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Homilía del Domingo de Pascua

Foto: Megamedia

Ciclo C

Hch 10, 34. 37-43; Col 3, 1-4; Jn 20, 1-9 o bien, Lc 24, 1-12 o en la tarde Lc 24, 13-35.

“¿Por qué buscan entre los muertos al que está vivo?” (Lc 24, 5).

Ki’óolal lake’ex ka t’aane’ex ich maya, kin tsik te’ex ki’imak óolal yéetel in puksi’ikal, bey xan kin k’aat óoltik ti’olal te’ex  jun péel ki’imak óolal  Pascua’. Bejla’e’  k kiinbensik u ka’a púut kuxtal Cristo’. Te’ muukano’, le ángelo’ tu k’aat chi’ita’ ti’ le ko’olelo’obo’: ¿Ba’axten ka kaxte’ex ichil le kimeno’obo’ le máax kuxa’ano’?

Muy queridos hermanos y hermanas, les saludo con el afecto de siempre en este domingo en el que celebramos nuestra fiesta: la Resurrección de Cristo. ¡Les deseo una muy feliz Pascua!

El día primero de abril fue publicada la Exhortación Apostólica Postsinodal “Christus Vivit” (Cristo Vive) del Papa Francisco, donde él recoge y expone a su manera algunas de las conclusiones del pasado Sínodo de los Obispos del mes de octubre, en el que se trató el tema de “los Jóvenes, la Fe y el Discernimiento vocacional”. La fe pascual es fundamental y esencial en la vida cristiana, por lo que este título es muy provocador para los jóvenes y para todos nosotros, pues nos lleva a darnos cuenta de que nuestra fe no es historia del pasado, sino que es la realidad del Señor Resucitado que camina junto a nosotros, que nos quiere vivos y en su nombre respondemos a las distintas realidades que se nos presentan.

Dice el Sumo Pontífice en los primeros dos números de esta Exhortación:

Vive Cristo, esperanza nuestra, y Él es la más hermosa juventud de este mundo. Todo lo que Él toca se vuelve joven, se hace nuevo, se llena de vida. Entonces, las primeras palabras que quiero dirigir a cada uno de los jóvenes cristianos son: ¡Él vive y te quiere vivo!

Él está en ti, Él está contigo y nunca se va. Por más que te alejes, allí está el Resucitado, llamándote y esperándote para volver a empezar. Cuando te sientas avejentado por la tristeza, los rencores, los miedos, las dudas o los fracasos, Él estará allí para devolverte la fuerza y la esperanza (CV 1-2).

Les había comentado previamente que esta Exhortación Apostólica, fue firmada por el Papa en el santuario de la Virgen de Loreto, en la Solemnidad de la Anunciación (Encarnación) el pasado 25 de marzo de 2019, para ejemplificar que así como el Verbo vino a este mundo mediante el “Sí” de María, así se necesitan jóvenes valientes como María, “vivos” como dice en la primeras palabras, dispuestos a decirle “sí” al Señor en todo lo que les pida; a creerle a Él y a seguirlo con fe, confianza y alegría, en cualquier vocación que les descubra mediante el diálogo personal con Él para discernir.

En dicha exhortación habla también el Santo Padre, de la Vida, de la Resurrección y del Discernimiento:

Lo fundamental es discernir y descubrir que lo que quiere Jesús de cada joven es ante todo su amistad. Ese es el discernimiento fundamental. En el diálogo del Señor resucitado con su amigo Simón Pedro la gran pregunta era: «Simón, hijo de Juan, ¿me amas?» (Jn 21,16). Es decir: ¿Me quieres como amigo? La misión que recibe Pedro de cuidar a sus ovejas y corderos estará siempre en conexión con este amor gratuito, con este amor de amistad (CV n. 250).

         Luego, más adelante el Santo Padre nos habla de una vida de amor, para los jóvenes, y que a los mayores nos rejuvenece. Dice:

         Porque «la vida que Jesús nos regala es una historia de amor, una historia de vida que quiere mezclarse con la nuestra y echar raíces en la tierra de cada uno. Esa vida no es una salvación colgada “en la nube” esperando ser descargada, ni una “aplicación” nueva a descubrir o un ejercicio mental fruto de técnicas de autosuperación. Tampoco la vida que Dios nos ofrece es un “tutorial” con el que aprender la última novedad. La salvación que Dios nos regala es una invitación a formar parte de una historia de amor que se entreteje con nuestras historias; que vive y quiere nacer entre nosotros para que demos fruto allí donde estemos, como estemos y con quien estemos. Allí viene el Señor a plantar y a plantarse (CV n. 252).

         Joven, ¿quieres vivir esta historia de amor, que Cristo resucitado te propone? Adulto, ¿quieres rejuvenecer amando y siendo amado por Cristo?

         En cuanto a la Palabra de Dios en la liturgia de hoy, iniciamos la lectura del Libro de los Hechos de los Apóstoles, en el que se nos narra el nacimiento y primer desarrollo de la Iglesia. Todos los cincuenta días del Tiempo de Pascua tendremos como primera lectura pasajes de este texto, y en estos primeros días serán ante todo episodios en los que Pedro o algún otro discípulo dan testimonio de la resurrección del Salvador.

         Hoy dice el texto: “Dios lo resucitó al tercer día y concedió verlo, no a todo el pueblo, sino únicamente a los testigos que él, de antemano, había escogido: nosotros que hemos comido y bebido con él después de que resucitó de entre los muertos” (Hch 10, 40-41).

         No habrá en tiempo de Pascua lecturas del Antiguo Testamento para subrayar que todo es nuevo con Cristo Resucitado y con su Cuerpo Místico, que es la Iglesia. Sólo el Salmo responsorial por supuesto, será del Antiguo Testamento, y en esta Octava de Pascua que hoy inicia estaremos recitando el cántico festivo del Salmo 117: “Este es el día del triunfo del Señor. Aleluya”.

         En la segunda lectura de hoy, tomada de la Carta a los Colosenses, san Pablo nos habla de la consecuencia de creer en la resurrección de Cristo, y ésta es vivir como resucitados, es decir, poniendo nuestro corazón en los bienes del cielo, teniendo criterios trascendentes para iluminar nuestro camino cotidiano y todo cuanto sucede. La verdad es que muchos bautizados, aunque digan creer en Cristo, viven como si sólo les importaran las cosas de este mundo y no estuvieran más bien invirtiendo para la eternidad.

         Se nos proponen tres posibles textos del Evangelio, uno para la mañana temprano, otro durante día y otro para el atardecer. El primero es según san Juan, y entre otras cosas nos presenta la reacción de los apóstoles Pedro y Juan, cuando María Magdalena les avisó que el sepulcro de Cristo estaba vacío; entonces ellos salieron corriendo, y Juan que era el más joven, llegó primero al sepulcro y se asomó, pero no entró, sino que dejó que Pedro entrara en primer lugar (cfr. Jn 20, 1-9). Jóvenes, ustedes van siempre más de prisa que nosotros los mayores, tengan paciencia con nosotros y den su lugar a los ancianos a quienes la sociedad parece marginar. La vitalidad de los jóvenes y la sabiduría de los viejos hacen una magnífica y fructífera combinación.

         El segundo texto evangélico posible es según san Lucas, el cual  subraya la acción del grupo de mujeres que iban a embalsamar a Jesús y se encuentran con la piedra removida y el sepulcro vacío, mientras que unos ángeles en figura de varones con vestiduras resplandecientes se les aparecen y les hacen el dulce reproche: “¿Por qué buscan entre los muertos al que vive?”,  luego se convirtieron en las primeras en llevar la buena nueva a los Apóstoles (cfr. Lc 24, 1-12). Hoy siguen siendo ordinariamente las mujeres, las primeras en evangelizarnos aún antes de nuestro nacimiento.

         El tercer evangelio es también según san Lucas, dispuesto para leerse al anochecer, el cual nos narra la experiencia de dos discípulos que, desanimados, se separan del grupo y regresan llenos de tristeza a su pueblo de Emaús. Jesús resucitado se aparece caminando junto a ellos sin que lo reconocieran, ilustrándolos y explicándoles los pasajes del Antiguo Testamento que anunciaban la pasión y muerte del Mesías, lo mismo que su resurrección. Luego lo reconocen cuando, al aceptar quedarse con ellos en casa, hace la fracción del pan (cfr. Lc 24, 13-35). También nosotros como cada domingo, reunidos en comunidad eclesial, reconocemos hoy al Resucitado en la celebración eucarística.

         ¡Qué dramáticas escenas contemplamos del incendio, el pasado Lunes Santo, en la Catedral de Notre Dame en París, Francia! Sin embargo esta es la oportunidad para recordar que la Iglesia vive donde se reúnen los creyentes y que Dios quiere habitar en el templo espiritual de cada persona. Dios les conceda a nuestros hermanos en París recuperar en pocos años su Catedral; pero que ante todo nos conceda a nosotros reconstruirnos día con día y darle a nuestro templo espiritual el mejor mantenimiento.

         Que tengan todos una feliz semana de la Octava de Pascua. ¡Aleluya! ¡El Señor resucitó! ¡Sea alabado Jesucristo!

+ Gustavo Rodríguez Vega

Arzobispo de Yucatán

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