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Enseñar en tiempos de pandemia

Hoy viernes, los docentes celebrarán el Día del Maestro de una manera diferente.

La pandemia ocasionada por la aparición de un nuevo coronavirus ha obligado a que se reinventen muchas cosas de la vida cotidiana, incluyendo la educación.

Debido a la emergencia sanitaria, los profesores no han tenido más opción que adaptarse a la enseñanza virtual sin importar si dan clases en primaria, secundaria, preparatoria o universidad.

Algunos, de hecho, han tenido que ajustar sus métodos de enseñanza, así como utilizar plataformas diferentes de las sugeridas por las autoridades educativas con el fin de hacer más eficientes las sesiones y facilitar el acceso a la información al mayor número de alumnos.

Son numerosos los retos y dificultades a los que se han enfrentado los 2.066,073 maestros que hay en México, según las cifras del Sistema de Información y Gestión Educativa. De acuerdo con la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo del Instituto Nacional de Estadística y Geografía, tan solo en nivel básico hay 1.197,778.

Uno de los problemas a los que los docentes se han enfrentado es la limitación del acceso a internet por numerosos estudiantes.

Seis profesores —dos de primaria, igual número de secundaria y también dos de preparatoria— le explican al Diario la manera en que cumplen su labor docente en tiempos de pandemia y el resultado de convertir sus casas en salón de clases.— Jorge Iván Canul Ek

Fabiola Canché Cen

Foto: Megamedia

Cuando Fabiola Canché Cen aún estudiaba en la Escuela Normal, sus profesores le decían que algún día la enseñanza con medios digitales desplazaría a las clases en el aula.

“Lo veíamos lejano y resulta que lo estamos viviendo en este momento por el coronavirus”, dice.

Con apenas un año como docente, Fabiola, maestra del cuarto grado en la primaria “José María Iturralde” de Maxcanú, opina que la educación virtual implica muchos retos. El principal: los recursos digitales.

Como recién egresada de la carrera, admite que a ella no le fue tan complicado adaptarse a los requerimientos, pero no así a sus compañeros con más años de experiencia. “Creo que a ellos sí les está costando más trabajo”.

Para darle seguimiento a sus alumnos, que toman clase por televisión con el programa “Aprende en casa”, la docente utiliza los grupos de WhatsApp, aplicación con la que cuenta la mayoría de las mamás de sus alumnos.

A través de mensajes resuelve dudas, aunque admite que los recursos tecnológicos no pueden reemplazar el trabajo que se hace en el aula. “Al mandar las actividades, siento un poco de impotencia porque no sé si se están llevando al cabo las actividades tal cual y también cómo se está sintiendo el alumno”.

Guillermo Hernández Illescas

Foto: Megamedia

El maestro Guillermo Hernández Illescas, profesor de Cultura Maya en una preparatoria de Mérida, considera que las clases en línea ofrecen ventajas para quienes tienen servicio de internet, computadora o tableta.

Porque ni siquiera los que cuentan con celular salen bien librados, pues, si bien con ese dispositivo se manejan bien las redes sociales, no se puede decir lo mismo de archivos de Word o Excel, que en algunos equipos no pueden leerse.

Guillermo considera que aún no es viable optar por una educación solo en línea, ya que la mayoría de los alumnos no es autodidacta. “Muchos necesitan al maestro: verlo, comentarle, y a mí como maestro me gusta ver las reacciones de mis alumnos”.

El profesor, que también labora en una universidad privada, ha recurrido a Skype, Zoom y WhatsApp para dar clases, además de plataformas de las escuelas. Una estrategia ha sido compartir vídeos de sus clases.

“Con la pandemia me puse a estudiar cómo dar una clase virtual. Ya me hice youtuber, manejador de Skype y WhatsApp Web, que me encanta porque me conecto con los alumnos y les transfiero los archivos más rápidamente”, confiesa el docente, que en esta situación ha notado necesidades en sus estudiantes, por ejemplo que algunos no pueden acceder a determinada plataforma, por lo cual hacen la tarea en el cuaderno, le toman una foto y se la envían por WhatsApp.

“Eso me encanta, porque ves el interés. Nosotros tenemos que buscar alternativas y ser flexibles”, apunta.

Carolina Pérez Alfaro

Foto: Megamedia

Carolina Pérez Alfaro, maestra de las asignaturas de Física y Química en el Cobay de Kanasín, no ha tenido muchos problemas para usar plataformas tecnológicas al impartir sus clases, pues ya acostumbraba a inculcar en sus alumnos el empleo de dichas herramientas.

Desde el inicio de cada ciclo escolar sube algunos contenidos a Classroom, a fin de que se consulte como complemento de lo que se enseña en clase. “No era obligatorio, pero con la pandemia sí, porque allí es donde se dan las clases”, explica.

Al igual que otros docentes, se ha topado con que no todos sus alumnos cuentan con computadora propia, de ahí que también utilice WhatsApp. “Classroom es bastante bueno, pero muchos muchachos no cuentan con un teléfono compatible. Al menos el 50% del salón sí está laborando dentro de la plataforma”, indica.

Carolina añade que solo un 20% de sus alumnos tiene computadora propia, un 60% cuenta con una en casa, pero es del papá o el hermano, y el resto debe trabajar con su celular o ir con algún vecino.

Admite que las clases virtuales pueden ser un poco complicadas, sobre todo en lo que respecta a la comunicación con los estudiantes.

“En la enseñanza presencial te das cuenta de muchos factores, sobre todo del estado anímico del estudiante”, explica la maestra, que considera que en un futuro las clases virtuales podrían ser un complemento de rutina en la educación.

César Canul Ek

Foto: Megamedia

Como profesor de Tecnología Pecuaria en la Secundaria Técnica número 42 de Opichén, César Canul Ek se las tuvo que ingeniar para continuar con el programa académico, pues el 80% de sus clases eran prácticas en las minigranjas de pollos y cerdos de la escuela.

“Como no hay granjas, ahora estamos llevando pura bibliografía. Es complicado, porque en el curso solo teníamos una guía, todo lo demás lo hacíamos en el taller. Ahora tengo que revisar mis libros e investigar para luego hacer un resumen”, explica.

El docente recurrió a Classroom, pero casi al instante se dio cuenta que no era factible continuar en la plataforma, pues la mayoría de sus alumnos no tiene servicio de internet.

“De allí pasamos a WhatsApp, pero igual no todos cuentan con saldo y se atrasan en sus tareas”. Otros no tienen teléfono y usan los de sus papás una vez que éstos regresan de trabajar.

Por ello flexibilizó su horario. “Les di como límite el sábado para entregar tareas, pues los papás de algunos de ellos trabajan en otra ciudad y regresan los viernes por la noche. Me llegan tareas a las 6 de la mañana, a las 8, 9 o 10 de la noche y ni modo que no responda si a esa hora (el alumno) pudo conseguir un teléfono”, afirma.

Ya no utiliza Classroom, porque de los 250 alumnos matriculados solamente 100 pudieron ingresar a la plataforma y de éstos muchos dejaron de tener acceso en el transcurso de los días.

Wílliam Marrufo

Foto: Megamedia

“Mi horario, que era de 7 de la mañana a 12 del día, ha pasado a ser de 24 horas porque hay alumnos que a las 12 de la noche nos mandan sus tareas”, dice Wílliam Manuel Marrufo Pérez al hablar de las clases en línea que la Secretaría de Educación implementó por el confinamiento.

Y es que, debido a que en Timucuy, donde da clases de quinto grado en la primaria “Víctor Gallo Martínez”, las antenas de televisión tienen mala recepción de señal y muy pocos cuentan con servicio de cable, optó por enviar las lecciones y tareas a través de WhatsApp.

“Mi esposa es la que me graba las clases y para mandárselas tengo que comprimir los vídeos, porque a veces le ponen crédito de $15 a sus teléfonos y son muy pocos los megas... Entonces hay que ver que ellos los puedan descargar lo mejor posible”, apunta.

En un principio trató de fijar un horario para mensajes, pero se dio cuenta que muchos no seguían el ritmo de la enseñanza pues el celular que utilizan es de papá o mamá, que trabajan y regresan a casa a otra hora. Por esa razón empezó a aceptar el envío de tareas en cualquier momento.

“Si es difícil trabajar con WhatsApp, que el alumno tenga una laptop es un sueño guajiro... No todo lo que nos presta la Secretaría de Educación se puede aplicar como quiere, lo tenemos que adaptar según el contexto”.

Wilma Balam Ruiz

Foto: Megamedia

Con más de 30 años de servicio como maestra, Wilma Beatriz Balam Ruiz sintió un poco de temor al enterarse de que, en el tiempo que durara el confinamiento, las clases serían virtuales. Sin embargo, reconoce que el cambio le ha permitido aprender de tecnología y perderle el miedo.

Directora de la secundaria “Karol Josef Wojtyla” del Centro Escolar “Teresa de Calcuta”, donde también imparte Español, la maestra Balam Ruiz señala que la enseñanza se está adaptando a una situación totalmente diferente.

“Ahora, a través de dispositivos digitales tenemos que estar en más comunicación con padres y alumnos para mandar tareas (…) La verdad nos está haciendo aprender muchas cosas. Personas de mi edad teníamos un poco de miedo a la tecnología y ahora estamos aprendiendo y enfrentándonos a ella”, indica.

Lamenta que no todos los alumnos avancen a la misma velocidad con las clases en línea, lo que ha obligado a adaptar los contenidos. “Si de manera presencial es difícil, de manera virtual aún más porque no hay la misma retroalimentación, por eso los papás que apoyan a sus hijos merecen nuestro reconocimiento”, subraya.

Considera que las clases virtuales difícilmente reemplazarán a las presenciales, “pero, sin duda, serán un gran apoyo en el futuro, sobre todo en caso de niños enfermos y, además, a muchos les van a gustar”.

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