En el marco del Mes de la Virgen y las celebraciones por el Día de las Madres, la doctora en Historia del Arte Luz María Vázquez Díaz impartió anteanoche en el Centro Cultural Prohispen la conferencia “Vera efigie: la Virgen de Izamal”.
En un recorrido por cinco siglos de historia, arte y religiosidad popular, la investigadora propuso una mirada crítica e histórica a las representaciones de la Virgen de Izamal, una de las figuras más veneradas de Yucatán.
“Mi objetivo no es hablar de religión, sino de historia”, señaló la doctora Vázquez al iniciar su presentación. “Vamos a analizar las diferentes representaciones que se han hecho de la Virgen de Izamal y cómo, a partir de la vera efigie, llegamos a la imagen que tenemos hoy”.
Contextualizó la aparición del culto mariano en Izamal desde la época prehispánica, cuando la zona era un importante centro ceremonial dedicado al dios Itzamná. Con la llegada de los españoles, los franciscanos optaron por introducir imágenes de la Virgen María en lugar del Cristo crucificado, con el propósito de lograr una mayor aceptación entre los pueblos indígenas. Hernán Cortés, señaló, habría sido uno de los primeros en plantar un altar mariano en Cozumel.
Fue entre 1553 y 1560 cuando se consolidó el culto en Izamal. Diego de Landa, comisionado para frenar abusos de los encomenderos, viajó a Guatemala por motivos administrativos, y fue entonces cuando los franciscanos de Izamal y Mérida le solicitaron traer imágenes marianas talladas por Juan de Aguirre. De ese encargo llegaron dos figuras: la Virgen de la Natividad —que se quedó en Mérida— y la Purísima Concepción, que fue trasladada a Izamal.
Para 1618 ya se celebraban festividades en su honor el 8 de diciembre. Dos décadas más tarde, en 1639, la Virgen ya era reconocida como taumaturga, es decir, una imagen capaz de obrar milagros. La epidemia de fiebre amarilla de 1648 reforzó su papel como protectora del pueblo, y se estableció una nueva festividad, el 15 de agosto, coincidiendo con la Asunción.
El culto se institucionalizó con la construcción de un lujoso camarín (que fue el primero en la Nueva España) adornado con joyas, alfombras y obras de arte.
Sin embargo, en 1829 un incendio arrasó el convento y consumió la imagen original: la vera efigie fue reducida a cenizas.
A partir de ese momento, explicó la doctora Vázquez al Diario antes de su conferencia, la devoción se trasladó de la imagen a la fe. “Ya no importa si la imagen es la verdadera o no. Es la devoción del peregrino lo que importa”, expresó.
La historiadora planteó la hipótesis de que la actual figura podría haber sido la segunda imagen traída por Diego de Landa (la Virgen de la Natividad) adaptada iconográficamente con el paso del tiempo. “Sabemos que antes tenía al Niño en brazos y ahora no. Si es la misma, claramente fue modificada”, detalló.
Las constantes restauraciones y la imposibilidad de estudiar la escultura sin su vestimenta han dificultado una investigación concluyente. No obstante, la ponente destacó que lo esencial ha sido la permanencia de la devoción popular. “Culturalmente, ya no importa si la imagen es la original; lo que prevalece es la fe de los yucatecos”.
“La Virgen de Izamal es la madre de todos los yucatecos”, resaltó la doctora, quien concluyó que más allá de la talla de madera o de las llamas que la consumieron permanece intacta una figura que trasciende la imagen: la fe viva de un pueblo que la sigue venerando.— IVÁN CANUL EK
De un vistazo
Análisis de imágenes
La conferencia “Vera efigie: la Virgen de Izamal” incluyó el análisis iconográfico de imágenes históricas, como un grabado de 1633 en el que la Virgen aparece sobre una luna en cuarto menguante, que simboliza el triunfo sobre el pecado, y una imagen de 1765 que evidencia cambios en la representación.
Comparación
La doctora en Historia del Arte Luz María Vázquez Díaz, cuya línea de investigación se centra en el arte del siglo XIX, propuso una comparación entre esta figura y otras representaciones novohispanas de la Inmaculada Concepción, subrayando sus particularidades iconográficas.
