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Homilía dominical

Foto: Megamedia

Presbítero doctor Manuel Ceballos García

Donde está tu tesoro, está tu corazón

Una idea central sirve de aglutinante: la confianza ante la venida del Señor.

Jesús ve en torno suyo un grupo de hombres temerosos que le siguen en un mundo inhóspito y hostil, y les dice que tengan confianza y sean animosos, pues Dios Padre ha querido darles el reino futuro.

También les pidió que se liberen de todas las ambiciones de este mundo y de todo lucro temporal, pues su tesoro está en el cielo y allí han de poner también su corazón. Si lo hacen así, podrán dormir tranquilos, pues no hay ladrón que pueda “asaltar” el cielo.

Esta serenidad y esta confianza no están reñidas con la actitud despierta y vigilante. Todo lo contrario. Pues el Hijo del Hombre vendrá como un ladrón, sin anunciar la hora de su visita, y ante esta sorpresa debemos estar atentos, siempre alerta. Las “lámparas encendidas” son un símbolo de esta vigilancia ante la venida del Señor, mientras que “las túnicas ceñidas” significan la disposición permanente de servicio para cumplir la voluntad de Dios.

Recompensa

El premio a los servidores despiertos y diligentes será mayor del que ellos puedan imaginar, pues el mismo Señor se pondrá a su servicio, es decir, el Señor será su premio y los sentará a su propia mesa para que vivan en íntima comunión con él.

“Estén preparados…”. Este clima de vigilancia y de espera invade todo el ambiente de las parábolas de Jesús: la del amo que vuelve de la fiesta de bodas a medianoche y, al ver a los sirvientes todavía despiertos y activos, se ofrece, lleno de simpatía y de amor, a prepararles la cena; la del ladrón que sorpresivamente irrumpe en una casa, destruyendo y robando: Jesús pone el acento en aquel elemento inesperado que supone todo robo, porque también el ingreso de Dios en nuestra vida es una sorpresa que trastorna todo.., y la parábola del administrador fiel y sabio que está listo a entregar al amo el balance y la organización de la casa, en cualquier momento en que el amo lo llame a rendir cuentas.

El error fundamental estaría en pensar: “El amo tarda en llegar”. Una tentación que apunta a la tardanza de la conversión y del empeño a un “después” futuro y poco real. Por eso Jesús insiste en “estar preparados”, como los centinelas que, en las horas monótonas e interminables de la noche, están espiando sin tregua el primer rayo de luz en el horizonte (Sal 130, 6-7).

La vida cristiana es como una larga vigilia que conoce la serena seguridad de la salida del Sol; es una esperanza hecha de una mezcla de certeza y de sorpresa, de fortaleza y de esperanza. Y en ese horizonte, tarde o temprano, se ensancha la aurora y surge “el día hecho por el Señor en el que nos alegraremos y exultaremos” (Sal 118, 24).

 

Decomisan ocho neveras con pepino de mar, en el centro de Mérida

Expectativa sobre la situación de seguridad pública

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