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Lupe Pintor: la difícil vida de una leyenda del boxeo

“Un boxeador con ángel”, libro sobre su vida en la Filey

José Guadalupe Pintor, Lupe Pintor para el deporte mexicano, cuenta su vida dentro y fuera de los cuadriláteros en interesante obra escrita por Héctor Leal Ortiz, periodista neoleonés que ayer presentó el libro “Un boxeador con Ángel”, en la Feria Internacional de la Lectura Yucatán (Filey).

“Si volviera a nacer, sería boxeador otra vez”, dijo el “Grillo de Cuajimalpa”, dos veces monarca universal y miembro del Salón de la Fama del Boxeo Mundial, durante la presentación del libro, en del Centro de Convenciones Siglo XXI.

El destacado expúgil, próximo a jubilarse como empleado del gobierno de Ciudad de México (trabaja en un archivo estatal), habló de su trayectoria, de las razones por las que fue boxeador, de sus grandes peleas y de lo valioso que fue salir del marasmo de su vida de niño, humillado y golpeado por su padre y sin qué comer muchas veces. Y de algo que para él es fundamental: la familia, guiada por la mujer.

“Fui boxeador porque tenía carencias. En esa época había necesidades, y no había oportunidades”, explicó Pintor, cuyo salto a la fama se dio tras una controvertida victoria sobre Carlos Zárate para arrebatarle la corona mundial de peso gallo.

Hasta entonces, como detalla Leal Ortiz en su obra, creada con el auspicio de la Universidad Autónoma de Nuevo León, Pintor había estado a la sombra del “Cañas”, y tardó en ser reconocido como una figura de la Fistiana mexicana. “Pero duré lo que duré porque fui disciplinado”

“Me tocó escoger esta carrera por necesidad. Y apliqué una palabra que fue clave para que pueda llegar hasta donde llegué: disciplina”.

Lupe fue campeón del CMB, en gallo de 1979 a 1982 y supergallo de 1985 a 1986. Estuvo involucrado en algunas de las peleas más espectaculares, controvertidas y tristes de la historia: la de Zárate, por el resultado; la de “Macho” Camacho”, por lo violenta, y la de Jhonny Owens, muerto tras ser noqueado por Pintor. De esta última batalla comenta: “En el ring te juegas la vida. Somos dos en el cuadrilátero. Era él o era yo”. Y aun sueña, recuerda y llora por Owens.— Gaspar Silveira

 

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