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Discriminación por epilepsia

Las técnicas de imagen que se emplean en el diagnóstico de epilepsia son la tomografía computarizada (TAC) y la resonancia magnética (RM)

Las zonas rurales, más expuestas a este padecimiento

Yucatán no presenta una diferencia respecto a la incidencia de casos de epilepsia en relación con otras entidades del país, pero al igual que en otros Estados, se sabe que el padecimiento es más alto en las zonas rurales, pues las personas están expuestas a más factores de riesgo como la cuestión alimentaria y tienen mayor predisposición a neuroinfecciones.

El doctor Edgar Villalpando Navarrete, neurocirujano adscrito al hospital Faro del Mayab, brinda un panorama de la epilepsia: características, tratamiento y edades de riesgo, entre otros, en el marco del Día Internacional de la Epilepsia que se conmemoró ayer.

La efeméride tiene lugar cada segundo lunes de febrero y busca concientizar y sensibilizar respecto a esta enfermedad.

El médico especialista indica que la epilepsia es un padecimiento estigmatizado en México, que tiene una repercusión social en quienes la padecen, pues muchas veces son discriminados toda su vida.

Hay reportes graves de que no encuentran trabajo, de deserción escolar y de discriminación desde el ingreso a la primaria o secundaria, pues la enfermedad se toma como una discapacidad física cuando puede ser tratada con medicamentos.

Se cuenta con un extenso arsenal de tratamientos médicos y quirúrgicos para la epilepsia.

El padecimiento, explica Villalpando Navarrete, puede causar una crisis exclusiva en un solo evento, cuando varias neuronas descargan eléctricamente, y puede tener una orientación clínica variada, como el movimiento de una mano, un ojo, o una reacción más compleja que deriva en una convulsión en la que hay alteración de la conciencia y hay una incapacidad para responder adecuadamente a estímulos externos por cambios en el estado mental.

Precisa que el riesgo de una crisis convulsiva es del 8% al 10% en toda la población, pues puede ocurrir por una fiebre en la infancia, por ejemplo. Sin embargo, esa crisis no se define como epilepsia, sino hasta que los eventos son más comunes y repetitivos.

En el país se considera que la aproximación de personas con epilepsia es de 51 por cada 1,000 habitantes, pero de acuerdo con datos del Inegi de los estados, hay entre 20 y 40 personas con el padecimiento por cada 1,000 habitantes. En el mundo se considera que hay 50 millones de personas con este padecimiento.

Condiciones similares

Yucatán no presenta una diferencia en incidencia respecto a otras entidades del país, y se ha visto que el comportamiento es muy similar en el sur de México.

Detalla que las condiciones socioeconómicas repercuten para una mayor incidencia en la zona rural, por estar más expuestos a factores de riesgo como la condición alimentaria, la predisposición a más neuroinfecciones, los embarazos en edades jóvenes, como a los 12 o 14 años, más riesgo de sufrimiento fetal en el parto, y también hay un alto riesgo de epilepsia por daño craneoencefálico secundario a accidentes en motocicletas, por la falta de uso o el uso inadecuado del casco, que debe ser certificado.

Hay picos de edades en los que la epilepsia puede presentarse, antes de los 10 años, en dos vertientes: la primera durante los primeros cinco años de vida con crisis febriles, en las que se eleva la temperatura a más de 39 grados; y hay un grupo de niños en los que no se sabe la causa, pero convulsionan. En este último caso las crisis disminuyen y llegan a desaparecer en la adolescencia.

La epilepsia también se puede presentar en la adultez temprana, por trauma craneoencefálico; y en adultos mayores de 40 años secundario a enfermedades como tumores, lesiones vasculares, sangrados, hemorragias y aneurismas, entre otras afecciones.

En este último caso el manejo de la enfermedad es tratar la etiología primaria causante del problema, como retirar el tumor y subsanar la lesión vascular.

Los demás casos de epilepsia se tratan de manera farmacológica con medicamentos de primera línea, con los que se logra el control del padecimiento en el 80% de los casos, el 20% restante requerirá de un segundo medicamento, con el que el 60% logrará estar controlado, por lo que solo un pequeño porcentaje necesitará de un tercer o cuarto medicamento.

No obstante, hay casos en los que no se logra el control de las crisis convulsivas, en lo que se llama epilepsia refractaria sin control, casos en los que se hace una valoración por parte del equipo de especialistas para estudiar la viabilidad de hacer una cirugía, que cuenta con distintas variantes de acuerdo con cada caso, pero enfocadas siempre a lograr la disminución de la estimulación de las neuronas o de las cargas eléctricas para lograr un mejor control.

El procedimiento quirúrgico no es de primera elección, ya que implica un riesgo neurológico.

Villalpando Navarrete explica que el padecimiento es crónico y frecuentemente se logra el control por años, y de pronto hay exacerbaciones con crisis constantes, este control por años y luego el descontrol es parte de la historia natural de la enfermedad.

Cuando esto ocurre es importante verificar que no se haya agregado otro problema como una infección, fiebre o insomnio, que estén condicionando el problema.

Aunque en algunos casos es difícil alcanzar el control de la enfermedad, el doctor manifiesta que en muchos casos se puede dar una calidad de vida excelente a la persona que padece epilepsia, que le permita trabajar, ejercer una profesión, estudiar, y cuando se trata de pacientes pediátricos es mucho más importante ayudarlos para que alcancen un adecuado desarrollo.

Respecto al manejo de las crisis convulsivas, apunta que se debe proteger las vías aéreas de la persona, por lo que se le debe poner de lado para permitir que respire, y bajo ninguna circunstancia colocar objetos en su boca.

Cuando ya hay un diagnóstico previo, solo se debe esperar a que la crisis pase, y cuando es una crisis de primera vez, se debe llevar a la persona al servicio de urgencias para una valoración primaria que debe ser multidiciplinaria.— IRIS CEBALLOS ALVARADO

 

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