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El libro “Tú, yo, nada” nos permite mirar personajes fascinantes

Imaginemos en una habitación el ruido de una tele, un sofá y una mujer envuelta en una sábana, un olor fuerte que no se sabe si es el de ella, del sofá o de la manta en la que ha estado envuelta desde hace varios días.

¿Acaso la existencia que te avienta contra paredes insalvables una y otra vez, que te golpea con suavidad o violentamente para ver si revientas la burbuja de comodidad? ¿Acaso alguna vez te has cuestionado que es  lo que pasó con Cenicienta despues del matrimonio con los niños y la casa a cuestas?.

El libro “Tú, yo, nada” nos permite mirar personajes fascinantes y encontrarnos en sus historias.

Cuando leemos:

bostezos que permanecen intactos en la atmósfera.

No me abandones; veo que soy pus y sangre.

No le quedó mas remedio que suicidarse, en el fondo me seguía amando, se humedece cuando el filo del cuchillo de caza roza su piel.  Descubrimos que hay mucho más que el abandono en este libro; hay nostalgia, lucha, resignación, frustraciones tan reales que la magia de la literatura nos permiten descubrir quizás también en nosotros mismos.

A la escritora no le basta decir que una mujer extraña, la escritora va mas allá y señala con maestría que una almohada huele a rastros de un champú de coco. Es decir; de forma tajante nos da el golpe en una sola pregunta ¿Qué hacemos con los perros?.

Otro de los elementos que ha de destacarse en este universo de letras es la comprensión del tiempo: un pasado y futuro que se mezclan con precisión narrativa.

La prosa está exenta de artificios retóricos; la narrativa muestra el cuidado y la dedicación de una autora que ha encontrado la plenitud estilistica.

Muestra el libro cómo el  temor puede mutar primero al deseo y luego a la  ansiedad.

El libro no da nada por sentado, la escritora nos vislumbra con gestos pulcramente elegidos.

Alejandra (Martha Rosario, la autora), sin duda, quizás con intención plasmó el abandono como tema central de la narrativa que acaso también puede ser la obsesión o padecimiento en los que el lector sin darse cuenta puede encontrarse e incluso definirse, por que eso es la literatura; el bálsamo fierabrás del quijote que cura las penas, o el flagelo de las letras de Bukowski que las crea.

El abandono cruel y duradero, el abandono que se vuelve mundo, dios y diablo.

El abandono, esa promesa insomne que esquivas pero (como señala la autora en este libro) llega puntual como un reloj cucú en ocasiones en una mesita de noche donde hay huellas del frasco de medicina, una libreta con números sin sentido y una pluma agonizante.

Adolfo Calderón Sabido

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