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Receta de la sopa de lima: ¿cómo hacerla sin que se amargue?

Patricia GArma 39 kilómetros

La sopa de lima es un platillo yucateco cuya receta tiene su chiste y el cual se suele ordenar como entrada en restaurantes o banquetes... Pero igual funciona muy bien como una comida completa...


Empieza la quincena y ya encargaste como diez kilos de pollo porque es lo más versátil, sano y barato hoy en día, sobre todo la pechuga. Luego viene la eterna pregunta: ¿Y ahora cómo lo preparo?

En tu raquítica nevera (refrigerador, para los que dicen que “nevera” es solo para las “chevas”) solo hay un pedazo tieso de cebolla, tres dientes de ajo arrugados y seis “chinas”, pero en la alacena, que está un poco más surtidita, encuentras una bolsa de tostadas en tiritas que ya tienen como un mes ahí pero siguen crujientes. Las tostadas hacen que se te antoje un caldo bien caliente.

“Sopa de lima, ya estuvo”, te dices.

Este platillo se suele ordenar como entrada en restaurantes o banquetes, como hizo Jorge Luis Borges cuando visitó Yucatán en 1981, primero degustó sopa de lima y luego filete de venado. Lo mismo hizo la actriz Yalitza Aparicio en su paso por conocido restaurante meridano, antes de ordenar pollo pibil. Pero igual funciona muy bien como una comida completa y deja espacio para postre y café.

Recetario

Para hacer la sopa, sacas de la vitrina El Gran Libro de la Cocina Yucateca (lo consigues en Dante), quitas la Sagrada Biblia de la base de madera para libros (que no te vea tu mamá) y pones encima el chulísimo libro de pasta dura lleno de recetas suculentas y apegadas a las originales (investigación de por medio, te consta).

Corres a la verdulería por chile dulce, tomate, cebolla, cuatro limas (dice el recetario que deben ser agrias, no dulces como las del “súper”, pero agarras las que hay y ni idea de si son dulces o agrias y la que vende tampoco sabe), una cabeza de ajo y una rama de epazote.

Malos recuerdos con la sopa de lima

Viene a tu mente la primera vez que hiciste sopa de lima. Tu papá, que era el que cocinaba en casa, te dijo que rebanaras las limas y las echaras dentro del caldo, pero no te dijo cuándo. Las pusiste junto con el pollo y todo lo demás… desde el principio. El resultado fue desastroso. Las limas cocidas soltaron todo el zumo y amargaron el caldo. Un guiso incomible.

Pasaron muchos años para que te animaras a volverla a hacer.

Según la receta del libro, PRIMERO se pone a sancochar el pollo (usas un kilo de pechuga y dos litros de agua purificada), cinco hojas de orégano (le echas como diez), media cabeza de ajo asada, media cebolla asada, una rama de epazote y sal (sal de mar de grano en lugar de refinada es lo de hoy), y aunque la receta daba la licencia de usar un cubito de consomé (exceso de sal, exceso de grasa, diría el nuevo etiquetado), la verdad no hace falta.

receta de la sopa de lima
La sopa de lima, en presentación del restaurante "Colonos" de la colonia Miguel Alemán

Te subes a tu elíptica para esperar a que se cueza el pollo (hay que sudar las tostadas que te vas a tragar) y pasados unos cuarenta minutos, te bajas y ves que el pollo ya está cocido. Apagas la olla. Sacas las pechugas para que se enfríen y las puedas deshebrar, y mientras limpias el caldo con una espumadera para sacar el epazote, el orégano, la cebolla y el ajo asado (si quieres, si no, los dejas); cortas en tiras tres tomates, una cebolla y un chile dulce, lo fríes todo con poco aceite (el dichoso “sofrito”)…

El secreto del chef

Mientras se sofríen las tiras de cebolla, tomate y chile dulce sigues el paso decisivo para que tu sopa de lima no sepa al aburrido caldo de pollo de siempre: asar directamente sobre la flama, y ligeramente, tres de las cuatro limas, que no deben quedar negras, el calor solo debe ayudarlas a soltar su olor y su sabor en el caldo (el libro no dice eso, pero lo supones).

Una vez que ya tienes el pollo deshebrado, el sofrito listo y las limas pasadas por el fuego y cortadas en rebanadas, enciendes otra vez la olla con el caldo y cuando empieza a humear agregas todo lo anterior y el jugo de la lima restante. Dejas hervir un par de minutos más y sirves bien caliente con las tostadas en juliana encima.

“Mare, te quedó mejor que el de las loncherías”, dice tu mamá disfrutando el caldo, que esta vez no quedó amargo, sino en su punto, porque por fin entendiste que las limas se ponen AL FINAL, y ASADAS.

Los ingredientes antes descritos rinden para unas 6 porciones bien servidas.

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¿Qué es 39 kilómetros?

39 kilómetros” es una columna digital escrita por Patricia Garma Montes de Oca. Se publica los lunes, miércoles y viernes.

En el siguiente enlace puedes leer algunos de los textos de Paty Garma ya publicados en nuestro sitio.

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