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“Cumple” 102 años

La develización de la placa número 49 de Prohispen en honor del pintor yucateco Fernando Castro Pacheco

Fernando Castro Pacheco: legadoy trascendencia

Para Blanquita Sol, en su centenario

Entre las muchas historias, leyendas, tesoros y secretos que guardan detrás de sus paredes las casas y edificios meridanos, hay una en particular que en la calle 60 entre 39 y 41 siempre tiene un poder especialmente evocador.

Para una servidora es inevitable, en el tránsito en ese tramo, mirar hacia la izquierda a la casona con el número 371 y recordar al maestro Fernando Castro Pacheco y a Blanquita, su esposa, rodeados de la obra del maestro, sus colores infinitos, sus líneas precisas e imperecederas, su universo, tan suyo, tan nuestro.

Destinado por su voluntad para ser heredad del pueblo de Yucatán, su gran legado espera todavía, en un proceso complejo y muy necesario, el momento que muchos deseamos de poder recorrer con la mirada y el pensamiento ese cuantioso patrimonio cuyo inventario, según se publicó hace unos meses en el Diario, asciende a veinticuatro mil piezas.

En su reciente libro “¿Será Napoleón mi primo?”, que incluye diversos textos sobre Yucatán, su historia y su cultura, Francisco Paoli Bolio dedica al maestro el ensayo “Fernando Castro Pacheco, registros de vida y obra”. En veinte páginas, su trabajo recorre con precisión y conocimiento desde la formación del artista hasta las vertientes de su trabajo: la pintura, los murales, el grabado, la escultura y la cerámica y su labor como ilustrador. Brillante trayectoria abordada desde la óptica de quien no solamente escribe sobre un artista a quien se admira, sino también sobre un amigo a quien se recuerda con afecto.

Y es que don Fernando, el maestro, siempre es noticia: ahora con el reciente libro de Paoli Bolio; hace tres meses, el 4 de noviembre, con la develización de la placa que promovió el Patronato Pro Historia Peninsular (Prohispen): la número 49 de las que ha colocado la organización presidida por Margarita Díaz Rubio en los inmuebles que han sido habitados por mujeres y hombres relevantes de la península yucateca.

En aquella mañana de lunes, el tema de la habilitación del recinto para preservar el legado del maestro y abrirlo a los visitantes fue nuevamente abordado por Sergio Manzur Simón, actual presidente de la Fundación Casa Estudio Fernando Castro Pacheco. Es decir, se reiteró la necesidad de la conciencia colectiva en la preservación del patrimonio artístico del maestro y el reconocimiento al gran creador yucateco.

Deuda pendiente

Hoy, en el contexto del aniversario 102 del nacimiento de Fernando Castro Pacheco, el 26 de enero de 1918, la columna del museo que alberga una sala dedicada al entrañable pintor se suma a esta exhortación, y más aún, y a pesar de los pesares, en tiempos en los cuales se dice —como siempre— que no son los más propicios por la perenne crisis económica o la perpetua complejidad de los procesos de gestión.

Lo inmutable, lo indiscutible, es la gran importancia del legado pictórico del maestro Castro Pacheco y su profunda significación en la construcción de nuestra identidad artística, un imprescindible no solo en el panorama regional sino también en la plástica nacional. Y a la par que su trascendencia, nuestra deuda con él también sigue, más vigente que nunca.— María Teresa Mézquita Méndez para “El Macay en la cultura”

 

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