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Es un valor trascendente

Foto: Megamedia

Hablemos de Bioética

El argumento más fuerte, presentado por los defensores de la eutanasia es que el sufrimiento inútil es un mal que se debe evitar. Esta concepción materialista de la vida es el camino que inevitablemente conduce a la eutanasia.

Por el contrario, la fe cristiana sostiene que el sufrimiento humano adquiere un valor trascendente que, unido a la pasión y muerte en cruz de Jesucristo, libera al hombre y le permite gozar de la vida eterna. Hay que reconocer que la muerte, precedida o acompañada a menudo de sufrimientos atroces y prolongados, es un acontecimiento que naturalmente angustia el corazón del hombre. El dolor físico es ciertamente un elemento inevitable de la condición humana. A nivel biológico, constituye un signo cuya utilidad es innegable.

Puede ocurrir que alguien quiere vivir con lucidez su propia muerte y rehusar el empleo de calmantes que pueden suprimir la conciencia. En tal caso deben ser respetados sus deseos, porque forman parte del anhelo de morir con dignidad.

Sin embargo, no sería prudente imponer como norma general un comportamiento heroico determinado. Al contrario, la mayor parte de los enfermos requiere el uso de las medicinas adecuadas para aliviar o suprimir el dolor, aunque de ellos se derive, como efecto secundario, el entorpecimiento o menor lucidez.

Los analgésicos

Hay que hacer notar que el uso intensivo de analgésicos no está exento de dificultades, ya que el hecho de acostumbrarse a ellos obliga generalmente a aumentar la dosis para mantener su eficacia. Es conveniente recordar una declaración del papa Pío XII, que conserva aún toda su validez. Un grupo de médicos le había planteado esta pregunta: ¿la supresión del dolor y de la conciencia por medio de narcóticos está permitida al médico y al paciente por la religión y la moral? El Papa respondió: “Si no hay otros medios y si, en tales circunstancias, ello no impide el cumplimiento de otros deberes religiosos y morales: Sí”.

En efecto, está claro que la muerte no es querida o buscada de ningún modo, aunque se corra el riesgo por una causa razonable; simplemente se intenta mitigar el dolor de manera eficaz, usando para tal fin los analgésicos a disposición de la Medicina.

Los analgésicos que producen la pérdida de la conciencia en los enfermos, merecen una consideración particular. Es sumamente importante que los hombres y las mujeres no solo puedan satisfacer sus deberes morales y sus obligaciones familiares, sino también y sobre todo que puedan prepararse con plena conciencia al encuentro con Cristo.— Presbítero Alejandro de J. Álvarez Gallegos, licenciado en Bioética

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