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Qué significa ser ''mujer en pandemia''; revive la desigualdad en la crisis

Imagen ilustrativa sobre la situación de las mujeres en pandemia

Alteraciones del ciclo menstrual, aumento de la carga de trabajo en casa y más riesgo de experimentar violencia doméstica y perder el empleo. Esto es lo que significa ser mujer durante la pandemia del Covid-19.

También lo es tener menos probabilidades —en comparación con los hombres— de presentar síntomas y enfermar de gravedad por infección con el SARS-CoV-2 gracias a factores sociales y biológicos, entre éstos el papel que los estrógenos juegan en la estimulación del sistema inmune.

Ningún segmento demográfico escapa a los efectos negativos de la crisis sanitaria. El impacto de ésta, sin embargo, tiene formas particulares de manifestarse en la población según la edad, el género y la condición socioeconómica.

¿La pandemia afecto el ciclo menstrual de las mujeres?

Gráfica de Megamedia

Entre las mujeres, la pandemia se relaciona con el hecho de que un 80% de ellas haya experimentado trastornos en los períodos menstruales, como amenorrea (ausencia de sangrado), hemorragias intermedias y cambios del día de ovulación, señala la doctora Lilia Rodríguez Castro de Valladares, especialista en Ginecología en el Centro Médico de las Américas y el Edificio Platino.

Estas alteraciones tienen sus propias consecuencias, entre las cuales están la descalcificación de los huesos y el embarazo no planeado.

La doctora Rodríguez Castro recuerda que “la menstruación está gobernada por muchos estímulos” regulados por la glándula hipófisis que se ven afectados por factores que van desde la temperatura hasta los estados emocionales, como el miedo, la ansiedad, la angustia y la depresión, cuya incidencia aumentó a partir de la declaración de la emergencia sanitaria.

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Señala que, incluso, en quienes desarrollan la forma grave del Covid-19 “rara vez se ve” durante su permanencia en el hospital que tengan períodos menstruales, “quiere decir que el virus y la enfermedad grave detienen esos procesos hormonales”.

“Durante toda la pandemia muchas personas han referido amenorrea”, informa. “En muchas ha sido por tres meses, seis meses, un año y hay quienes han pasado los casi dos años de la pandemia con ausencia de menstruación”.

Embarazo en pandemia, ¿plan o afectación?

Otras mujeres han experimentado cambios en el día de la ovulación y, debido a esto, aquéllas que siguen el método de planificación basado en el ritmo han reportado embarazos no planeados. El desconocimiento de que estaban gestando hizo que algunas se aplicaran vacunas contra el Covid-19 en los primeros dos meses del embarazo, cuando la reacción inflamatoria inicial producida por los biológicos daña al embrión.

Muchos abortos que hemos visto e, incluso, pérdidas fetales en el segundo trimestre los podríamos atribuir al uso de medicamentos y vacunas durante los primeros dos meses de gestación”, indica la especialista.

La doctora Rodríguez Castro enfatiza que sí es recomendable la vacunación contra el Covid-19 en mujeres embarazadas para proteger a la madre y al bebé, pero subraya que los biológicos deben administrarse a partir del tercer mes de la gestación. “Hay quienes tienen miedo de ponerse determinada vacuna, pero la que está a tu alcance es la buena. Aunque no sea la que quieras, todas las vacunas son aconsejables para cualquier persona”.

Afirma que en mujeres gestantes la forma severa del Covid-19 “se espera que sea un evento grave; como compromete su mecanismo respiratorio, se compromete también la vida del producto”.

“Muchas mujeres afectadas por Covid-19 de una manera grave han perdido la vida tanto ellas como el producto”, advierte, pero enseguida aclara: “En el 80% de los casos (de infección) les va a afectar como si fuera un cuadro catarral, la mayoría no va a caer en estado de gravedad”.

¿Qué hacer en caso de presentar afectación en el ciclo mestrual?

A quien presenta abundante sangrado menstrual, la doctora Rodríguez Castro le recomienda consumir suplementos de hierro y ácido fólico, y a quien tiene amenorrea, con la que “se van descalcificando progresivamente los huesos”, aportes de calcio y vitamina D, además de caminar en ambientes soleados de 10 a 15 minutos. A todas les aconseja tomar por la noche medicamentos de origen natural contra la ansiedad, como melatonina.

El cierre de los centros de atención pública como medida de contención de contagios “repercutió de manera negativa” en la población femenina, manifiesta la especialista, que agrega que, como consecuencia, durante meses no se efectuaron pruebas de detección oportuna de enfermedades ni fueron accesibles diferentes métodos de planificación familiar, lo que “fue en detrimento de la salud de las mujeres”.

“Escudo” de estrógenos

Ante el riesgo de hospitalización y muerte por Covid-19, el factor hormonal juega a favor de las mujeres.

Los estrógenos —hormonas sexuales principalmente femeninas— tienen un papel destacado en la estimulación del sistema inmune, lo que contribuye a que el número de decesos e internamientos por la enfermedad sea menor entre la población femenina en comparación con la masculina, explica la doctora Denis Arlet Moguel Serrano, especialista en Medicina Interna en el IMSS y la Torre Médica CÉNIT.

Asimismo, señala, las mujeres se benefician de contar con dos cromosomas sexuales X —los hombres tienen solo uno—, porque en ellos están contenidos genes involucrados en la respuesta inmunitaria.

Por otro lado, apunta, las mujeres que se infectan con el SARS-CoV-2 tienen “menos tormenta de citoquinas (proteínas que activan el sistema inmunitario), algo muy común en el Covid: es una gran liberación de marcadores de inflamación que causa falla renal y hepática”.

El comportamiento social influye en el contagio Covid

Factores sociales contribuyen igualmente a la disparidad en la incidencia del padecimiento. “Más allá de las diferencias biológicas, el comportamiento social también influye en la pandemia. Los hombres son menos propensos a preocuparse por el Covid-19 que las mujeres, las mujeres adoptaron más medidas de cuidado en el regreso a clases de los niños y al trabajo, siguen más las medidas de higiene, de distanciamiento, de uso del cubrebocas...”, expresa.

Pero la ventaja de género tiene límites. De acuerdo con la especialista, la edad (ser mayor de 65 años), la menopausia y las comorbilidades (diabetes, hipertensión) colocan a las mujeres en igualdad de probabilidades que los hombres de presentar la forma severa de la enfermedad y morir.

Estudios han encontrado que “entre mujeres posmenopáusicas y hombres la frecuencia de mortalidad y el riesgo de agravamiento de la enfermedad son casi iguales”, dice.

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Según explica, a corto plazo la evolución del padecimiento “es muy parecida” en hombres y mujeres, éstas con una cifra mayor de casos asintomáticos. A largo plazo, ellos tienden a presentar más complicaciones como fibrosis pulmonar y neumonía; entre ellas es más común el “Covid largo”, el cual “se manifiesta con síntomas multisistémicos: fatiga crónica, el mayor porcentaje de la consulta actualmente; cefalea crónica, problemas para dormir, ansiedad y depresión”.

La doctora Moguel Serrano precisa que entre niñas y adolescentes la protección contra la enfermedad no viene tanto de la biología relacionada con su género como de factores que comparten con sus pares masculinos: un sistema inmune joven y menos presencia en el cuerpo de la enzima convertidora de angiotensina (ACE2), receptor implicado en la entrada del virus a la célula.

El teléfono del consultorio de la doctora Moguel Serrano en la Torre Médica CÉNIT es 9996-37-42-59.

¿Cómo afecta el trabajo a la salud femenina?

Un año después de que la pandemia llevara al cierre de negocios y la pérdida de empleos, éstos reportan un incremento entre la población económicamente activa.

De acuerdo con la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo, Nueva Edición (Enoen) para octubre de 2021 en México, entre ese mes del año pasado y el actual creció 5.92% la cifra de varones ocupados, mientras que la de mujeres lo hizo 8.44%.

En materia de desempleo, en el mismo período se redujo 12% entre los hombres y 9.31% entre las mujeres.

Para la Organización Internacional del Trabajo (OIT) ésas no son buenas noticias, porque, como señala en un análisis de julio pasado, la tasa de crecimiento de la ocupación laboral en 2021 “será insuficiente para que las mujeres recuperen los niveles de empleo previos a la pandemia, debido a que éstas experimentaron mayores pérdidas de empleo en 2020” que sus pares masculinos.

“A nivel mundial”, afirma el reporte, “las mujeres se han visto desmesuradamente afectadas en cuanto a pérdidas de empleos: como consecuencia de la pandemia se destruyó el 4.2 por ciento del empleo de las mujeres, frente al 3 por ciento en el caso de los hombres”.

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El organismo explica que los confinamientos en los sectores manufacturero y de servicios afectaron sobre todo a la población femenina, que está más representada en ellos y “a menudo éstas (las mujeres) trabajan en modalidades informales”.

Las brechas que persisten entre uno y otro género en el tiempo dedicado al trabajo de cuidados no remunerado, la limitación del acceso a la protección social y el recrudecimiento de la violencia y el acoso también han hecho difícil a las mujeres, en comparación con los hombres, poder conservar sus empleos”, advierte.

Estar en casa tampoco resultó cómodo para las mujeres

De las puertas de la casa hacia adentro, la crisis sanitaria cobra a mujeres y hombres cuotas de estrés, depresión y miedo.

Ellas además afrontan desafíos particulares de sus contextos familiares. “Uno de los riesgos más grandes que han corrido con el encierro es el aumento de la violencia sexual, física, económica y psicológica”, apunta la psicóloga Rossana Achach Cervera, maestra en Sexología Clínica y directora del Centro de Estudios Superiores en Sexualidad (Cessex).

“Al estar encerradas fueron más vulnerables a la agresión”, afirma. “Hemos visto un aumento de feminicidios y de abuso sexual infantil y en la adolescencia. El hogar es el espacio donde se da más expresión de violencia, aun sin pandemia; lógicamente esto se incrementó”.

¿Existe el concepto de la triple jornada de la mujer?

Otro desafío fue la triplicación de la carga de responsabilidades. “Se quedaron en casa trabajando, a la vez tenían que ver que los hijos e hijas se conectaran a clases por medio de la televisión o la computadora, y si contaban con un servicio de apoyo dejaron de tenerlo por el riesgo de contagio. Eso redundó en mayores niveles de estrés, ansiedad, irritabilidad, caos”.

La maestra Achach Cervera, especialista en temas de sexualidad, violencia y género, subraya que estos retos se dan en contextos ya violentos y dominados por estereotipos de género.

En los hogares en los cuales las relaciones de pareja “son más equitativas, se les cargó la mano a ambos, no solamente a una persona”, ejemplifica. Pero en aquéllos en que los papeles están estereotipados “el hombre no se concibe como también responsable de las tareas del hogar o el cuidado de los hijos; a lo mejor en la pandemia comenzó a hacer cosas que nunca hacía, pero lo hizo desde el marco de la ayuda, no de que fuera parte de su responsabilidad”.

En el caso de la violencia doméstica, el principal indicador de riesgo para vivirla en pandemia es que ya existan agresiones, advierte. “Se incrementa la violencia porque el esposo permanece más tiempo en casa y porque pueden haber otros indicadores, como el desempleo, que lo irritan más”.

Ningún hombre nace con la idea de maltratar a su esposa o hijos”, enfatiza. “El factor que influye en el ejercicio de la violencia es la masculinidad hegemónica, la identidad que se construye sobre tener control, ser el que toma las decisiones, pensar que el cuerpo de la mujer es suyo y aprender a resolver conflictos a través del uso de la violencia”.

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“Aunados a esta identidad muy introyectada hay indicadores que facilitan la violencia, como el desempleo y el uso de alcohol o sustancias”, precisa.

Añade que la atención a las secuelas de la vida en pandemia, como trastornos del sueño y la alimentación, ansiedad, depresión e irritabilidad, varía también de acuerdo con el contexto en el que se desenvuelven las mujeres: algunas acuden a consulta psicológica, “pero puedo pensar que la mayoría está siguiendo su vida” y dando prioridad a la resolución de problemas económicos y de la educación de los hijos.

“El 2022 va a ser un reto porque vamos a tener que vivir con el Covid junto a nosotros”, señala. “Las medidas de bioseguridad nos pueden garantizar la sobrevivencia física, pero también necesitamos la sobrevivencia emocional, que se va a dar en la medida en que podamos interactuar en grupos pequeños, tener rutinas de ejercicio y duelos por la gente perdida, y continuar la vida”.

“La capacidad de resiliencia va a entrar en juego en nuestra recuperación emocional, económica y de seguridad”.

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