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Frenan la pandemia de Covid-19

Katalin Karikó

Premian su labor con el Princesa de Asturias de 2021

Siete investigadores —cuatro hombres y tres mujeres—, que desarrollaron en un tiempo récord algunas de las vacunas contra el Covid-19 que han frenado en poco más de un año una pandemia que paralizó el planeta, fueron distinguidos ayer con el Premio Princesa de Asturias de Investigación Científica y Técnica.

Según el acta del jurado, presidido por el físico español Miguel Echenique, los trabajos de los siete premiados —la bióloga húngara Katalin Karikó (1955); el inmunólogo estadounidense Drew Weissman; los doctores alemanes Ugur Sahin (1965) y Özlem Türeci (1967); el biólogo canadiense Derrick Rossi (1966); la vacunóloga británica Sarah Gilbert (1962), y el bioquímico estadounidense Philip Felgner (1950)— constituyen un gran ejemplo de la importancia de la ciencia básica para la protección de la salud global.

Al premio optaban 48 candidaturas de 17 nacionalidades y a juicio del tribunal, los científicos distinguidos condujeron, con sus largas trayectorias en investigación básica, a innovadoras aplicaciones como la obtención, en un tiempo extraordinariamente corto, de vacunas efectivas para luchar contra la pandemia de Covid-19.

Además, incide en que tanto el desarrollo de la tecnología novedosa del ARN mensajero, como la producción de vacunas basadas en adenovirus, abren un camino de esperanza para su uso frente a otras enfermedades a partir de un trabajo de muchos años, realizado de forma independiente y desde diferentes estrategias y que tiene como blanco común a la proteína S, presente en la superficie del coronavirus que facilita su unión y entrada a las células.

Su candidatura fue propuesta por el biólogo británico, Peter Lawrence, Premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica y Técnica 2007 junto a su homólogo español Ginés Morata, y contó con el apoyo mayoritario de un jurado que precisamente, como consecuencia de la pandemia mundial, llevó al cabo ayer sus deliberaciones de forma telemática.

Felgner es un pionero en el uso de “microarrays” de proteínas para entender cómo responde el sistema inmunitario a diferentes microorganismos infecciosos mientras que Katalin, considerada la madre de las vacunas basadas en el ARN mensajero, trabajó en su desarrollo junto a Weissman, tras comprobar que esta molécula ocasionaba fuertes reacciones inflamatorias porque el sistema inmunitario la detectaba como intrusa.

Ambos introdujeron pequeños cambios en la estructura del ARN para que estas reacciones no tuvieran lugar, un avance que sentó las bases para el uso de terapias de ARN y cuyos resultados sirvieron a Sahin y Özlem (BioNTech) y Rossi (Moderna) para el desarrollo de las vacunas basadas en ARNm que actualmente están aprobadas contra el Covid-19.

Su uso, además se puede extender a diferentes áreas de la medicina como el cáncer, las enfermedades autoinmunitarias o la regeneración de tejidos.

Por su parte, Sarah fue otra de las personas que trabajaron para conseguir la vacuna de Oxford/AstraZeneca, basada en un adenovirus que se utiliza como vector para introducir en las células el ADN que codifica la proteína S estimulando la respuesta inmunitaria.

“Juntos hemos marcado la diferencia”, afirmó Sarah tras conocer la concesión de un galardón que les llega tras un 2020 que arrancó con una pandemia que cambió la vida y la economía del mundo y que, poco más de un año después de que el Premio de la Concordia distinguiera a los sanitarios españoles por su lucha contra el Covid-19, se cierra con la demostración de la capacidad de la ciencia para hacerle frente, ya con vacunas, en un corto período.

En una declaración remitida por la Fundación que concede los galardones, Sarah se muestra “encantada” de obtener esa distinción y sostiene que “trabajaron tan duro para crear y desarrollar vacunas contra el SARS-CoV-2, que están siendo usadas a gran escala para salvar vidas en todo el mundo”.

Por su parte, Rossi considera “un gran honor” obtener el premio que supone “una verdadera lección de humildad estar en compañía de científicos tan distinguidos como los galardonados presentes y pasados de este premio”.

Sahin señala que el Princesa de Investigación es un “maravilloso reconocimiento de cómo la ciencia puede marcar la diferencia para la humanidad” y se declara “muy agradecido” por haber podido contribuir a la lucha contra esta pandemia y “ayudar a tanta gente” con su trabajo.

Profundamente honrada

Junto a él, Özlem asegura que se siente “profundamente honrada por ser considerada una embajadora digna para la causa que este premio representa: la mejora de la vida como el objetivo más noble de la ciencia”.

Felgner está “muy feliz” de que el jurado lo haya tenido en cuenta junto a los otro seis distinguidos, en representación de unos equipos que “llevan trabajando desde hace décadas en sus investigaciones para responder al brote de Covid actual”.

“Para mí, pondrá un maravilloso broche final a este difícil año del brote que todos hemos vivido, un auténtico momento para la celebración”, manifiesta en unas declaraciones remitidas a la Fundación Princesa.

El de Investigación es el séptimo premio en fallarse de los ocho que concede la Fundación Princesa de Asturias tras los otorgados al escritor francés Emmanuel Carrère (Letras), a la artista serbia Marina Abramovic (Artes); a la escritora estadounidense Gloria Steinem (Comunicación y Humanidades); al economista indio Amartya Sen (Ciencias Sociales); a la nadadora paralímpica española Teresa Perales (Deportes), y a Camfed, la organización que busca erradicar la pobreza en el África subsahariana mediante la educación (Cooperación Internacional).

Cada Premio Princesa de Asturias, de los que solo falta por conocerse el de Concordia cuyo fallo se dará a conocer el 30 de junio, está dotado con una escultura de Joan Miró —símbolo representativo del galardón—, un diploma acreditativo, una insignia y 50 mil euros.— EFE

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