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A la OSY queremos decirle: ''todo va a estar bien''

El poder transformador de la Orquesta Sinfónica de Yucatán no desaparecerá

Dicen que nadie sale de un concierto siendo el mismo que entró y que ahí radica el poder transformador de la música. Los que hemos vivido ese “fenómeno” con la Orquesta Sinfónica de Yucatán (OSY) desde que surgió en 2004, sabemos lo difícil que sería si desapareciera.

Podemos decir muchas, muchísimas cosas a su favor: que todos los conciertos se llenan, principalmente para funciones de ópera de cierre de temporada; que de sus filas han salido otras agrupaciones musicales que enriquecen el quehacer cultural de Yucatán, una de ellas especializada en música barroca; que gracias a ella los talentos locales han podido destacar, en las óperas por ejemplo, y hemos podido escuchar con orgullo a los que se han ido a hacer tablas al extranjero, como el guitarrista Cecilio Perera o la soprano Claudia Rodríguez; que sus músicos se han convertido en maestros de un semillero de talentos que desde un principio se pensaron para ir llenando los atriles de una orquesta más grande, y de hecho así ha sucedido en programas que requerían mayor número de instrumentos; que la orquesta vino a  llenar un vacío en Yucatán, que carecía de una orquesta sinfónica…

Al fin, NUESTRA orquesta

Recuerdo que antes de que este “vacío” se llenara, en Yucatán había casi puras generaciones de buenos cuerdistas, los Canto y los Bermejo, por ejemplo, y una pléyade de buenos pianistas que terminaban yéndose a los conservatorios o tocando en bares. Estaba la Orquesta de la Uady, que hasta la fecha dirige el maestro Miguel Pérez Concha. Y no recuerdo si ya existía la Orquesta de Cámara de Mérida, posiblemente, pero como fuere, Sinfónica no había, no hubo por varias décadas.

Así que cuando por fin anunciaron el proyecto de la OSY, los amantes de la música nos entusiasmamos, por fin tendríamos oboes, cornos, fagotes, arpa… instrumentos que rara vez escuchábamos juntos, salvo cuando alguna orquesta “de fuera” venía de visita.

 Y no, no eran “nuestra” orquesta, eran extraños, ahora lo sabemos, ahora que tenemos ese orgullo y esa pertenencia, ahora que sabemos “a qué suena” LA Sinfónica de Yucatán.

Porque ese sonido ha ido cambiando con los años, ha ido madurando bajo la guía del director Juan Carlos Lomónaco y sus antecesores.

Recuerdo la primera vez que lo entrevisté hace más de una década y lo mucho que quería dirigir a la OSY, y eso me gustó, porque me pareció un interés sincero por una orquesta joven y entusiasta, como la describen los directores huéspedes que hasta la fecha encuentran esas cualidades en sus filas, a las que se suman las cualidades de un director sensible, intuitivo, entusiasta, cercano con los músicos, el público y los medios de comunicación, cuya elegancia para dirigir es una de las razones por las que me fascina asistir a los conciertos de la OSY.

Chispa que no se apaga

 Esa chispa de frescura y jovialidad de los primeros años de la OSY,  en lugar de apagarse ha ido creciendo y esperando tantas, tantas cosas, como más giras, más festivales, más darse a conocer a nivel nacional e internacional y foguearse con más artistas. Ya ha acompañado a tenores de la talla de Juan Diego Flórez y Plácido Domingo, a la soprano

La OSY ha despertado sensibilidades que no sabíamos que teníamos, que tal vez han trascendido como dijo en una entrevista para Pro Ópera en 2011: “ese romanticismo decimonónico y sumerjan sus sentidos en los caminos de la Historia de la Música que en México se mantienen tan oscuros y silenciosos que casi nadie los transita, como la música barroca o el serialismo”, algo que podríamos decir ha logrado haciéndonos llegar por medio de las temporadas de conciertos de la OSY, obras musicales de todas las épocas y estilos.

Juan Carlos Lomónaco, director titular, y músicos de la Orquesta Sinfónica de Yucatán (OSY) agradecen al público tras el concierto del 4 de diciembre de 2020
4 de diciembre de 2020: concierto de la Orquesta Sinfónica de Yucatán en el teatro "José Peón Contreras", bajo la batuta del director titular, Juan Carlos Lomónaco (Foto de Carlos de la Cruz Montes de Oca)

Entonces no podríamos hablar de la OSY sin el trabajo de Lomónaco y los anteriores directores de la OSY, que la fueron forjando; sin don Adolfo Patrón Luján, que después de viajar por el mundo y escuchar a las mejores orquestas, no podría creer que Yucatán no tuviera una Sinfónica; sin doña Margarita Molina, su esposa y cómplice que ha mantenido su legado al frente del Patronato de la OSY; sin Miguel Escobedo, que por años ha hecho un impecable trabajo como titular del Fideicomiso Garante de la OSY; y yendo más atrás, sin el apoyo de Domingo Rodríguez Semerena, ex director del entonces Instituto de Cultura de Yucatán, de los patronos y benefactores de la OSY, etcétera, etcétera y, finalmente, sin lo más importante, el público que asiste con ilusión a cada concierto, con sus mejores galas, en esa cita semanal que es como un noviazgo interminable con la música.

Todo ese esfuerzo desaparecía luego de que se anunciara que el Gobierno Federal  recortaría 80 millones de pesos a la Cultura, y la OSY es una de las instituciones más afectadas por este recorte, al grado que diversas publicaciones han cuestionado si resistirá o desaparecerá.

Esfuerzos por preservarla

De doña Margarita admiramos lo que acaba de afirmar a un medio de comunicación nacional, su entereza y esperanza: “Sí, hay riesgo, pero no vamos a permitir que se desarticule nuestra orquesta, no vamos a dejar que eso ocurra”.

Dijo que ya se reunió el patronato que encabeza, la iniciativa privada y el gobernador Mauricio Vila Dosal para ver de qué forma la OSY puede continuar, y ella asegura que sí sucederá.

Ignoramos si lo dice para tranquilizarnos, pero pensándolo bien, el cariño por la OSY es tan grande, casi patriótico  (ahí  está la iniciativa para declararla Patrimonio Cultural de Yucatán y miles de firmes de personas que piden que no desaparezca), que arde Troya si se disuelve la OSY, el sueño que muchos yucatecos vimos realizado.

Durante la pandemia, una de las cosas que más han alegrado nuestros corazones han sido esos conciertos que la OSY continuó transmitiendo desde un teatro vacío. Su retorno al Peón Contreras en la nueva normalidad ha sido gozoso y al mismo tiempo raro, porque con la sana distancia exigida vemos por primera vez muchas localidades vacías, pero aun así, tenerlos de nuevo ha sido como un mensaje de “todo estará bien”.

Y lo mismo quisiéramos decirle a la OSY si la tuviéramos enfrente, para devolverle ese cariño, esa alegría que nos ha regalado por casi veinte años a través de la música, porque gracias a ella ya no somos los mismos: “todo va a estar bien”.


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