in

Eco, Evagrio y el demonio de mediodía

“Meridiano agitaba a nuestro escritor Umberto Eco a sus 69 años”

Combate espiritual

Manuel Gracián(*)

El sábado 7 de mayo de 2011 leí un comentario del escritor italiano Umberto Eco: “¿Finalmente puedo esconder de mí mismo el hecho que hoy mi avanzada edad aún es agitada por el demonio del mediodía?”. Lo asocié con el franciscano Guillermo de Baskerville y su combate espiritual en una abadía benedictina del siglo XIV (“El nombre de la Rosa”, película basada en la novela gótica de Eco, interpretada por Sean Connery en 1986).

La tradición espiritual a menudo ha comparado la vida ascética a una batalla contra los enemigos del alma. El combate espiritual ocupa un lugar muy importante en todo el mundo. Algunos escritores dicen que “los enemigos que provocan esta guerra ya han sido desenmascarados en la Escritura: Satanás, el mundo y la carne (Rom 7-8). Se haya o no alcanzado la caridad perfecta, la pugna no puede evitarse. Para los cristianos la vida espiritual es esencialmente la lucha contra los demonios (Ef: 6, 12).

Evagrio Póntico (345-399) fue discípulo de los dos Macarios (egipcio y alejandrino). Escribió varios textos y fundó el misticismo monástico. Expuso su doctrina en forma de aforismos (literatura gnómica sentenciosa de los filósofos). Enfatizó que la función esencial de los seres espirituales era experimentar la unión con Dios, “el Trascendente”, expresada como luz pura e increada.

Contra los demonios

Evagrio señaló que el demonio no llega directamente a nuestro intelecto: solo puede presentarnos fantasmas de la imaginación. El combate contra los demonios se lleva al cabo en el mundo ilusorio de la mente. Los demonios no conocen nuestro corazón: a través de la observación aprenden a conocernos; en esa habilidad han adquirido gran destreza. Todos los pensamientos demoníacos acarrean al alma conceptos de cosas aparentemente sensatas.

Evagrio simplificó en un axioma el gran discurso de Antonio el Grande (primer monje cristiano): “Quidquid inquieta test diabolo (Cualquier desasosiego viene del diablo”). ¡El diablo es un mentiroso! Evagrio condensó su enseñanza en el capítulo VI del “Praktikos”. Esta reflexión lo condujo hacia la teoría de los ocho pensamientos malignos: gula, adulterio, avaricia, desaliento, irritabilidad, “fastidio de ser monje”, vanagloria y orgullo (Migne PG 40,1272-6, “De octo vitiosis cogitationibus ad Anatolium”).

De los ocho vicios señalados destaca el sexto de la lista: acedia (abatimiento), preeminente tentación del solitario. ¿Cuál es el sentido que Evagrio otorgaba a la acedia? ¿cobardía (deília), abatimiento (katepheia) o tristeza (lype)?

El del mediodía

Evagrio fue el primero en identificar al demonio de la acedia —abatimiento— con el “demonio del mediodía” del salmo 90 (91): 6.

“El demonio de la acedia es el que causa el problema más grave de todos. Ejerce su ataque sobre el monje cerca de la cuarta hora (a las 10 a.m.) y presiona al alma hasta la octava hora (2 p.m.). Primero hace parecer que el Sol apenas se mueve, si acaso, y que el día dura 50 horas. Entonces limita al monje solo a mirar por la ventana y otear cuidadosamente al Sol para determinar qué tanto falta para la novena hora (3 p.m., era la hora habitual del almuerzo). También infunde en el corazón del monje odio por el lugar, odio por su propia vida, odio por el trabajo manual… Él representa la vida extendiéndose durante largo período de tiempo… Ningún otro demonio sigue de cerca los talones de éste (cuando es vencido) pero solamente un estado de profunda paz e inexpresiva alegría surgen de este combate”. (“Praktikos”, 12, Sources Chrétiennes, París, 1941-, 171:521 y ss).

¡Existe gran batalla entre el bien y el mal; los responsables de ese combate no pelean debidamente! En 2001 el P. Amorth, exorcista de Roma, identificó a Meridiano como la estantigua que poseía a una joven siciliana exorcizada por el mismo papa Juan Pablo II. Diez años después Meridiano agitaba a nuestro escritor Umberto Eco a sus 69 años de edad.

El P. Fortea, exorcista español, contó que, durante un exorcismo, un diablo reveló el nombre de los cinco demonios más poderosos; jerárquicamente: Satanás, Lucifer, Beelzebub, Belial y Meridiano. Es posible que el diablo chismoso haya sido Asmodeo (“Summa daemoniaca”, México: Nueva Evangelización, 2004, pp. 31-33).

¿Qué más puedo decir acerca de Meridiano, el demonio del mediodía?… ¡Está trabajando duro… bien acompañado... y está tras nosotros! Me ha parecido percibir a su secuaz Asmodeo, en el Salmo 91 (90): 5. “No temerás al espanto nocturno”.

Cardiólogo. mgracianb@gmail.com

 

Rechaza acusación de fraude

Franck Fernandez

Cambia el rol de la mujer