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En memoria de Juan Soriano

Juan Soriano posa con una de sus obras en Mérida

A catorce años de la desaparición física del maestro

A comienzos del año 2002 nadie podía imaginar que llegaría a la península un huracán como Isidoro y las enormes dimensiones que alcanzaría... En el mes de abril, seis meses antes del meteoro, el Pasaje Revolución, aun destechado, abría a cielo abierto al público la magna exposición de un octogenario artista mexicano con reconocimiento internacional: Juan Soriano.

El bestiario del maestro, compuesto por figuras en bronce de gran formato, tomó posesión del céntrico callejón. Allí estuvieron, entre otros, “El caballo”, “El toro”, “El pájaro sobre la ola”, “El pájaro caminando”, el “Pájaro de dos caras”, “El gallo sobre bola”, “El pato”, “Ofrenda” y “Planta”, y la increíble “Máquina de hacer dinero”. Un repertorio de esculturas monumentales que el público, entonces apenas familiarizándose con la presencia de esculturas en el histórico pasaje –abierto en 2001– observaba con curiosidad e interés las obras, cuyo geometrismo orgánico sorprendía, fascinaba y atraía.

A sus 81, Soriano permaneció varios días en Mérida, activo y generoso con su tiempo. Ofreció entrevistas, participó en charlas con el público y con los medios.

A 14 años de la desaparición física del maestro, fallecido en la ciudad de México el 10 de febrero de 2006, recordamos su precocidad artística (expuso por primera vez a los 14 años) que le mereció ser llamado el “Mozart de la pintura” y su jovialidad y personalidad lúdica y su ánimo, que le brindaron calificativos como “Niño de mil años” (Elena Poniatowska), o “Niño viejo, petrificado, fanático, real” (Octavio Paz).

En alusión a la naturaleza original y tan propia de su imaginario, recordemos que en el año 2005, Graciela de Garay publicó en la revista “Secuencia" un artículo a partir de las entrevistas que ella mismo realizó a Soriano. La escritora subraya: “El hecho es que Juan Soriano es un artista incansable, y su imaginación sigue intrigando tanto a legos como a especialistas en el asunto”.

Pintor, escultor, ceramista, profesor, escenógrafo, diseñador de vestuario y sobre todo gran experimentador, Juan Soriano fue un artista plástico de gran diversidad. Reconocido internacionalmente, con obra permanente en importantes museos y ganador de premios en México y el extranjero, no solo estuvo presente en nuestra ciudad con su obra monumental sino también en otras ocasiones con diferentes trabajos: en 1997 con arteobjeto de la colección TANE Orfebres; en 1999 en la colectiva “A flor de piel”, presentada por el INBA con obra de los artistas pertenecientes al Sistema Nacional de Creadores; en 2003 en una colectiva de la galería Juan Martín que rindió homenaje al escritor Juan García Ponce.

Además, en febrero de 2003 su obra estuvo incluida en la subasta silenciosa de obras de arte que se realizó en la sala Fernando Gamboa del Museo de Arte Moderno de la ciudad de México en beneficio de los damnificados por el huracán Isidoro.

Y con respecto al huracán, en el anecdotario del Museo Fernando García Ponce quedará para siempre la memoria de que un día después del fenómeno, “El Pato” de bronce, expuesto en el Pasaje, amaneció de cara al suelo y resultó damnificado: la pieza se precipitó y sufrió algunos desprendimientos por lo cual fue necesaria la intervención de especialistas del Centro Nacional de Conservación, quienes restituyeron in situ la pieza a su estado original.

Finalmente, en 2005 la obra de Soriano estuvo por supuesto incluida en la colección de artistas reconocidos con el Premio Nacional de Ciencias y Artes, una de las preseas nacionales más importantes para los creadores, de la cual el maestro fue ganador en el año 1987.

Así como su escultura, su pintura es igualmente una importante aportación a la cultura mexicana, con especial relevancia de retratos y autorretratos; particularmente los que hizo de Lola Álvarez Bravo, Elena Garro, Lupe Marín, Rafael Solana, o María Félix, de quien reconoció especialmente su belleza.

Nacido en 1920 en el estado de Jalisco, “Juanito” creció rodeado de un mosaico de hechos, personajes, tradiciones arraigadas en el pasado y sucesos que marcaron las aspiraciones de progreso y transformación del México de aquellas primeras décadas del siglo pasado. Aquel eterno niño jalisciense cumpliría 100 años el próximo 18 de agosto. Que comience la celebración.— María Teresa Mézquita Méndez para El Macay en la Cultura

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