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Carolina, la Luna sí brilló

Carlos Gómez Camuzzo durante el homenaje a Carolina Luna

Familia, amigos y escritores rinden emotivo tributo

La tarde noche del lunes pasado fue especial, pues en el Salón Uxmal 7 se reunió un grupo con algo en común: recordar a la escritora yucateca Carolina Luna, quien falleció en noviembre del año pasado, en el marco de la Feria Internacional de la Lectura Yucatán (Filey).

Melba Alfaro, Cristina Leirana Alcocer, Elisa Balam Marín, Adolfo Calderón Sabido, Cecilia Silveira y Carlos Gómez Camuzzo fueron solo algunos de los escritores que compartieron momentos al lado de la yucateca y leyeron algunos de sus muchos cuentos que hoy son atesorados igual por las nuevas generaciones.

Y es el texto del cubano con residencia local, licenciado del Arte, escritor, poeta e integrante del grupo Atorrantes, Carlos Gómez Camuzzo, que comparto luego de que a muchos de los presentes nos dejó con un nudo en la garganta, uno que suavizamos sabiendo que la obra de Carolina Luna seguirá presente mientras no dejemos de leerla.

Su participación se tituló “Prosa cursi para una noche sin Luna”:

“Entre una noche oscura y otra clara, no sé si aún soy algo o todavía nada. Quizás un meteorito que se rompe mientras llora, al borde de una Luna agonizante, y extrae de un osario hecho de estrellas, las cenizas de una amiga imprescindible, para luego renacerla, vestirla con sus cuentos más mordaces, e invitarla a tomarse unas cervezas, y cantarle entre cigarros, el poema de un cubano trovador.

“Lo efímero del sueño con su imagen, se esfuma como mancha de la bruma. Y es que aquí donde no hay tiempo yo la encuentro, pero una y otra vez desaparece. Pienso sin existir, horrorizado, que quizá no vuelva nunca o esté muerta. Otra noche más de espera sin la Luna.

“Decidido a encontrar su nombre al menos, seguro no estaré nunca de nada, pregunté en las librerías y unos gatos, reunidos en la entrada de una de ellas, preguntáronme por qué yo la buscaba.

“Con maullidos lastimeros todos ellos, me explicaron que eran hijos de la Luna. Me rodearon con sus nuevas caras tristes, y en tono compasivo, mirando al cielo fijamente me dijeron: sus libros se agotaron señor Nadie. A través de sus voces y mi llanto, logré reconocer a algunos de ellos, todos sobrevivientes de La Hermita.

“Esa noche, acurrucado entre los gatos de la Luna, sobrevino un sueño dócil, conocido de otras veces, y me trajo a donde siempre ella estuvo, porque puedo imaginarla aunque la pierda, a fin de cuentas ella siempre se regresa. Y en esa dimensión desconocida, vuelvo a verla transgresora, profunda tantas veces, tierna algunas, con una sonrisa verde y unos ojos que rezuman, de muchas noches de insomnio por regalar tantos sueños… tantos sueños Caroluna”.

Camuzzo, como lo nombran algunos de sus amigos, conoció a Carolina dos años y medio antes de su partida y se quedó con ganas de compartir muchos temas más a su lado.“Conocí a Carolina hace dos años y medio en el templo de Le Cirque, donde los escritores atorrantes rendimos culto a nuestro entrañable Baco. Ella se encontraba a unos metros de donde una amiga y yo hablábamos”, comienza de esta manera su intervención en el homenaje, antes de leer su prosa.

“Lo primero que vi fueron unos ojos verdes deslumbrantes y le pregunté a mi amiga quién era ella. Me dijo que se trataba de una de las más brillantes escritoras yucatecas, así me dijo, y yo le supliqué que me la presentara. Caro se acercó y sin esperar el protocolo de presentación le dije algo que ahora se denomina cursi: Creo que además de gran escritora, tienes unos bellos ojos verdes. Fue suficiente, nos conectamos hasta su partida”, continuó.

“Yo quería escribir, siempre lo quise, y sólo la vejez me permitió acomodar mis intenciones. Carolina catalizó mis fantasías literarias en tres momentos cruciales:

“Uno: le envié mis primeros tres cuentos y tardó varios días en revisarlos. Cuando nos encontramos nuevamente me dijo: Carlos, leí dos de tus cuentos y tuve la intención de sugerirte que puedes dedicarte a cocinar o a criticar obras de arte, es lo que estudiaste según me dices. Sin embargo cuando leí tu último cuento, me hizo pensar que puedes escribir, porque me gustó lo que ví. Fue publicado posteriormente en la plaquette de atorrantes en la Filey del 2018.

“El segundo momento: Yo le insistía mucho a Carolina sobre mi interés en conocer técnicas liteerarias, tonos, polisemias, sintaxis, ortografía, virgulillas y firuletes. Una noche hablando del tema me gritó con una hermosa sonrisa; ¡VUELA! En ese momento descubrí el agua tibia”, detalló.

“Por último, en uno de nuestros habituales chats nocturnos se me ocurrió llamarle Caroluna Lina, y con gran estrépito me respondió: ¡Órale güey, si ya estás pensando como escritor!”, expresión que arrancó risas en el recinto del Siglo XXI.

“Hablábamos de todo, o de nada, recuerdo una noche en que me disparó una conferencia magistral sobre la nada, me quise morir, era muy analítica, con una profundidad psicológica abrumadora”.

“Sin embargo, me faltó decirle que descubrí tres elementos que a mi juicio la emparentan con Carmen Mondragón: sus ojos verdes, su rebeldía contra toda la mierda de este incomprensible mundo, y su amor por los gatos. Se lo diré cuando volvamos a encontrarnos”.— Renata Marrufo M.

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