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Chelem “habla” a un expatriado de Estados Unidos

Grant Spradling con sus libros “Palenque Murder”

Lo inspira el mar de Yucatán

Los momentos de soledad que Grant Spradling pasa en su casa de Chelem lo remiten a las matinés dominicales en el Teatro Bulldog de su natal Oklahoma, donde de niño “escapaba a la tierra de Nunca Jamás”.

“Los escritores hablan de la musa. Hay una voz que es parte de mi alma y quiere hablar. Me gusta la gente, pero descubrí tarde en mi vida que cuando estoy solo en la playa es casi como si escuchara voces”, asegura Grant, integrante de la comunidad de expatriados que ha hecho del Estado su lugar de residencia.

En el puerto yucateco, donde tiene una casa a la que describe como un “cubito de azúcar”, afloraron los capítulos de “Chelem Papers”, su más reciente libro en inglés, en el que repasa momentos de sus ocho décadas de vida y que dedica a Clifford A. Ames, quieren fuera su pareja durante medio siglo y falleciera en enero pasado.

La obra, editada por Hamaca Press, se añade a la bibliografía del ministro jubilado de la Iglesia Unida de Cristo, de la que también forman parte la colección de relatos “From High in the Mulberry Tree” (publicada en 2005) y las novelas “Maya Sacrifice” (2012), “Palenque Murder” (2013) y “David Goes Home” (2015).

Hace 30 años viajó por primera vez a Yucatán para pasar dos semanas en un lugar donde pudiera concentrarse en escribir. Tiempo después renunciaría a la dirección del Consejo de Bellas Artes del Condado de Monroe en Key West, Florida, para establecerse en la entidad, donde hace dos décadas halló en el Centro la casa que aún habita. “Caminaba por la calle, la puerta estaba abierta, miré adentro, vi el álamo y un espíritu dijo: ‘Sálvame’. La casa había estado abandonada ocho años. Creo que me he vuelto más maya y ya puedo escuchar cosas” (ríe).

El proceso de escritura “debe ser muy parecido a una mujer dando a luz a un niño, queriendo dar vida”, considera. “Una madre tiene que pasar por más cosas que yo (ríe). No sé qué va a suceder cuando entro al auto y voy a la playa”.

Expresidente de la Mérida English Library, en Grant escribir no es un hábito desde la infancia. “Soy disléxico, no podía escribir, no sé cómo terminé la universidad”. En su auxilio llegaron primero el dictáfono y luego la computadora, que “fue como una prótesis, estaba conectada a mi cerebro”.

Cuando reflexiona sobre su vida, en la que el canto ha ocupado un sitio destacado, Grant admite que “la parte difícil fue ser gay en el ‘Dust Bowl’ durante la Gran Depresión en Oklahoma; yo no era aceptable”.

“Un momento maravilloso fue cuando la Suprema Corte de Estados Unidos dijo que tenía el derecho de casarme con otro hombre”. También evoca la ocasión en que al cantar un aria de Bach en la iglesia “la música pasó a través de mí y salió”.

El día que Clifford falleció ambos estaban dedicados a las obras de una casa. “Yo estaba pintando el exterior y él estaba trabajando en el piso. Estábamos construyendo juntos, absortos en lo que hacíamos pero compartiendo. Para él y para mí eso era lo más sagrado”.

Mérida y otras ciudades del sur del país, como San Cristóbal de las Casas y Villahermosa, aparecen en la historia de “Palenque Murder”, que gira alrededor de un homicidio, como también lo hace “Maya Sacrifice”, cuya trama se desarrolla en Guatemala, Chichén Itzá y la capital yucateca.

“No escribo para el mercado. Hay jóvenes que quieren ser escritores y aprenden técnicas de redacción, cómo vender libros: dependiendo de la audiencia necesitas poner violencia cada cuatro páginas, sexo en cada diez y luego más violencia y sexo o pierdes a tu público. Eso sería traicionar la musa, sería deshonesto para mí”.

Aunque los ha escrito en el Estado, no tiene planes de traducir sus libros al español. “Muchos habitantes de Yucatán hablan inglés con fluidez y me encantaría llegar a ese público”.

“Dados mis antecedentes me siento tentado a predicar, pero no quiero dar sermones a nadie, quiero que lo verdadero se incruste en la historia. Las más grandes verdades son comunicadas por medio de la ficción, no de una manera didáctica”.

Mérida y Yucatán no son iguales que hace 30 años, ¿cuál es la mejor parte de vivir aquí?, se le pregunta.

“Lo primero que diría es la Orquesta Sinfónica. He notado los cambios. Está surgiendo otro mundo del que no sé nada. Pero hay una amabilidad esencial, una gentileza, una educación que no han desaparecido. Si vas por la calle, haces contacto visual con otra persona, asientes y dices: ‘Buenos días’ o ‘Buenas tardes’ se reconoce que se ha tocado a un ser humano. Y eso no se ha perdido en la mayoría de la gente”.— Valentina Boeta Madera

 

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Cada quien en su sitio