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¡Haga fortuna! Venda plátanos

Emmanuel Perrotin

La controversial obra de arte de Maurizio Cattelan

¡Perdonen! Llego un poco tarde a la discusión sobre el plátano de Maurizio Cattelan… Eso suena mal. Me refiero a esa “obra de arte” que estuvo en la Art Basel de Miami, además de haber estado también en boca de todos. ¡En especial en la de David Dantuna, que se lo comió! ¡El plátano pegado con cinta a la pared, vendido en 120,000 dólares, en la barriga de un tocayo! ¡Dios mío! ¡El mundo del arte contemporáneo está loco!

La conversación sobre “Comedian”, del artista italiano Maurizio Cattelan (suena mucho mejor dicho así), fue un muy feliz fogonazo que ya va disipándose. El plátano sufrió el muy trágico destino de ser comido. La obra dejó de existir así en la galería de arte contemporáneo Perrotin. La reflexión, muy a pesar de los amantes de la controversia en este medio, el del arte, resulta un sinsentido.

Corrijo. No es un sinsentido: es falta del sentido del humor, quizá exceso de academicismo o del querer-que-el-arte-solo-represente-cosas-bellas-y-complicadas.

En general, la trayectoria de Cattelan ha sido estridente. No se trata de la primera vez que la obra del paduano es tendencia mundial. A mediados de septiembre robaron la obra “American 2016 Gold”: un retrete de oro macizo valuado, previo al robo, en más de un millón de dólares. Esfumado, su valor se infló hasta multiplicarse por cinco.

“Comedian” para nada es la obra más cara de Cattelan. ¿Qué comprarían ustedes con dos millones y medio de dólares? ¿Una mansión? ¿Muchos autos? ¿Un Pinocho de resina boca abajo flotando en un depósito de agua? Si su opción es la última, Maurizio Cattelan habría dado en el clavo. Su escultura “Daddy, Daddy”, presentada por primera vez en el Guggenheim Museum de Nueva York, allá por 2008, se vendería cuatro años después en poquito más de lo mencionado (2.546,500, para ser exactos). ¿Indignante? No lo creo así.

Pasa que Cattelan crea objetos que, por sí mismos, aparentan poco valor. “Him”, la obra que más dinero le dio al artista (subastada por 315 millones de pesos), es un Hitler chiquito en actitud de rezo. Definitivamente no es una escultura bella (el Führer era feo como el final de la quincena). Tampoco puede hablarse de que sea costosa por los materiales utilizados. Pero, vamos, ¿alguna vez usted creyó sentir otra cosa por “él” que no fuera odio, o temor, o algo negativo? ¿Sentir compasión o ternura por Hitler? Creo que lo que vale allí es la experiencia evocada a través del objeto. La experiencia vivida es sorprendente; la obra, no tanto.

Creo que la palabra “experiencia” sintetiza bastante bien el sentido de la obra de Cattelan, que no cautiva por su belleza ni por su novedad (Marcel Duchamp ya había presentado “La Fuente”, el famoso mingitorio del mundo del arte), pero sí por todo lo que pasa alrededor cuando se presenta algo suyo en una galería o museo.

Siento que el escultor italiano ha comprendido tan bien el contexto artístico que sabe precisamente lo que causará furor. Conoce muy bien qué botón detona el explosivo. En el caso del plátano, el más evidente factor sorpresa es el precio y el espacio donde fue presentado. La designación de estos dos factores, la colocación de la cinta en lugar de un marco o un stand, el nombre de la obra, su espontaneidad, el escándalo, la burla… todo esto conforma la experiencia que nos ha hecho vivir. Bajo estas circunstancias, daba un poco igual que fuera una berenjena o cualquier otro fruto. El valor artístico no está en la pieza, ni en su material ni en la complejidad de su elaboración. Está en las reacciones, consecuencias, discusiones, defensas, ataques, y demás. El efecto en el entorno es lo que Cattelan quería, y díganme si no lo ha logrado.

“Fascinación” es otra palabra que me parece idónea. “Experiencia fascinante”, así veo la obra de Cattelan. Sea para provocar risas o alarmas, Maurizio no pasa desapercibido. ¿Quién diría que el mundo se volvería loco por un plátano o por un retrete? Pensar en ello me ha hecho reír más de una vez. Los y las artistas también saben reír. Recordemos eso antes de rasgarnos las vestiduras. La comedia es simple. No le demos más vueltas. Feliz Navidad. Regale un plátano. Valen mucho, ya vio. ¡Haga fortuna! ¡Venda plátanos!— David Santiago Mayoral Bonilla para “El Macay en la cultura”

 

“Creo que la palabra ‘experiencia’ sintetiza bastante bien el sentido de la obra de Cattelan, que no cautiva por su belleza ni por su novedad… pero sí por todo lo que pasa alrededor cuando se presenta algo suyo en una galería o museo”

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