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homilía dominical

Foto: Megamedia

PRESBÍTERO MANUEL CEBALLOS GARCÍA

“Fue tentado…”

El primer domingo de Cuaresma relata las tentaciones de Jesús, quien, antes de comenzar su actividad pública, el Espíritu Santo lo impulsó al desierto.

San Marcos es muy sobrio en el relato de las tentaciones, a diferencia de los relatos de san Mateo y de san Lucas. El significado de estas tentaciones las conviene afrontar Jesús desde el propio proceso de su conciencia mesiánica: Jesús fue tomando conciencia durante un período largo (los 40 días simbólicos), determinando qué tipo de mesianismo le pedía Dios Padre, enfrentando las expectativas mesiánicas que tanto el pueblo como las autoridades tenían a ese respecto.

El mismo Espíritu Santo que descendió sobre Jesús en el Bautismo lo condujo al desierto para ser tentado. San Marcos no se entretiene en darnos a conocer el número de tentaciones y su victoria en cada una de ellas sobre Satanás, pues entiende que se trata del comienzo de una lucha de la que tendrá que ocuparse a lo largo de todo su ministerio. La expulsión de los demonios, tan frecuente en san Marcos, será una constante demostración de que Jesús es el más fuerte.

El Maligno es el símbolo de la oposición al plan de Dios: Satanás quiso apartar a Jesús del camino que Dios le trazó en el Bautismo, hacer que se olvide de los pobres y afligidos, dejar de consolar a los tristes y de anunciar el Evangelio o, como le pidió san Pedro: que cumpla muy bien su misión, pero sin pensar en la cruz ni en los sufrimientos.

Jesús, en el desierto, sufre la tentación de Satanás; pero Dios está a su lado, lo protege mediante sus ángeles, y hace que triunfe en todos los peligros. De este modo, viendo a Jesús como “el nuevo Adán”, a diferencia del primero, Jesús no sucumbe a la tentación sino que la supera.

El contenido del mensaje de Jesús se expresa de este modo: hoy comienza el reinado de Dios y los que deseen participar deben convertirse confiadamente a Jesús y creer en su mensaje. La persona tiene que cambiar la mente y el corazón, y hacer penitencia.

Convertirse exige dos cosas: volver a Dios y mejorar la conducta. La imagen que mejor lo explica es la del hijo pródigo: abandonó la casa paterna y terminó derrochando su fortuna. Debe volver a su padre y cambiar de vida. Pero Jesús invita también a “creer en la buena noticia” del reinado de Dios, aunque los romanos les cobren toda clase de tributos, aunque la situación económica y política sea muy dura, aunque se sientan marginados, despreciados y rechazados. Esa “buena noticia” se concretará muy pronto en la curación de los enfermos y el perdón de los pecados que, en resumen, devuelven la paz y la alegría interior.

 

Mayor cuidado animal

Gustavo Rodríguez Vega: Homilía del I domingo de Cuaresma