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Ermilo: Heredar en vida

El pintor Ermilo Torre Gamboa con una obra de “Legado”

“Dueño de una paleta luminosa y sin estridencias”

Quizá no exista mejor representante de la tradición clásica de la pintura en Yucatán que Ermilo Torre Gamboa, veterano y experto maestro, dueño un pincel absolutamente controlado, de paleta luminosa y sin estridencias, de infinito quehacer y pródiga manufactura.

El 18 de octubre ppdo., como sabemos, se inauguró su exposición “Legado” en las salas 10, 11 y 11 bis del museo Fernando García Ponce. Título ad hoc para la herencia que en vida el maestro Ermilo ya brindó a su tierra, y quien a sus 95 años toca con los dedos el pasado pero todavía, incansable, mira con sus ojos azules al futuro. Para él, de eso se trata la vida.

Tal cual ha anotado con precisión en la hoja de sala de la muestra el maestro Rafael Pérez y Pérez, Torre Gamboa “rescata la tradición ‘clásica de la pintura’ a la cual, por decisión personal y evolución creativa derivada de un largo trabajo constante, se adhiere con libertad a una postura romántica que lo hermana a distintas vanguardias de disímiles tiempos”.

Así, la exposición que hoy llega hasta nosotros obedece a una acertada curaduría que se aparta del largo elenco de los abundantes encargos que ha recibido el pintor yucateco y abre las salas a su desarrollo artístico personal: obra creada por vocación, impulso, volición experimental, inquietud temática o deseo explícito expresivo de acercarse a un objetivo artístico concreto .

Su obra por supuesto que tiene innumerables variantes en una trayectoria tan extensa en la cual Torre Gamboa ha sido capaz de ser él siempre el mismo sin dejar de incursionar con curiosidad controlada, en libertades de factura, innovaciones técnicas e incluso ejercicios abstractos. Y en todo ello, abordar contenidos de heterogénea índole, desde los “grandes temas” hasta asuntos nacionales o regionales o incluso el íntimo contexto del ámbito autobiográfico y familiar. En suma, la vida cotidiana, la patria, la guerra, la intimidad, el silencio, la belleza, la muerte, la esperanza. Todo ha tocado la humedad de su pincel.

Hace un año, exactamente en noviembre, el Centro Cultural ProHispen le realizó una entrañable ceremonia en la que participaron amigos, familia y allegados. Fernando Palma Burgos, Benjamín Emeterio Márquez y su nieto Jorge Emilio Espinosa Torre tomaron la palabra para brindar cada uno una semblanza personal del homenajeado. En aquella ocasión, recuerdo, don Ermilo me dijo con emoción: “el año que viene presentaré una gran exposición en el Macay, ya la estoy preparando”. Ese mañana ya es hoy, y su “Legado”, como la muestra se titula, llega hasta nosotros: es la herencia en vida de un veterano de la tradición artística de Yucatán, referente obligado y eje conector entre su notable tío abuelo Juan Gamboa Guzmán, pintor todavía no suficientemente estudiado todavía, y su muy joven nieto, activo y destacado artista contemporáneo Jorge Ermilo Espinosa Torre, quien por cierto en aquel homenaje del año pasado dijo que su abuelo le parecía “un niño” dados su espíritu lúdico, su carácter y alegría.

Esa alegría que conocimos un día hace más de 20 años en su taller de la colonia Buenavista, luminoso y abierto, donde el aire y el sol intercambiaban turnos en las ventanas orientadas sabiamente norte-sur, así como su bonhomía y generosidad, tan escasas en la actualidad, abonan peso específico a su ya de por sí gran “Legado” artístico, testimonio vital de una trayectoria intachable y luminosa.— María Teresa Mézquita Méndez para El Macay en la Cultura

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