, y que en el mundo actual estamos saturados de imágenes fuertes y potentes que son la base en mucho para el marketing.
Por otra parte, entendemos que la pintura es una manifestación artística de carácter visual que se sirve de un conjunto de técnicas y materiales para plasmar, sobre una superficie determinada, una composición siguiendo ciertos valores estéticos y conjugando elementos como las formas, los colores, las texturas, la armonía, el equilibrio, la perspectiva, la luz y el movimiento para transmitir al espectador una experiencia estética.
Definir la fuerza (del latín fortia-fortis, fuerte) en la pintura es un equivalente de tratar de comprender la naturaleza constructivista de la obra, es decir, la tensión y que rompen con el esquematismo, creados mediante algunos elementos como las líneas, las cuales nos producen el movimiento visual, el dinamismo de la obra, la velocidad de acción en una composición o por medio de la fragmentación o el desmembramiento de los elementos o cuerpos, en cuyo caso la estructura plana ejerce una linealidad, y la misma se reactiva o se manifiesta como una articulación entre lo consciente y la fuerza inconsciente.
Por otra parte, el color y la luminosidad, que son herramientas fundamentales en el arte de la pintura, y que por medio de ellas se puede generar un impacto visual mediante la forma de su aplicación, y producen el quebrantamiento de las líneas en las cuales está también el raspado o la viscosidad de la superficie, o su manera violenta de aplicación puede lograr que apreciemos el ímpetu de la naturaleza, su vitalidad (fuerza), que no es otra cosa que el movimiento atrapado o contenido en el lienzo, lo cual nos permite representar la realidad de manera más vívida, sino que también transmite emociones y mensajes vigorosos que pueden influir en la interpretación de esta, así como en la distinción absoluta de las formas y la delimitación del lienzo por zonas definidas.
Es importante destacar que siempre se asimila con el contenido lo llamado “fuerte”, como la percepción del tema u otros elementos de carácter subjetivo como la religión, las costumbres o aspectos de carácter moral; así como la representación en la que se reproduce un daño de manera trágica o que suponen una amenaza para la integridad y la vida, o que contienen rasgos de tipo criminal que incluyen delitos con sangre, en cuyo caso la respuesta psicológica a la imagen puede ser negativa por parte del espectador.
Sin embargo, a lo que nos referimos como fuerte o poderoso es a los elementos de expresión visual que pueden transmitir emociones, movimientos, formas como profundidad y resaltar elementos clave en la pintura, así como a aquellos que nos invitan a contemplar y reflexionar sobre el mundo que nos rodea, revelando la capacidad del arte para trascender la realidad y transportarnos a una dimensión más allá de lo tangible; ya que la pintura crea o reproduce imágenes (del latín imago-imaginis, retrato) y que definimos como figura, representación, semejanza o apariencia de algo que nos comunica múltiples significados a la vez.
Curador
“…a lo que nos referimos como fuerte o poderoso es a los elementos de expresión visual que pueden transmitir emociones, movimientos, formas como profundidad y resaltar elementos clave en la pintura, así como a aquellos que nos invitan a contemplar y reflexionar…”
