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Tres directores de orquesta elogiados, pero odiados

Herbert von Karajan
Herbert von Karajan

Enrique Bátiz, el niño prodigio

Cómo olvidar aquel recital de piano que ofreció el maestro Enrique Bátiz el 2 de diciembre de 2001 en el Teatro Mérida de esta ciudad.

Primero dejó de tocar para exigir que apagaran el aire acondicionado porque era muy ruidoso, y ordenó al público abstenerse de aplaudir o emitir comentarios hasta el final del concierto, promovido por el director de la camerata de Mérida, Russell Montañez Coronado, si no mal recuerdo, que fue su discípulo si la memoria tampoco me falla.

Como era de esperarse, sin el aire acondicionado, el calor empezó a calar entre las personas que acudimos a verlo  y medio mundo sudaba. Una señora tuvo el atrevimiento de abanicarse, lo que no pasó desapercibido para Bátiz en el silencio sepulcral de la sala.

-“¡Señora, deje de abanicarse!, ¿no ve que me distrae?”, le gritó, iracundo.

La infeliz mujer guardó enseguida el abanico con cara de pánico y el recital siguió con el público en tensión. Hasta respirar nos daba miedo.

Enrique Bátiz Campbell (Ciudad de México, 1942) tiene una trayectoria sobresaliente: fundador y director titular de la Orquesta Sinfónica del Estado de México en dos ocasiones y director de la Orquesta Filarmónica de la Ciudad de México, ha estado al frente de cientos de orquestas en el mundo, y tiene varios reconocimientos y medallas en su haber.

Por un lado, se le reconoce como niño prodigio y pianista excepcional, y por otro, su temperamento y acciones (la violinista Silvia Crantan lo denunció por violación) han conseguido desacreditarlo.

Según una nota de El Economista, Bátiz siempre estuvo rodeado de polémica; su manera de dirigir y el maltrato a sus músicos se hicieron famosos y detestables. Incluso llegaron a la Comisión de Derechos Humanos del Estado de México, por presuntos hechos violatorios de derechos humanos de los músicos, pero finalmente no sucedió nada.

Al igual que el mexicano, hay varios directores “incómodos”, pese a su innegable talento. Aquí mencionamos a dos:

Riccardo Muti, el dictador

El italiano es una de las batutas más legendarias de la historia. Durante años, Muti dirigió de memoria y nunca se llevaba las partituras a los conciertos, hasta que le hicieron ver que eso era demasiado extravagante.

Muti fue director musical del teatro de ópera La Scala de Milán de 1986 a 2005. La Scala pasó de la gentileza de Claudio Abbado a tiempos más rígidos con Muti. Éste impuso un régimen de hierro, a la antigua usanza, en el teatro milanés que acabó pagando con los años, enfrentado él solo con toda la orquesta.

Acabó por renunciar “a causa del clima de rumores, ofensas e incomprensiones que se han creado", pues en las actuales circunstancias "no existen las condiciones objetivas para hacer música juntos", dijo.

Años después renunciaría a la Ópera de Roma debido a las continuas protestas de los músicos, a los conflictos internos y a las huelgas.

Al músico también se le acusa de los privilegios de los que goza su familia en puestos públicos gracias a su supuesta influencia.

Herbert von Karajan, el culto a la personalidad

Dirigió por muchos años la Filarmónica de Berlín, que después tendría Claudio Abbado entre 1989 y 2002. Para los músicos, aquello fue cambiar de la noche al día. Regresar de una era dictatorial donde lo único que importaba era el culto a la personalidad del director a una relación abierta y participativa con otro personaje radicalmente distinto.

“A mí Karajan me trató siempre con mucho respeto, fue muy gentil y era un gran músico, sobre todo con compositores como Richard Strauss”, recordó Abbado en una entrevista con El País.

Pero los miembros de la orquesta sí que notaron el cambio.

“Mi puerta estaba siempre abierta y se sorprendían cuando les decía: ‘No me llamo maestro, me llamo Claudio”. Fue seduciéndoles con un método infalible. “Alenté que las grandes decisiones salieran de ellos, yo no les impuse nada, aunque también es verdad que no acordaban nada que a mí me desagradara”, dice, con cierta sorna.

Karajan se hizo nombrar director vitalicio de la Filarmónica de Berlín. Dicen que elegía los repartos de sus grabaciones y nadie le decía que no. Lo mismo impulsaba carreras al estrellato que las destruía.

Le fascinaba el aplauso y el protagonismo, y dicen que cuando lo grababan en video exageraba sus gestos para impresionar a los melómanos.

Según una nota de El Confidencial, “Karajan fue un déspota intratable que intimidaba a sus músicos, fue un medio nazi (o nazi del todo durante bastantes años), fue un acumulador compulsivo de oro y fama. Sí. Pero fue también, y antes que nada, uno de los más grandes músicos del último siglo”.

¿Qué es 39 kilómetros?

"39 kilómetros" es una columna digital escrita por Patricia Garma Montes de Oca. Se publica los lunes, miércoles y viernes.

Dale click a la imagen de abajo para leer algunos de los textos de Pati Garma ya publicados en nuestro sitio:

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