in ,

''El humor es un dulce envenenado''

Que a Ariel Curiel Rivera lo comparen con Jorge Ibargüengoitia es un elogio bien merecido y explotado a conciencia (lo humorístico que no es chacotero, según el escritor Alberto Chimal), pero que él define como “un dulce envenenado” muy necesario en la literatura mexicana donde casi no hay humor, que más bien suele ser solemne.

“Para manejar bien el humor hay que empezar por burlarse de uno mismo, que no sea un sarcasmo resentido, en los relatos (de su más reciente y también más viejo libro, ‘Unos niños inundaron la casa’) está presente; en ‘Blanco trópico” (otro de sus libros) está más orientado a la farsa, eso acá no hay”.

Para Curiel Rivera, verse en retrospectiva en este libro, su primer libro,  es un ejercicio riesgoso, “escuchándolo me he cuestionado muchas cosas sobre mi trayectoria, estar o no en el mainstream … no siento que haya concluido una obra o esté en un pedestal nostálgico, me siento muy activo aun, con muchas ganas de seguir encontrando universos de ficción que encajen con los universos personales, a veces si me daba miedo reeditar un libro de hace veinte años, suena inocente, pero al editor (Marcal Fernández, de Ficticia) le gustó y eso me dio confianza”.

Las tres preguntas

¿Y eso te pasó a ti? Y  ¿De dónde sacas tus ideas? Son las dos preguntas que más odian los escritores y las dos preguntas que no pudieron evitar los presentadores del libro  “Unos niños inundaron la casa”, de Adrián Curiel Rivera: Raquel Castro, Alberto Chimal y Carlos Martín Briceño.

Pero la tercera pregunta fue la más importante,  “¿cómo fue que llegamos aquí?”, algo que todos nos preguntaríamos justo sobre esta pandemia, este encierro que no termina, y que los personajes de los cuentos siempre se estén haciendo.

A Raquel, que se enganchó con su yo lector más inocente con este libro, “ese que durante el tiempo de lectura es realidad lo que sucede en las historias”,  los  personajes le sorprendieron porque pese a su economía de lenguaje “descubrimos mucho de ellos” en el cuento que da título al libro, del que destaca su humor sutil y humanidad.

La que fuera chava dark que entendió la depresión y fantasear con si te van a extrañar cuando te mueras, las dos páginas de otro cuento, “La endecha”, son únicos porque en la primera página uno cree saber qué está pasando pero eso cambia en la segunda, que es “triste y sorprendente”.

“Me gusta de Adrián cómo entrelaza lo fantástico o sobrenatural con lo realista o costumbrista, tiene un ojo para los detalles de lo que ocurre en el día a día que permite que creamos que nos estamos adentrando en lo común y corriente, en territorio familiar, pero luego levantamos la vista y ya dimos una vuelta mal dada y estamos en un terreno completamente distinto, pero la voz narradora nos empuja a seguir”, destaca la especialista en literatura infantil y juvenil ganadora del Premio Gran Angular de novela juvenil por “Ojos llenos de sombra”.

Adrián Curiel Rivera
El doctor Adrián Curiel Rivera, director del Centro Peninsular en Humanidades y Ciencias Sociales (Cephcis) de la UNAM, y la doctora Louise Noelle Gras, presidenta de Documentación y Conservación de los espacios y conjuntos del Movimiento Moderno, en la presentación del XII Seminario Nacional Sobre Arquitectura Moderna, en mayo de 2019

Nostalgia

Algunas historias, dice, tienen efectos nostálgicos, “podemos palpar un mundo muy concreto que ya no está, en este pasado que para nosotros apenas fue ayer hace veintiún años pero a los jóvenes les parece muy lejano, pero lo que importa permanece”.

Y es que “Unos niños inundaron la casa”, que comenzó a circular a finales del año pasado, editado ahora por Ficticia, es la segunda edición del que fuera el libro debut de Curiel Rivera, publicado hace veintiún años, un libro de cuentos lleno de humanidad, amores frustrados y humor sutil.

El narrador yucateco Carlos Martin Briceño leyó “Unos niños inundaron la casa” hace 18 años, pero disfrutó igual o más que antes la relectura de sus doce cuentos, que describió uno por uno:  el que da nombre al libro, “La endecha”, “El lugar donde encallan los barcos”, “Autobuses de Oriente”, “Hotel Mocambo”, “Tú sabes exactamente donde acaban los Balcanes”, “Árbol de Arabia”, “La melancolía de Boris”…

Son cuentos en los que no había teléfonos inteligentes ni internet y nos reconocemos los jóvenes de esa época bailando canciones horribles como las de El General (Bien, bien buena, tú te ves bien buena… pareces una botella de Coca Cola), utilizando teléfonos de monedas, haciendo cola afuera de una discoteca a la que no necesariamente entraremos si no tenemos la aprobación del cadenero, esperando llegar virgen al matrimonio pese al despertar sexual de la adolescencia.

Para Carlos, premio nacional de literatura “José Fuentes Mares” e internacional de cuento “Max Aub”, las constantes de “Unos niños inundaron la casa” son la imposibilidad del amor, la soledad y la búsqueda de una pareja que te quiera, te comprenda y que cumpla nuestros requisitos (tres elementos que son uno mismo al fin y al cabo).

Para él, eso es lo que le da unidad temática al libro, algo que “le gusta tanto a las editoriales cuando uno hace cuentos”.

Obsesiones y temas recurrentes

El escritor Alberto Chimal, considerado uno de los principales exponentes de la literatura fantástica iberoamericana y con al menos nueve premios literarios en su haber, afirma que el de Curiel Rivera es un “libro estupendo de cuentos” y “una lectura bien interesante en 2020, una mirada a una época distinta”.

Portada de "Unos niños inundaron la casa", de Adrián Curiel Rivera

Al igual que Carlos, ve obsesiones y temas recurrentes en su contenido, que sí invitan a hacerse las dos odiadas preguntas que referimos al inicio de este texto, historias extrañas, inquietantes o muy desgarradores, con temas en común como las dificultades en familia, búsqueda del amor o del sexo.

Para Chimal, Curiel Rivera anticipó hace dos décadas la narrativa que estaba llegando,  y destaca de los cuentos la profundidad de la conciencia, lo grave que no es solemne, lo humorístico que no es chacotero, el tono reflexivo, característico de fines del siglo pasado que se resolvía con sentimentalismo superficial pero que aquí no está.

El escritor se confiesa

Algo que siempre es interesante en estas presentaciones es saber qué quería el autor cuando escribió este libro.

Curiel Rivera confiesa que le interesaba mucho hace veinte años hacer de la cotidianidad la protagonista de estos relatos, partiendo de una paradoja,  ¿cómo hacer que la ficción hable de lo  que nos pasa todos los días y a quién le podría interesar?

Partió de este planteamiento inocente con mucho entusiasmo, entendiendo que no podía ser únicamente una descripción de hábitos y costumbres, sino que tenía que ser una exploración de esa otra realidad que convive con la realidad evidente, pero caminando paralelas, entender qué hay de extraordinario dentro de lo ordinario, descubrir ese elemento de misterio en todas las existencias.

Quiso, como la mayoría de los escritores, dotar de luz propia un universo de obsesiones,  buscando una discrepancia respecto a las tendencias dominantes mientras le daba una vuelta de tuerca a la trivialidad, mezclando la cotidianidad con lo fantástico para que las historias produzcan ese efecto sorprendente que atrapa al lector.

Quiso, también como la mayoría de los escritores, que sus influencias literarias (Raymond Carver, Truman Capote, Scott Fitzgerald, John Cheever…) no acabaran en una imitación en esos universos de  tensión en una situación aparentemente irrelevante, y siguiendo las reglas cuentísticas (pocos personajes, que hubiera una tensión, atmósferas condensadas, economía en todos los sentidos), que los relatos tuvieran un efecto de empatía en los lectores.

Le parece que aunque en el libro describe un mundo que ya no está, veinte años después, prima la condición humana, que es actual: la soledad,  la necesidad de comunicarse, las tribulaciones, anhelos, obsesiones, miedos… Y la temida pregunta, ¿cómo hemos llegado aquí?

Sobre la primera pregunta, ¿y esto te pasó a ti?, confiesa que en algunas ocasiones sí, pero “la ficción nos da libertad de alterar lo que nos convenga, hay que darle ropaje a la anécdota para que trascienda, hay cosas muy cercanas a mi realidad,  cosas que pasan y  que no pasan”.

 “Unos niños inundaron la casa” está a la venta en librerías como Ghandi Mérida.

La presentación virtual fue organizada por la Feria de la Lectura Yucatán 2020 (Filey), que se tuvo que adaptar a la pandemia de esta manera, con presentaciones a distancia que continuamente pueden verse en vivo en https://www.facebook.com/lafiley.

¿Qué es 39 kilómetros?

"39 kilómetros" es una columna digital escrita por Patricia Garma Montes de Oca. Se publica los lunes, miércoles y viernes.

Dale click a la imagen de abajo para leer algunos de los textos de Pati Garma ya publicados en nuestro sitio:

Trump y Biden, en un cerrado duelo por la presidencia

Conferencia matutina del presidente Andrés Manuel López Obrador