in ,

''Pintando paredes'' llena un vacío en el arte popular y urbano

Para venir al centro de Mérida, a esta Redacción, elijo algunas de las vías que unen a periférico con el centro, como la avenida Fidel Velázquez, donde no faltan los grafitis y murales en los que se plasman los iconos de la cultura popular y el regionalismo, principalmente, un orgullo por la cultura maya que no puedo ver más que con agrado.

Tampoco faltan versos de poetas improvisados firmados como “Acción Poética”.

Esa es la parte “bonita”. La fea, la desagradable, son esas pintas llenas de insolencia que ofenden y destruyen y que no faltan en las canchas de parques o paredes exteriores de calles e incluso de predios.

Siempre me había preguntado sobre las manifestaciones más llamativas del arte callejero, o de aquellos anuncios publicitarios realmente ingeniosos, que también son arte, por qué nadie había escrito sobre ellos o los había registrado dado su carácter efímero, para la posteridad.

Y justo eso acaba de hacer el fotógrafo Christian Rasmussen en el libro “Pintando las paredes de Yucatán”, que reúne los murales, grafitis, anuncios publicitarios y motivos religiosos en los cementerios que deleitan y sorprenden las pupilas con su colorido, ingenio, técnica, realismo,  belleza o incluso mal gusto.

Diversidad en la obra

El libro se divide en cuatro capítulos: Murales I, Murales II, Anuncios y Artistas grafiteros, en los que recuerda que el graffiti se practicaba desde la época prehispánica en México, con escenas cotidianas, como hasta hoy; habla de los murales por encargo, de los de los municipios como Tetiz y Oxkutzcab, de los de los cementerios, los hechos por mujeres, lo del festival de la chicharra en Xcalachén, los que están plasmados en universidades, los surgidos en jornadas de arte urbano o de programas oficiales…

"El árbol de la vida" (autor desconocido), en la avenida Juan Pablo II de Mérida

Hay imágenes que parecen sacadas de cómics, de la iconografía regional, realistas, caricaturescas, las de los jardines de niños, las de las tiendas, restaurantes, bares… nada escapa al curioso ojo de Rasmussen, ni las técnicas, ni las temáticas, ni las motivaciones para crear.

En el libro cuenta que cuando llegó a Yucatán en 1978 para trabajar como antropólogo, lo primero que le llamó la atención fueron las pinturas murales del cementerio de Hoctún, flores, apariciones de la Virgen de Guadalupe… anuncios pintados en las paredes de las casas comerciales (destaca el anuncio del talco Dos Caras y de Hamacas de Aguacate), tiempos de los rotulistas, un oficio que, advierte, se está perdiendo con el diseño gráfico, con las lonas impresas digitalmente (un proceso que describe rápido, barato y de fácil colocación).

Rasmussen clasifica las manifestaciones de la pintura en exteriores como artística, comercial, de creencias religiosas, de protesta, de identificación individual o grupal, el de travesura y el vandálico, usos que pueden llegar a combinarse. Destaca que independientemente de la técnica, de que sean planos o tridimensionales, son “maravillosos en su creatividad o en su humor”, así como su variedad temática.

Por eso lamenta lo efímero de este arte e indica que tiene que ser captado en fotografía o video para que perdure.

Rasmussen se extraña de que estos murales y grafitis muestren poco de protesta social, que su “sentido crítico se vea más como conjunto cultural que como hechos específicos” y que el Gobierno aparezca unas veces como mecenas y otras como victimario respecto al grafiti.

Artistas sin protección

Sobre las técnicas, expresa su preocupación por el uso de las “latas”, del spray contaminante pero además tóxico para los artistas que trabajan sin lentes ni mascarillas protectoras y que pasan horas expuestos a estas sustancias.

No falta en el libro la mención a aquel “México mágico” que nunca cristalizó el empresario Carlos Millet, pero que dejó verdaderas obras de arte “en casas que fueron soporte completo de pinturas, fachadas con figuras de grandes dimensiones o representaciones multicolores”.

A la gente, recuerda, se le regaló pintura en los años noventa como parte de ese proyecto para que pintara las fachadas a su gusto con un resultado sorprendente; por desgracia, recuerda, no duraron mucho y quedan unas cuantas de estas casas en lugares como Tetiz.

"Mare, pura cultura", del colectivo del mismo nombre.

El apartado dedicado a las grafiteras habla de las Mujeres de Bix a K’aaba’, nombre de un festival en la central de abastos el año pasado, organizado por el colectivo de grafiteras No Mercy (“sin piedad”), sin apoyo oficial, con “resultados impresionantes” en muy poco tiempo.

El libro es una obra de arte en sí, es un libro de colección para hacer eterno lo efímero, para guardar en la memoria esos paisajes y colores inventados por artistas anónimos la mayoría de las veces, aunque muchos de ellos, como Datoer, firman sus obras y se les puede encontrar fácilmente en redes sociales.

¿Lo mejor de todo? Se puede hojear gratis en este enlace  que comparte el Ayuntamiento de Mérida, a cargo de la publicación, en la que Gabriel Ramírez y Jorge Cortés Ancona aportan textos valiosos.


Dale click a la imagen de abajo para leer más textos de la columna "39 kilómetros":

"Prueba de fuego" para los candidatos a fiscal