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Educar fue su vocación

La maestra Bertha con sus hijos María de Lourdes de Peniche

Una centenaria maestra recuerda sus experiencias

“Un siglo de vida y mi deseo sigue siendo el mismo: que todos los miembros de la familia vivan felices y tranquilos como yo viví”, asegura la maestra Bertha Coralia Bustillos Brito viuda de Zapata, quien mañana lunes cumplirá 100 años de edad.

Optimista, de buen semblante, risueña, la centenaria dama sostiene una entrevista con el reportero del Diario que transcurre de forma amena, entre anécdotas y recuerdos que marcaron su existencia en las comunidades donde laboró como profesora de primaria.

Tuvo una infancia difícil en un hogar al que la tragedia rondó desde los primeros años con el fallecimiento de su padre, el abogado militar Juan Bustillos León, y más tarde de uno de sus tres hermanos menores, sucesos que la llevaron a trabajar para mantener el hogar al mismo tiempo que estudiar para ser maestra.

“Siempre me he sentido atraída por la educación de los niños. Enseñarles fue algo que disfruté mucho. Es interesante cómo ha cambiado la forma de ser de los pequeños, antaño eran tímidos, introvertidos; hoy son más despiertos, pero en todo caso inculcar valores es fundamental para hacer de ellos personas buenas”, indica.

Con esfuerzo y determinación Bertha Bustillos se convirtió en profesora. Enseguida le asignaron suplencias en comunidades del interior del Estado. Recuerda esas horas de viaje en tren y en camioneta por los caminos de terracería hasta las escuelas más apartadas.

Acanceh, Sotuta, Chablekal y Dzidzantún fueron algunas de las comunidades donde laboró y de cada una tiene un recuerdo especial. Por ejemplo, en Dzidzantún conoció a quien sería su compañero de vida, Manuel Zapata Sobrino, dueño de una cantina y fabricante de licores, con quien vivió en matrimonio durante más de 50 años y tuvo cuatro hijos: Juan Manuel, María de Lourdes, Flor María del Socorro y Clara María (ya fallecida).

En Chablekal le tocó dar clases en una escuela donde todos los niños eran mayaparlantes, de hecho nadie en el pueblo hablaba español. La situación era complicada pues ella no hablaba nada de maya. La solución: su madre, María Piedad Brito Sansores, quien había nacido en el interior del Estado y de quien la maestra Bustillos se hizo acompañar para traducir sus lecciones. Así continuaron durante mucho tiempo y eso las hizo muy unidas.

Accidente

Ya siendo mamá, en una ocasión viajaba desde el interior del Estado hacia la capital yucateca cuando el autobús que la transportaba volcó de manera aparatosa. Ella y su pequeña hija salieron ilesas del percance y desde entonces ha vivido agradecida con Dios por esto.

La maestra Bertha tiene 12 nietos, 11 bisnietos y dos tataranietos por los que asegura sentir un profundo amor, que es correspondido. A sus descendientes les gusta escuchar sus anécdotas y sus consejos, lo que no significa que en ocasiones no les toque uno que otro regaño. Alguna vez la profesora lanzó una chancleta correctiva.

Su comida favorita es el puchero de tres carnes, la cerveza es su bebida predilecta y de vez en cuando toma una copa de licor. Su comida se sirve rigurosamente a las 14:30 horas.

Sus placeres culpables: un helado de nance de la Sorbetería Colón, acostarse a las 10 p.m. y bailar.

De joven le gustaba ir al cine y al teatro, como a las comedias en los teatros Peón Contreras y Colonial.— Emanuel Rincón Becerra

Celebración

La maestra Bertha Bustillos asistió ayer sábado, a las 6 p.m., a una misa de acción de gracias en la iglesia de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro (Itzimná). Al concluir participó en una cena con su familia que, bajo el nombre de “Un siglo de vida”, se le ofreció en un hotel.

Decomisan ocho neveras con pepino de mar, en el centro de Mérida