in

Homenaje a profesora ejemplar

La profesora Eugenia Milke Enseñat dejó huella en la comunidad teresiana de Mérida

Ana Carolina Briceño de la Rosa(*)

El pasado viernes 30 de abril en la comunidad teresiana lamentamos la pérdida de Eugenia Milke Enseñat, una de nuestras más queridas y reconocidas profesoras.

De 1977 a 2014, es decir por 38 años consecutivos, Eugenia impartió en el Colegio Teresiano clases de Literatura Universal, Literatura Mexicana y Latinoamericana e Historia del Arte.

Como bien indicó el obituario en el Diario, la profesora “enriqueció a muchas generaciones de alumnos con sus conocimientos, vasta cultura y ejemplo” y este enriquecimiento no se detuvo en 2014, pues Eugenia, a través del centro cultural Tuukul siguió impartiendo cursos sobre la tragedia griega y otros temas de la literatura universal.

Eugenia Milke era una apasionada de la cultura y las artes, y sus alumnas tuvimos la suerte de que además tenía el don de transmitir esa pasión. En sus clases, que eran para las estudiantes de preparatoria, nos llevaba de la mano a descubrir un mundo mucho más amplio e interesante que aquel en el que habitábamos.

Para una escuela que durante tantos años fue exclusivamente de mujeres, es incalculable el impacto y la impresión que una maestra y mujer como Eugenia, tan cosmopolita, tan culta y preparada, tan buena maestra, causó en nosotras, jóvenes de entre dieciséis y dieciocho años.

No hay duda de que la profesora dejó una enorme huella en generación tras generación de Teresianas, para muchas de las cuales ella representó su primer encuentro con las bellas artes. Es por eso por lo que en días recientes las redes sociales se han inundado de mensajes de condolencias, de recuerdos e historias de sus clases y en general de un gran sentido de pérdida para todas aquellas alumnas cuya vida se vio enriquecida por Eugenia.

En lo personal, puedo afirmar que las horas que pasé en las clases de Eugenia fueron de las más felices en mi formación teresiana. Gracias a ella, mi interés por los libros creció hasta convertirse en un amor por la literatura y en un entendimiento de su alcance e importancia fundamental para la humanidad. Recuerdo el privilegio que sentía en cada clase de Literatura Mexicana, en la que, al ser optativa, asistíamos alrededor de diez alumnas que teníamos a la maestra sólo para nosotras. Ahí entendí la relación entre la literatura y la historia y cómo una de las múltiples funciones de la primera es la crítica de la sociedad de donde surge.

Estoy segura de que sus clases influyeron en que eventualmente yo eligiera el camino de la literatura y decidiera estudiar la Maestría en Literatura Comparada. No soy la única. Una amiga del colegio me contó que las clases de Historia del Arte con Eugenia fueron la razón por la cual decidió estudiar arquitectura. Pero más que nada se quedará conmigo el recuerdo de una gran mujer, culta, amable, serena, todas características en las que aspiro algún día poder imitarla.

Mi admiración y cariño hacia ella serán eternos. También lo será mi gratitud por tanta dedicación y por tanta generosidad y si bien hablo a título personal, creo que compartirán mi sentimiento las decenas de generaciones que tuvieron la suerte de tenerla como maestra. Agradezco a Dios por ponerla en nuestro camino y le envío mis más sentidas condolencias a su esposo, hijos, madre y demás familiares y amigos.

Maestra en Estudios Humanísticos por el Tecnológico de Monterrey y Maestra en Literatura Comparada por la Universidad de Edimburgo.

 

Niño de seis años causa peculiar accidente en Ciudad Caucel