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En Yucatán hay un padre por cada 8,000 católicos

Óscar Montero Canul

Faltan más pastores

“En Yucatán hacen falta cuando menos 100 sacerdotes más”, considera el presbítero Luis Alfonso Rebolledo Alcocer, rector del Seminario Conciliar de Yucatán.

El centenar se sumaría a los 200 que hay en el Estado “para llegar a una media, pero aun así no es suficiente”, indica al Diario.

“La falta de curas en la sociedad afecta porque a mayor cantidad de población y menor cantidad de sacerdotes, obviamente va en detrimento de la calidad en el servicio que el presbítero puede proporcionar en promedio a los bautizados”, explica. Por ejemplo, “hasta donde yo sé, en Yucatán hay un sacerdote por cada 8 mil católicos... entonces es prácticamente imposible atender personalmente a cada uno de los católicos”.

Esto también afecta en la administración de los sacramentos; “estamos hablando de un sacerdote por cada 8 mil católicos”.

"Imagina que un sacerdote tenga que administrar los sacramentos como el de la reconciliación a esos 8 mil que están solicitando en tiempo y en forma como es debido".

En teoría es nuestra tarea, añade, pero desde el punto de vista numérico es imposible porque hay tareas propias, específicas de los sacerdote.

“Entiendo que muchos seglares nos sienten lejanos, sienten que no estamos en todo disponible pero esto es de alguna manera entendible”, considera el rector.

En Yucatan hay 200 sacerdotes para una población de dos millones de habitantes, o un poco más, de los cuales en el censo del Inegi de 2010 el 81% se declaró cristiano católico. “Es un reto para la Iglesia pasar a un modelo eclesial menos clerical y más de participación, donde también los seglares vayan asumiendo su protagonismo en la tarea de la evangelización”, opina.

A la eucarística dominical asiste el 15% de los católicos regularmente.

Reitera que la tarea de la evangelización no es exclusiva de los sacerdotes, a quienes les corresponde “pastorear al pueblo de Dios”.

El padre Rebolledo Alcocer indica que hay varios factores del bajo número de sacerdotes en Yucatán.

“Primero, las familias son más pequeñas y es más complicado que en un mundo pragmático, medio materialista en el que vivimos se inculque la vocación sacerdotal entre los hijos por la condición del celibato y al no casarse evidentemente no va a generar hijos y nietos”.

“Cuando las familias eran más grandes era más proclive que alguno de los hijos sea sacerdote o religiosa”.

“Otro factor es que estamos en una sociedad posmoderna, donde la tecnología, la oferta de muchas cosas distrae a las nuevas generaciones, las hace proclives a no valorar la cuestión de la oración en el silencio”.

Es decir, continúa el padre, si los niños y los jóvenes no son educados en una vida espiritual, de escucha de la voz de Dios, de orar, de meditar; pues difícilmente serán accesibles para escuchar la voz de Dios.

“Si las nuevas generaciones están en medio de mucho ruido, distractores que no favorecen el silencio interior para la vida espiritual, para la oración, para la meditación, para estar discerniendo lo que es de Dios a la luz del Evangelio será más complicado que un muchacho escuche el llamado”.

“Se nos han vendido mucho la idea que lo importante es el éxito".

El llamado de Dios

“Hay que estudiar, cursar una carrera, un doctorado, ser exitoso en la vida y éste muchas veces se mide en los parámetros económicos y evidentemente el camino vocacional no va en esa línea de éxito..., sino del servicio, de entrega de la vida”.

Considera que se trata de una lógica muy diferente a la materialista, un “tener” que muchas veces se inculca desde las escuelas y la misma familia y es más difícil responder una invitación de Dios para el sacerdocio.

“Desde que nacemos somos amados por Dios y la vida tiene sentido en que encontremos su llamado y la pongamos al servicio del pueblo de Dios y de la sociedad... La vocación es servicio más que beneficio”, subraya el padre Rebolledo.

Otro elemento que dificulta es a raíz de los escándalos en distintas partes del mundo por el clero.

“Si conjuntas los factores externos y los requisitos internos, pues también hace más difícil que numéricamente crezcamos en la cuestión vocacional”, finaliza el padre rector del Seminario Conciliar.— Claudia Ivonne Sierra Medina

 

 

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