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Cita regiomontana con estrellas de la danza

Emotiva entrega de una distinción a Elisa Carrillo

Una figura menuda se recorta en el escenario. A contraluz, apresa el aire con los brazos, extiende la pierna en equilibrio.

Argenis Montalvo y Yoalli Sousa en “Diana y Acteón”. Fotografía de Paulo García / Monterrey International Ballet Gala
Daniel Ulbricht, Denys Drozdyuk y Joseph Gatti en “Tres hombres”. Fotografía de Paulo García / Monterrey International Ballet Gala
Raúl Tamez y Cynthia Hamm en “Tren rojo”. Fotografía de Paulo García / Monterrey International Ballet Gala
Skylar Brandt y Joseph Gatti en “La Bayadera”. Fotografía de Paulo García / Monterrey International Ballet Gala
Marcelo Gomes y Dorothée Gilbert en “La Cenicienta”.- (Foto: Paulo García/Monterrey International Ballet Gala)
Elisa Carrillo y Mikhail Kaniskin en "Jeunehomme" (Foto: Paulo García/Monterrey International Ballet Gala)
Angelo Greco en el pas de deux de “El Corsario” (Foto: Paulo García/Monterrey International Ballet Gala)

Tras ella, el espacio lo ocupan otros cuerpos en los que florecen la niñez y la adolescencia. Son los alumnos de la Escuela Superior de Música y Danza de Monterrey, que extienden una alfombra de danza —preparada por Rosario Murillo— y música —por Raúl Guerra— para la artista a la que la Monterrey International Ballet Gala, dirigida por José Ramírez Garza, dedica su premio de 2019: Elisa Carrillo.

La aparición de la bailarina mexicana, llevada en alto por dos estudiantes de “La Superior”, comprime el corazón. El aliento exhala asombro y ternura.

La precipitación de aplausos hace audibles los sentimientos en el momento que, por mucho, es el más emotivo de la gala, anteanoche en el auditorio “Luis Elizondo” de la capital neolonesa.

Pero los afectos comienzan a bullir minutos antes, cuando, apenas empezar la función, se proyecta un vídeo en que Elisa se abre en temas como la maternidad, el reconocimiento público, la vida en pareja, las dificultades del principio, la inseguridad que nunca desaparece.

Las palabras de agradecimiento de la bailarina después de recibir el premio de manos de Ramírez Garza anteceden a la actuación del elenco de la gala, en cuya segunda parte vuelve Elisa al escenario, esta vez junto a su compañero de profesión y de vida, Mikahil Kaniskin, en el introspectivo “Jeunehomme” de Uwe Scholz.

Al acto preliminar lo retan en emotividad duetos como el de Dorothée Gilbert y Marcelo Gomes, quienes encarnan la pasión elegante de la “Manon” imaginada por Kenneth MacMillan, y la suavidad idílica de “La Cenicienta” de Nureyev.

Atrapa la apropiación del personaje con que Skylar Brandt, solista del American Ballet Theatre, recrea junto a Joseph Gatti el “pas d’esclave” de “El Corsario” y el paso a dos de “La Bayadera”. Una cualidad que complementa con la delicadeza de sus movimientos y que la colocan entre los mejores recuerdos de la velada.

Igual de contagiosa es la convicción que destila el mexicano Raúl Tamez. Es evidente su disfrute de la danza y su entusiasmo seduce, aun si llega a resultar ajeno el discurso de sus coreografías modernas: “Tren rojo”, al lado de Cynthia Hamm, y “Construcción”.

México también está representado por Yoalli Sousa —bailarina de finas líneas— y Argenis Montalvo, de la Compañía Nacional de Danza, quienes tienen en las variaciones del pas de deux del segundo acto de “El lago de los cisnes” y “Diana y Acteón” sus oportunidades de mayor lucimiento.

Brillar es lo que hacen Gatti, Daniel Ulbricht y Denys Drozdyuk, “Tres hombres” que encienden el escenario con la velocidad y altura que rocían sobre los giros y saltos que exhiben con música de Piazzolla.

La pieza final, el dueto de Alí y Medora de “El Corsario”, trae al escenario a Misa Kuranaga y Angelo Greco, del Ballet de San Francisco. Para el italiano siempre es la hora en punto: ningún ademán le sobra ni falta, y sus movimientos parecen doblegar al tiempo.

Como despedida, el saludo final de los artistas en una última muestra de eso que motivó su reunión en la noche regiomontana.— Valentina Boeta Madera

 

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