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El cuerpo como un gran espacio arquitectónico

Mi pie es una enorme boca por donde entramos  yo y mi otro yo. Camino con cuidado por el peroné, que es curvo, no liso; observo que la tibia es como una viga, mientras que la rótula es una especie de cúpula transparente que nos deja ver la luz que entra por el cuerpo.

 Llegamos al fémur, donde el camino es más amplio y seguro. Yo y mi otro yo podemos vernos en mis dos piernas, podemos divisar al otro, cada quien caminando por su fémur.

Mi cuerpo está lleno de curvas, de esferas, de luz, de rocas. Camino la pelvis, el sacro con su caída curva, saltando huesitos como piedras. Hay islas de huesos.

Llegamos a la punta del coxis (la posible cola que hubiéramos tenido de no haber evolucionado) y desde ahí podemos ver el universo, hacia dentro, asomando al pubis,  o hacia afuera. Y en este punto las dos personas que somos yo y mi otro yo, que recorrían piernas y fémures, ya son una sola persona.

Paisajes al exterior

El recorrido continúa por todo el cuerpo, por la cadera, la columna, viendo paisajes hacia afuera al estar tan cerca de la piel. Puedo resbalar, caminar entre vértebras lumbares, en la serpiente de la columna, ver cómo transitan las conexiones del cuerpo interior.

Este viaje al interior del cuerpo es una invitación de la coreógrafa y bailarina yucateca Érika Torres como parte de su taller “Cómo pensamos el cuerpo”, que forma parte de la oferta cultural de la Temporada Olimpo Online 2020 (se puede ver en Facebook Mérida es Cultura), útil para bailarines o actores, pero también para cualquier persona que quiera “dejarse ver” y crear un diálogo entre el ver y dejarse ver, en medio del cual, dice, hay una serie de sutilezas.

La esencia de la humanidad

“Cuando ves ‘La piedad’,  el cuerpo de Jesús en los brazos de la Virgen, en realidad estás viendo una serie de flexiones del cuerpo que están intervenidas por la postura del cuerpo relajado sobre los brazos de otra persona, y entonces nos damos cuenta que este abrir del cuerpo no solo se trata de flexionar, de articular el cuerpo, sino del ofrecimiento de ese espacio que se abre, abrir el cuerpo, a diferencia de un cuerpo neutro que busca la no interpretación como punto de partida, es ofrecer la esencia de la humanidad, y pasa con un intérprete de danza, una escultura, incluso con una pieza musical comisionada por la Iglesia para no despertar deseos eróticos, porque al abrir el cuerpo permito que las miradas lleguen, te tienes que dejar ver; y en este diálogo entre ver y dejarte ver hay una serie de sutilezas acerca de lo que está diciendo mi cuerpo y  lo que está diciendo el cuerpo del observador. El observador está ahí dispuesto a ser tocado por las provocaciones que mi cuerpo haga en este paisaje”, explica.

Que el cuerpo sea un paisaje en sí es algo fascinante nada más imaginarlo, es  algo que Érika descubrió cuando una fotógrafa captaba imágenes de esculturas en el museo del Louvre, en París, al enfocarse a espacios específicos (como un close up).

“Decidí comenzar a explorar en  video micropaisajes de gigantes, todo el recorrido del cuerpo con un  tiempo lento de la  toma y acercamientos al cuerpo para convertirlo en un paisaje.

"Puedes ver detalles del hombro convertido en montañas, por ejemplo, convirtiendo lo micro a lo macro, vimos que el cuerpo tiene texturas, lugares para incluso ir a reposar desde un ojo amplificado en esta aproximación del cuerpo”.

Diálogo de cuerpos

Otra experiencia interesante la vivió la también actriz, cantante, directora de teatro y fotógrafa escénica en Bélgica, donde trabajó cómo la presencia de otras personas altera tu estabilidad emocional.

Cuenta que usaba un vestido azul con címbalos y sostenía velas en manos y cabeza, su cuerpo se exponía a la presencia del otro y sus temblores hacían que los címbalos se tocaran entre sí; mientras que su respiración hacía que la flama de la vela se alterara y tuviera otro discurso.

Al finalizar fueron invitados a un banquete, pero antes, tuvieron un ejercicio de respiración y relajación con un audio de yoga al tiempo que les proyectaban imágenes de las víctimas del holocausto, gente torturada, asesinada…

“Era muy acertada la manera de dialogar con el cuerpo en la tragedia junto con la nueva cultura de relajarse, esta confrontación me pareció interesante y además fue antes de comer, fue como decir ‘estamos bien, estamos celebrando, pero recuerden lo que hemos hecho como humanidad”.

Érika explica que cuando trabaja con sus alumnos este viaje al interior del cuerpo, con el que comenzamos esta entrega, les pide imaginar  que están  ante una de las creaciones de Gaudí, porque no hay nada más orgánico.

“Ese yo pequeño que está descubriendo el cuerpo es muy importantes que lo vea como un gran espacio arquitectónico”.


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