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Una bebida aristocrática que no puede faltar en fin de año

Quién no ha sentido un estremecimiento en el corazón y una incomparable alegría con el sonido de un corcho saliendo disparado de una botella, volando por los aires, como uno de esos fuegos artificiales de colores que iluminan el cielo anunciando el fin de año, mientras chorrea la espuma entre risas y felicitaciones.

Tal vez no haya mucho que festejar este año en medio de una pandemia que se ha llevado a queridos amigos y  familiares, que ha lastimado fuertemente la economía mundial y que parece haber llegado para quedarse.

Pero en el fondo, la alegría y la esperanza permanecen como un deseado destello en medio de la tristeza y es imposible no pensar en un brindis, mientras agradecemos tener vida y salud y festejamos en familia, sin romper los protocolos sanitarios.

¿Y por qué no? Abrir una botella de champaña, o de perdido de sidra.

Bebida aristocrática

Para Julio Patán (“Cocteles con historia), la champaña es la princesa de las bebidas. Nació aristocrática, a diferencia del ron y la ginebra. Es a un monje benedictino, Dom Pérignon, a quien le debemos el llamado método champenoise que dio origen a esta bebida que no puede faltar en toda celebración.

La champaña es sinónimo de refinamiento, elegancia, glamour, sofisticación… por eso los grandes personajes del cine y la literatura, como en “Desayuno en Tiffanys” y “El gran Gatsby”, aparecen con una copa de champaña en la mano, al igual que James Bond (aunque su bebida icónica era el martini).

Como nunca fue barata, era una bebida de las cortes europeas. Es elegante y sofisticada, aún mezclándola con jugo de naranja para dar como resultado un famoso coctel: la mimosa, considerada por los estadounidenses como el cóctel estrella de los desayunos de fin de semana, que denominan brunch.

Básicamente, la mimosa se elabora con 150 ml de champaña fría, 90 ml de jugo de naranja y una rodaja de naranja.

Cóctel de la realeza

Isabel II, reina de Inglaterra

En 1961 el Sydney Morning Herald informó que la Reina Isabel II, su madre y el duque de Edimburgo habían adoptado como su favorito un cóctel de champagne llamado “mimosa”, que se volvió famoso desde entonces.

Se cree que nació en 1925 en el Hotel Ritz de París, y que se popularizó por ser una bebida de bajo grado alcohólico. Otra versión indica que en 1921 en el Buck's Club de Londres se preparaba un combinado a base de champagne y zumo de naranja, sin embargo llevaba mayor cantidad de champagne que la actual receta.

También se dice que sir Alfred Hitchcock popularizó las mimosas en San Francisco durante los años 40 en los rodajes de sus películas.  La actriz Vanessa Redgrave y la diseñadora Coco Chanel también bebían mimosas.

Tiempo después, en los buffets estadounidenses se empezó a sustituir el bloody mary por la espumosa bebida.

Fue tal el éxito de las mimosas, que ahora las podemos ver en prácticamente todas las cartas de hoteles y restaurantes de brunch del mundo.

Existe una variante italiana de la mimosa llamada “bellini”, una versión en duraznos de la mimosa, creado por Giuseppe Cipriani en Venecia. La receta original lleva puré de durazno, prosecco y licor de frambuesa y fue una de las bebidas favoritas del escritor Ernest Hemingway y tuvo  tal boom, que su popularidad llegó a México años después.

Botellas en bodegas

En agosto pasado, se anunció que la pandemia eliminó la efervescencia de la champaña y el ánimo de festejar que es el motor del negocio: se cancelaron bodas y vuelos de primera clase, y restaurantes y clubes nocturnos del mundo cerraron sus puertas.

Los productores franceses de champaña decidieron imponer límites sin precedentes a la cosecha de uvas de este año con la esperanza de apuntalar los precios y contener los daños provocados por la pandemia de coronavirus.

Los ingresos de la champaña habían caído en un tercio hasta ese mes, en gran parte por la ley seca, una baja sin igual en la historia.

Los productores creían en agosto que alrededor de 100 millones de botellas quedarían en sus bodegas sin vender para fines de 2020 y algunos pronosticaban que la crisis se prolongará por años, así que lo más seguro es que el precio de las mejores champañas se disparen al igual que sus corchos.


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