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Es una terapia ligada al amor

Foto: Megamedia

Hablemos de Bioética

La Iglesia, con gran estima y sincera esperanza, estimula los esfuerzos de los hombres de ciencia que se dedican diariamente, a veces con grandes sacrificios, al estudio y a la investigación para mejorar las posibilidades diagnósticas, terapéuticas, de pronóstico y de rehabilitación de pacientes totalmente confiados en quien los cuida y asiste.

En efecto, la persona en estado vegetativo no da ningún signo evidente de conciencia de sí o del ambiente, y parece incapaz de interactuar con los demás o reaccionar a estímulos adecuados.

Los estudiosos consideran que es necesario ante todo llegar a un diagnóstico correcto, que normalmente requiere una larga y atenta observación en centros especializados, teniendo en cuenta también el gran número de errores de diagnóstico referidos en la literatura. Además, no pocas de estas personas, con una atención apropiada y con programas específicos de rehabilitación, son capaces de salir del estado vegetativo. Al contrario, muchos otros, por desgracia, permanecen prisioneros de su estado, incluso durante períodos de tiempo muy largos y sin necesitar soportes tecnológicos.

En particular, para indicar la condición de aquéllos cuyo “estado vegetativo” se prolonga más de un año, se ha acuñado la expresión: estado vegetativo permanente. En realidad, a esta definición no corresponde un diagnóstico diverso, sino solo un juicio de previsión convencional, que se refiere al hecho de que, desde el punto de vista estadístico, cuanto más se prolonga en el tiempo la condición de estado vegetativo tanto más improbable es la recuperación del paciente.

Sin embargo, no hay que olvidar o subestimar que existen casos bien documentados de recuperación, al menos parcial, incluso a distancia de muchos años, hasta el punto de que se puede afirmar que la ciencia médica, hasta el día de hoy, no es aún capaz de predecir con certeza quién entre los pacientes en estas condiciones podrá recuperarse y quién no.

Es por eso que la esperanza y los debidos cuidados paliativos del enfermo no hay que subestimarlos, sino encauzarlos a su mejor fin. El paciente debe experimentar aun en medio de su inconsciencia los efectos de una terapia ligada al amor y comprensión de parte de los agentes sanitarios y de su familia misma. Como comunidad cristiana debemos ofrecer el soporte necesario para llevarse al cabo. La integración de diversos elementos ayudará al enfermo a no sentirse solo y abandonado.— Presbítero Alejandro Álvarez Gallegos, doctorando en Bioética

 

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