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Da lección de valores

Monseñor Joaquín Vázquez Ávila

 

La posada es preservada por las comunidades parroquiales con su sentido original: recrear las circunstancias del nacimiento de Jesús y ser un llamado a la fraternidad

“¿Eres tú, José? ¿Tu esposa es María? ¡Entren, peregrinos, no los conocía!”.

La petición de posada tiene siempre un final feliz, aun cuando un par de veces la respuesta del propietario de la casa sea negativa.

Esta costumbre, como otras de la temporada navideña, se observa con menos frecuencia ahora que unas cuantas décadas atrás, cuando las ramadas hacían su aparición al comenzar diciembre para reunir el dinero necesario para la realización de las posadas.

Y antes las recreaciones del peregrinar de la Virgen María y San José en busca de albergue en Belén se repetían puntualmente nueve noches hasta el 24 diciembre, la víspera del día en que la pareja recibió para el mundo al Salvador.

Para encontrar posadas apegadas aún a su sentido original hay que recurrir a las comunidades parroquiales, que preservan esas actividades en las que, como recuerda monseñor Joaquín Vázquez Ávila, se expresan valores, entre ellos la obediencia de José y María.

El párroco de La Ascensión del Señor (en Residencial Pensiones), cuyos 37 centros pastorales llevarán al cabo posadas, señala que éstas representan “una forma muy práctica, muy pedagógica” de revivir las condiciones del nacimiento de Jesús.

Sus inicios, añade, datan de los tiempos de la evangelización de los habitantes originarios de México después de la Conquista. “Es una catequesis de los primeros religiosos que quieren que el pueblo viva ese momento en que los papás de Jesús tienen que abandonar Nazaret para dirigirse a Belén por el edicto del césar Augusto, que pedía que todos fueran a sus lugares de origen para hacer el censo”.

“Deben ser 9 posadas (a partir del 16 de diciembre), como novenario, pero el problema es que nadie quiere hacer la del 24”, admite el sacerdote, que lamenta que ahora en general se vea como “una fiesta más social, de regalos, que de pensar qué lugar ocupa Dios en nuestra vida y corazón”.

“Vivimos en un ambiente en el que ya no se menciona la Navidad, se dice: ‘fiestas decembrinas’ o solo ‘fiestas’. Sin embargo, no deja de ser uno de los meses más hermosos del año, en el que todos somos llamados a la fraternidad”.

Monseñor Vázquez Ávila considera que “estas tradiciones las tenemos que conservar” como señales de la Iglesia en el mundo. “No valoramos lo que son los signos en la sociedad de hoy, la fuerza que tienen y la importancia que le dan los muchachos”, advierte.

Las tradiciones, además, permiten a los pastores estar cerca de su comunidad. “En el poniente (de Mérida) todavía hay gente que disfruta estar junta, trabajar por lo que se sueña. El valor de la persona es el recurso más grande que tenemos”, subraya.

“La prisa es el óxido de las relaciones porque dejamos de disfrutar de estar con los demás. Hay una prisa que no es oxidante: la de la Virgen María por llevar a Jesús, la prisa del servicio”.

“Puede ser que cambien las tradiciones”, agrega, “lo importante es que inventemos formas en las cuales se conserven valores que son eternos, como la acogida, saber recibir en el corazón al otro”.— Valentina Boeta Madera

Catequesis

Las piñatas de siete picos tienen origen, al igual que las posadas, en la evangelización que siguió a la Conquista. Cada pico representa un pecado capital.

Sin ver

Las personas se colocan una venda como símbolo de que, debido a que el pecado es tan atractivo, si lo ven caerían en sus redes. “Se nos olvida que la vida es una lucha, un combate, un esfuerzo, una superación”, subraya monseñor Joaquín Vázquez Ávila, párroco de La Ascensión del Señor.

Recompensa

Al romper con el pecado viene la colación, la lluvia de gracias que son los dulces y frutas.

 

La juventud, interesada en continuar la tradición

Hallan relación entre los hechos bíblicos y actuales

Dejar por necesidad el lugar de origen y depender de la respuesta solidaria de la comunidad son circunstancias del nacimiento de Jesucristo con las que aun las nuevas generaciones del siglo XXI pueden identificarse.

Eso lo sabe bien el Equipo Diocesano de Pastoral Juvenil. Y, por esa razón, en su subsidio para la celebración de las posadas propone actividades que enlazan los hechos de hace dos mil años con la realidad actual.

“Con este subsidio los invitamos a misionar en su comunidad, ubicar problemas, proponer soluciones y tener comunicación con personas aunque no sean jóvenes para que, con base en esta experiencia de vida, hagan de las posadas algo mucho más real y concreto, y les den un significado en su vida”, explica Melba Gabriela Medina Méndez, del grupo de enlace con decanatos.

“Muchos chavos del interior del Estado viven la migración: vienen a estudiar, sus papás se tienen que ir a trabajar a otros lugares. Conectar esta parte que viven día a día con la posada les da un sentido de fe”, añade.

“Los signos de las posadas son muy pedagógicos: lo que dice el canto, el ir caminando, la piñata”, recuerda, a su vez, el padre Rigoberto Alfonso Cruz Araujo, asesor espiritual de la Pastoral Juvenil.

“Desafortunadamente, tanto las antorchas como las posadas empiezan a paganizarse. Hoy a cualquier cosa se le llama posada, se ha vuelto un momento de convivencia y se ha perdido su sentido, que es identificarse con José y María en este momento histórico”.

“La posada nos prepara al misterio que vivieron José y María: el rechazo de la gente al punto de que tuvieron que ir a una cueva de animales. Jesús nació en un establo. Qué fuerte… Nos sorprende el modo como Dios entró físicamente en la Historia”.

Al igual que otras actividades que promueve, el equipo diocesano diseñó la guía de las posadas con sugerencias atractivas para los jóvenes, “buscando un crecimiento de la fe”, apunta Melba Gabriela.

Alcance

Karen Paulina Osorto Ortiz, coordinadora general, señala que el trabajo del equipo diocesano se extiende a todo el Estado y, debido a que “todos viven realidades distintas, tenemos que estar al tanto de la actualidad”.

Elaborar los subsidios (también tienen de la fiesta de la Virgen de Guadalupe y las antorchas) “nos lleva tiempo porque nosotros mismos los leemos y nos decimos: ‘¿Es atractivo?’. ‘¿Lo haríamos o es algo muy monótono o idealista?’”.

“La creatividad la dejamos en manos de los chavos”, añade Melba Gabriela. “Nosotros proponemos algunas opciones, cantos que están en YouTube; pero si no les gustan tienen apertura para cambiarlas y ser creativos, respetando la estructura que debe tener la posada”.

Guillermo Arturo Moo Ku, del grupo de comunicación, tiene todavía presente cuando de niño acompañaba a su mamá y abuelos a las posadas en su natal Kopomá. “De adolescente empiezas a entender y de joven te das cuenta de la importancia que tienen para ti y los demás, y cómo el mensaje puede cambiar una parte de tu vida”.

Vincular los sucesos que se recrean en la posada con las “realidades que vivimos actualmente hace ver de otra forma esas situaciones”.

El padre Cruz Araujo agrega que el Adviento, en el que se enmarcan las posadas, es un tiempo “propicio para preparar el corazón saliendo de sí mismos”.

“El papa Francisco lo ha dicho en sus mensajes: que no vivamos el Adviento ensimismados en nuestras propias realidades, buenas o malas. Lo que el subsidio propone es que lo aterricemos en el anciano, el pobre, el olvidado. Que el Adviento sea una oportunidad de salir al encuentro del otro”.

El subsidio de posadas de la Pastoral Juvenil se puede descargar en su sitio web: http://pastoraljuvenilyucatan.org.mx.— V.B.M.

 

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