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Cristina Rivera Garza tiene venas de algodón

“Autobiografía del algodón” (Penguin Ramdom House) de Cristina Rivera Garza indaga sobre sus orígenes

El tema se siente lejano de frontera a frontera: una antigua región algodonera en el norte de México, hoy ocupada por el narco; migraciones y repatriaciones, un territorio que sentimos ajeno en ese galopar hacia estaciones desconocidas.

Pero la universalidad de la literatura va más allá de épocas o cultivos, porque en “Autobiografía del algodón” (Penguin Ramdom House) Cristina Rivera Garza indaga sobre sus orígenes, sobre la memoria, la desmemoria, la migración... pero más que nada, sobre cómo nos educan sentimentalmente los cultivos y la rutina familiar alrededor de ellos, según explicó al Diario a unas horas de presentar el libro en la Feria Internacional de la Lectura Yucatán (Filey), que culminó anteayer.

“Cuando la gente lee este libro me platica de sus vidas del campo a la ciudad, hay migraciones en todo el país; se trata de borrar la realidad indígena, pero por ejemplo en Yucatán se topan con la resistencia de la comunidad indígena maya, que es mucho más amplia, aunque el libro esté anclado en la frontera entre Tamaulipas y Texas va mucho más allá, porque se tocan los procesos migratorios”.

Ese pasado familiar que es la médula espinal del libro, fue para ella el mayor enigma a resolver.

“A veces pensamos que sabemos de la familia, pero no es cierto, es lo que menos sabemos, la dificultad práctica de este libro fue conseguir la información, visité bibliotecas y archivos. Fue una dificultad emocional también. Hallé noticias que me hicieron temblar, replantearme todo el proyecto”, confiesa.

“No quería un recuento acrítico de relaciones complejas, no iba a decir nada que no estuviera fundamentado y las conclusiones tenían que ir acordes a la investigación, no quería la licencia poética, aunque fuera una mezcla de investigación y ficción”.

Sobre esas noticias que la “hicieron temblar” cita por ejemplo el acta de matrimonio de su abuelo en el que se menciona un rapto, que se usaba mucho entonces, “robarse a la novia”, pero para ella implica violencia de género, “pero era una figura legal”.

Para Cristina, lo más importante del libro es poder añadir puntos de vista no humanos, como el de las plantas, en este caso el algodón.

“Cómo nos cuenta esta historia, cómo nos educa el cultivo de una planta para crear parcelas, crear rutinas, crear la faz de la tierra, toda la familia participa en la pisca del algodón, es una disciplina práctica y emocional”.

El algodón, este “gran experimento cardenista para crear fuentes de trabajo produjo riqueza y movilidad social, pero el monocultivo terminó con el suelo, fue un tierricidio”.

Cristina Rivera Garza tiene 30 años viviendo en los Estados Unidos. Su historia familiar es una de migración y fronteras, pero se siente privilegiada de no padecer condiciones extremas de otros migrantes (es catedrática de la Universidad de Houston).

“Los cuatro años con Donald Trump como presidente fueron muy difíciles, se sentía el odio en las calles. Este llamado público a la moderación y a la decencia era muy necesario. Las dificultades varían si eres hombre o eres mujer, es urgente la reforma migratoria para no ser presa fácil de explotación en este país”.

Lamenta que aún con Trump fuera de la Casa Blanca, sigue la supremacía blanca, el fascismo en Estados Unidos.

Sobre qué espera de Joe Biden, como migrante, recuerda que la política migratoria del gobierno de Barack Obama, del que Biden fue vicepresidente, no fue tan benigna para los latinos.

“Hubo muchas deportaciones. Yo quisiera ver políticos que reconocieran el gran valor económico y cultural que tenemos los migrantes, buena parte de la literatura latinoamericana se hace en Estados Unidos”.

“Vamos tarde en la amnistía que no tendría que llamarse así porque (la migración) no se trata de un crimen. Biden rindió un informe promisorio hace unos días, vamos a ver qué tanto lo deja hacer el Congreso”.

Cristina Rivera Garza adelanta que seguirá trabajando en sus libros con el tema de las plantas y la vida cotidiana, como el maíz, porque ve una relación interesante en lo que comemos y el DNA; y la historia familiar alrededor de la papa y la comida chatarra.— Patricia Garma Montes de Oca

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