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Cosas de Mascotas: Nada justifica amarrar al perro

El canino al que se ata desarrolla miedo y agresión

La orientación del veterinario o etólogo y las enseñanzas de un entrenador previenen en el perro conductas que motivan a algunos dueños a amarrarlo, una práctica clasificada como maltrato y castigada por ley en Yucatán.

Con una buena asesoría al propietario, sobre todo cuando el canino es cachorro, se pueden evitar comportamientos —entre ellos ser agresivo con las personas y causar destrozos en casa— que se toman como justificación para atar a la mascota y los problemas que esto, a su vez, trae consigo al animal, subraya el médico veterinario zootecnista David Tejeda Peraza, director de Veterinaria Tejeda.

 

“No se justifica de ninguna manera tener amarrado a un animalito”, enfatiza.

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El profesional, socio fundador activo del Colegio de Médicos Veterinarios de Pequeñas Especies de Yucatán, recuerda que, además de ser protegidos por la legislación estatal, los animales tienen derechos reconocidos por Naciones Unidas, como existir; recibir atención y cuidados del ser humano, y ser preservados de malos tratos y actos de crueldad.

Añade que estudios sobre el comportamiento de los animales han demostrado que los perros, al igual que los humanos, sienten, piensan y sufren. “La diferencia es que no pueden razonar sobre su sufrimiento, no se preguntan por qué les pasa algo”.

Mantenerlos amarrados permanentemente o por largos períodos de tiempo (más de ocho horas) “es el mayor castigo que puede tener un perro”, ya que le causa ansiedad, frustración, ira y desconcierto, subraya.

A la larga, afirma, estas emociones desembocan en comportamientos como miedo y agresividad.

El veterinario Tejeda Peraza recuerda que los perros “son animales gregarios, viven en comunidad, por lo tanto necesitan compañía”, ya sea de otros caninos o de humanos. Al atarlos “se sienten expulsados del grupo al que pertenecen”.

Asimismo, esta práctica deja insatisfecha su necesidad de actividad física, gasto de energía y exploración del ambiente, que de manera natural ocurren durante el juego y el paseo.

Cuando se les amarra “los obligamos a vivir entre sus heces y orines, teniendo en cuenta que en ese lugar es donde duermen y comen”.

“De manera natural los perritos tienen dos áreas bien delimitadas: la sucia, donde hacen sus necesidades fisiológicas, y la limpia, donde comen, descansan y duermen”, explica.

El veterinario añade que atarlos también afecta su desarrollo. “Todo ser vivo necesita moverse, caminar, correr; al no hacerlo se pueden generar atrofias musculares”, advierte.

La movilidad limitada deja una huella emocional en el perro que con el tiempo se manifiesta en una personalidad temerosa o agresiva y en conductas obsesivas, como girar continuamente para morderse la cola, lamerse, morderse e intentar liberarse hasta llegar a la asfixia.

El profesional, certificado en Medicina y Zootecnia en perros y gatos y diplomado en Dermatología Veterinaria, señala que la aparición de estos comportamientos agrava la situación de la mascota, pues lleva a algunos propietarios a pensar que tienen razón de amarrarla, a abandonarla en la calle o a practicarle la eutanasia.

Por esa razón, subraya la importancia de que se pida asesoría al veterinario sobre las medidas para lograr una buena convivencia del perro con la familia. Una, dice, es inculcar conductas positivas en el período de socialización del animal, que va de las tres semanas a los tres meses de edad. “En ese tiempo el perrito aprende muchas cosas, entre ellas a convivir con otros perritos, otras especies animales y las personas”.— Valentina Boeta Madera

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Por ley

El médico veterinario David Tejeda Peraza recuerda que amarrar a un perro está tipificado como maltrato en la Ley para la Protección de la Fauna del Estado de Yucatán, promulgada en 2011.

Artículos

En el capítulo IV del título primero (“Disposiciones generales”) se precisan las características de un trato humanitario a los animales. Entre los factores que califican como crueldad están “mantenerlos sin espacio suficiente para su movilidad, permanentemente atados o a la intemperie”, y “todas aquellas acciones u omisiones que provoquen un deterioro físico, instintivo y emocional en el animal”.

Violación

“Las personas que mantienen a un perro amarrado están violando la ley”, enfatiza el veterinario, que recuerda que pueden hacerse acreedoras a multas de 10 a 50 mil días de salarios mínimos y hasta 36 horas de arresto administrativo.

Denuncia

“Si alguien ve amarrado a un perrito debería, como ciudadano y por obligación de la ley, denunciarlo”, añade el veterinario. Se puede hacer con una llamada a Ayuntatel (número 070 o 924-40-00) o llenando el formato de denuncia que se encuentra en la página web de Seduma.

“Tenemos la obligación de no permitir la crueldad a los perros”.

 

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