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“Cuidar a niños me hace olvidar los problemas”

Beatriz es una más de las mujeres que deben dividir su tiempo en las actividades laborales, quehaceres del hogar y tener tiempo de calidad con su familia (Megamedia)

CADA DÍA BEATRIZ SALE DE CASA CON EL PROPÓSITO DE AYUDAR A LA NIÑEZ A SOBRELLEVAR LOS TIEMPOS DE PANDEMIA  

La alarma del teléfono suena sin falta a las 4:40 de la mañana. Beatriz no se pude tomar ni cinco minutos más para dormir porque eso significaría retrasarse para ir a trabajar. Con mucho esfuerzo se levanta de la hamaca y se dirige al baño para arreglarse; tiene que ser rápida y silenciosa pues su hermana aún duerme en la habitación.

Con sigilo sale del cuarto y camina hacia la cocina para preparar un licuado, lo más fácil de ingerir en su carrera matutina contra el tiempo. Cuando sale de casa todavía hay oscuridad y son muy pocas las personas que se ven en las calles.

Sin rastros del miedo o tedio que a cualquiera le podría invadir a esas horas de la mañana, camina hasta la esquina para esperar el arribo del autobús.

Así es como inician los días de Beatriz N.C., mujer que está a cargo del cuidado de niños cuyos padres tiene una misión igual de importante que la de ella: salvar vidas en hospitales.

La pandemia del coronavirus ha hecho que la labor de Beatriz requiera el doble de compromiso y responsabilidad.

Ella no puede perder ni un segundo al levantarse, ya que de lo contrario, eso implicaría no poder tomar a tiempo los dos autobuses que le permiten llegar a su trabajo antes de las 6:30 de la mañana.

La hora es fija y no se permiten retrasos. Ella debe llegar puntual para preparar su área laboral y alistarse para recibir a los niños que llegan a partir de las siete de la mañana.

A esa hora Beatriz comienza a ayudar a los pequeños en su desarrollo motriz y aprendizaje escolar. Esta tarea es bastante complicada, ya que los infantes requieren de mucho cuidado, atención, pero sobre todo de mucha paciencia.

“Es una ardua laboral tener que realizar actividades con los niños, ya que se encuentran en una etapa en la que todo les parece curioso, se meten a la boca los juguetes, no piensan ni miden las consecuencias, simplemente los ven, los agarran y se los meten a la boca, por eso hay que estar pendientes al máximo, así se evitan accidentes” narra Beatriz.

La joven pasa unas nueve horas con los niños, tiempo que para ella es un lapso en el que debe olvidarse de todo lo demás.

“Ellos requieren mi atención, esfuerzo y paciencia, y pese al cansancio o las situaciones externas que puedan ocurrir, yo debo concentrarme en el cuidado de los pequeños”.

A las cuatro de la tarde los niños deben regresar a casa y Beatriz también.

Antes de irse, ordena un poco el salón de juegos, por lo que termina saliendo del trabajo poco antes de las cinco de la tarde. De nuevo debe esperar el autobús que la llevara al centro de la ciudad para finalmente abordar un segundo transporte que la dejará a una esquina de su casa.

En casa también hay que dar el 100 o el 200%

Regresar a casa suele asociarse con el fin de las obligaciones labores, pero para Beatriz no aplica eso.

Ante de entrar, ella debe desinfectar muy bien sus zapatos, para luego ir a bañarse y así evitar que los agentes contaminantes de la calle se dispersen en su hogar. Hasta después del baño es cuando puede saludar a su hermana y papás por primera vez en el día.

Lo siguiente para ella es almorzar, aunque por la hora parezca más una previa de la cena. Después sigue el momento de ayudar en los quehaceres del hogar. Ella lava trastes, acomoda algunas cosas o barre zonas de la casa, otros días también debe lavar pisos, baños, la cocina o la ropa.

En la casa siempre hay algo que limpiar o lavar, esa tarea nunca se acaba y si no se hace se acumula”, menciona Beatriz.

La tarde corre como si se tratase de un maratón al que se sueña con llegar en el menor tiempo posible a la meta, pero ni el pasar tan rápido de las horas evita que Beatriz disfrute de unos momentos divertidos con su familia.

En la habitación que comparte con su hermana se reúne con sus papás para ver algún programa como Exatlón México o alguna novela. En este tiempo se platica de situaciones relevantes o divertidas del día. Es en esa charla cuando Beatriz cuenta las ocurrencias de los niños a los que cuida.

A esta convivencia suelen unirse las sobrinas de Beatriz, quienes también reciben atenciones y cariño por parte de la joven. Suele ayudar a las pequeñas con sus tareas o juega con ellas para evitar que el encierro por la pandemia les afecte más de la cuenta.

Tras la cena y una buena dosis de amor familiar, a Beatriz le llega la hora de dormir. Debe descansar y recobrar fuerzas para que al día siguiente pueda seguir cuidando a sus pequeños con mucho amor y dedicación.

Así como Beatriz, en Mérida y todo México hay más mujeres que tienen que trabajar muchas horas para tener un ingreso que no siempre compensa la gran labor que desempeñan.

Sin embargo, ellas creen que una educación diferente desde la niñez ayudará a que poco a poco se valore más el papel de la mujer y el enorme esfuerzo que realizan tanto en lo laboral como en el hogar.

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