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Los “árboles de coral” son clave en la preservación

Durante una nueva edición de la Misión de Operaciones en Ambientes Extremos de la NASA (Neemo, en inglés), de la cual hablamos en la nota de portada, los astronautas imitan bajo el mar algunas de las destrezas necesarias para explorar la superficie de otros planetas mientras ayudan a salvar los corales, indicó la Fundación de Restauración de Coral (CRF, en inglés), organización no gubernamental que participa en Neemo 23.

“Las travesías diarias del fondo marino, o las actividades extravehiculares en la jerga espacial, están repletas de tecnología y pruebas de concepto de operaciones, así como de complejas ciencias marinas”, dijo Bill Todd, , líder de Neemo 23.

Durante su misión, las astronautas viven y trabajan bajo el agua junto a científicos marinos para entrenarse en vuelos espaciales y otros objetivos relacionados con misiones espaciales, como la Estación Espacial Internacional (EEI) y futuras misiones al espacio profundo a la Luna y Marte.

“No sucede todos los días que llegas a vivir diez días bajo el agua donde tienes esta flora y fauna marina increíblemente rica”, manifestó Samantha Cristoforetti.

Los corales

Los “árboles de coral” fueron desarrollados por especialistas de CRF y ahora son utilizados por los grupos de restauración de coral en todo el mundo para el crecimiento rápido de grandes cantidades de corales.

Se trata de una estructura de PVC (policloruro de vinilo) atada al fondo del mar y con flotadores en la parte superior, a la que se le cuelga hasta un centenar de fragmentos de coral, del tamaño de un dedo, para que se desarrollen.

Los corales crecen y se reproducen sexualmente a través del desove, pero también asexualmente mediante la “fragmentación”, cuando, mediante condiciones favorables, una rama se rompe y cae sobre el arrecife, y puede volver a unirse y comenzar a crecer una nueva colonia.

Este segundo proceso es aprovechado por CRF, que ya tiene siete viveros en Florida que albergan hasta once especies de corales.

La siembra de corales en aguas profundas supone otro reto para los ambientalistas, explicó Amelia Moura, directora del programa científico de CRF.

Moura precisó que el ambiente en la base Acuario es “completamente diferente” a los sitios en donde tradicionalmente cultivan corales.

“Es una oportunidad emocionante para comprender mejor cómo diferentes especies de coral y diferentes cepas genéticas dentro de ciertas especies reaccionan a diferentes ambientes, diferentes comunidades de peces y diferentes condiciones de luz”, indicó.

Al finalizar Neemo 23, FIU se hará cargo del nuevo vivero, estudiará los corales jóvenes, observará las tasas de nutrientes y herbívoros y cómo estos cambios están influenciados al ser en las profundidades del mar en la base Acuario.

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