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El Canal de Panamá

Por: Franck Fernández Estrada(*)

Todos sabemos que la menor distancia entre un punto y otro es una línea recta. Sin embargo, no siempre es posible utilizar esta línea recta debido a que puede haber algún obstáculo en el medio. Tanto más si el trayecto a tomar es por tierra desde dos puntos marítimos. Para salvar esta distancia tenemos la posibilidad de abrir un canal. Pero la construcción de un canal no es cosa sencilla.

El primer canal del que tenemos noticias es el canal de Suez. Sin embargo, no tenía la trayectoria que le conocemos hoy. Fue hacia el año 1800 antes de Cristo que los egipcios abrieron un canal que unía el curso del Nilo con el Mar Rojo, mientras que el canal que conocemos hoy lo que une es el Mar Mediterráneo con el Mar Rojo. Este canal duró hasta los años 700 de nuestra era, por lo que si sacamos cuenta llegamos a la friolera de 2,500 años de leales servicios. Sin embargo, era costoso debido a que era necesario dragarlo constantemente. Proyectos desde el siglo VIII hasta el XIX hubo muchos, pero ninguno fructificó.

Fue el francés Ferdinand de Lesepps, vizconde, quien se dedicaría a crear ese nuevo canal. Con tal motivo se creó en 1858 la “Compagnie universelle du canal maritime de Suez” y para 1869 se inauguraba con gran pompa este canal. La madrina de la inauguración fue nada más y nada menos que la española María Eugenia de Montijo, emperatriz de Francia. La construcción no fue particularmente difícil, en la medida que se tenía que crear este canal sobre arena. La construcción de este canal le dio un gran prestigio a Lesepps y a su compañía. De ahí que estuviera sobre la mesa de trabajo crear un nuevo proyecto con otro canal que uniera el Mar Caribe con el Pacífico en algún lugar de América Central.

Para la fecha que le estamos hablando, Panamá era un estado federativo unido a Colombia. Ya hacía varias décadas los panameños estaban descontentos con el gobierno central de Bogotá porque se sentían poco atendidos y los deseos de independencia eran muy latentes. Lesseps vino y, con el gobierno central de Bogotá, concluyó acuerdos para la construcción de este nuevo canal. En 1874 se fundó la “Compagnie Universelle du Canal Interocéanique”. Paralelamente se hicieron recaudaciones de capital con ventas masivas de acciones, en particular en Francia, para emprender esta nueva importante obra, el mismo modo de recaudación de capital utilizado para la experiencia del Canal de Suez.

Con lo que no contaba Lesseps era con el hecho de que Panamá no era Suez. Aquí se tenía que enfrentar a selvas, montañas, pantanos y, como si todo eso no fuera suficiente, con una enfermedad de la que lamentablemente morían enormes cantidades de trabajadores. Se le llama fiebre amarilla y no sabían cómo se transmitía. Pensaban que el hecho de desbrozar selvas y ciénagas hacía que de la tierra salieran las miasmas que eran las que transmitían esta enfermedad.

Los plazos de construcción se dilataron, las dificultades para crear un canal en tierra inhóspita eran grandes y la fiebre amarilla diezmaba la mano de obra y a todo humano que de cerca o de lejos se acercara a las obras. A pesar de haber lanzado la recaudación de nuevos capitales con la venta de nuevas acciones, llegó el momento en que la Compagnie Universelle du Canal Interocéanique se vio en la necesidad de declararse en bancarrota. Los trabajos por parte de los franceses terminaron en mayo de 1889.

En otra región del mundo, los Estados Unidos habían terminado su expansión de las 13 colonias originales hasta las costas del Pacífico y, a pesar de que los norteamericanos para 1869 habían logrado unir las dos costas de Este y Oeste por tren, una buena conexión vía marítima era algo que resultaba de gran interés para el transporte de mercancías.

Para 1903 los panameños, obviamente con ayuda extranjera, lograron separarse del gobierno central de Bogotá creándose el nuevo país. A los tres días Estados Unidos reconocía la nueva nación y con sus tropas acantonadas en tierra panameña impidieron a los colombianos siquiera pensar en una recuperación por la fuerza. Se creó un nuevo tratado y, en 1904, los norteamericanos recomenzaron la interrumpida construcción. Después de todo, ese istmo, de solo 80 km de norte a sur, era el camino emprendido antiguamente por los españoles en su vaivén de mercancías y riquezas entre España y los territorios de la costa occidental de América del Sur.

Ya ese nuevo proyecto norteamericano tenía toda una serie de elementos a su favor. Para la realización de la parte técnica y de ingeniería los norteamericanos contrataron especialistas en construcción de redes ferroviarias. Gracias al descubrimiento del cubano Carlos J. Finlay, se pudo contrarrestar los efectos de la fiebre amarilla con el control de los sitios de desarrollo del mosquito Aedes aegyptis, vector de esa horrible enfermedad y de otras más. Por su parte, como durante los trabajos con los franceses, fueron habitantes de color de las islas del Caribe, en particular de Jamaica, quienes vinieron a prestar su mano de obra. Mucho aventurero vino también de otros países para trabajar en este magno proyecto.

Este canal pudo haberse realizado en Nicaragua sabiendo que una buena parte del trayecto entre el Caribe y el Pacífico habría sido ganada gracias al gran lago Cocibolca. Sin embargo, existía un francés, Philippe-Jean Buneau-Varilla que había invertido enormes cantidades de dinero en la primera etapa francesa de la construcción de este canal e insistía enormemente en que fuera Panamá el sitio seleccionado. Ante el congreso de los Estados Unidos el francés Buneau-Varilla mostró un sello de correos nicaragüense en el que se veía el volcán Momotombo en erupción. Así demostró que telúricamente Nicaragua no era un país adecuado para la construcción de este canal, aceptando el Congreso de los Estados Unidos continuar la construcción en Panamá

Después de 10 años de intensos e incesantes trabajos, en 1914 se daba por terminada la construcción de este canal. Sin embargo, Panamá concedía a los norteamericanos amplios terrenos a ambos lados del canal. Es lo que se llamaba la Zona del Canal, territorio con jurisdicción norteamericana. Panamá, casi desde su nacimiento como república independiente, se veía dividida en dos. Gracias a varios acuerdos, la perpetuidad inicial que tenían los norteamericanos para la administración y el control del canal fue paulatinamente perdiendo importancia. Ya en 1977 se firmó un acuerdo definitivo entre los presidentes Jimmy Carter y Omar Torrijos para que el 31 de diciembre de 1999, de forma definitiva, pasará este canal a administración y control de Panamá adquiriendo al mismo tiempo la plena posesión de los terrenos de la Zona del Canal.

Desde esa mañana del 31 de diciembre de 1999 en que en el canal pasó a soberanía y control de Panamá, se han modernizado enormemente sus instalaciones, siendo la más importante de ellas la creación de un nuevo canal, más acho. Esto debido al hecho de que el antiguo permitía solo el paso a barcos con medidas específicas, los llamados barcos Panamax. Las características de los barcos Panamax son eslora (largo): 294.1 m, manga (ancho): 32.3 m y calado (profundidad): 12 metros debido al tamaño de las esclusas.

El canal de Panamá tiene cinco conjuntos de esclusas, siendo la más importante de ellas las esclusas de Miraflores. Al lado de estas esclusas de Miraflores se ha construido un moderno edificio donde han instalado un museo que recoge la historia de Panamá y de su canal y un elegante restaurante desde donde puede usted ver el paso de los barcos mientras se disfruta de un rico buffet y un relajante cóctel.

(*)Traductor, intérprete y  filólogo; correo electrónico: altus@sureste.com

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