in

Homilía Dominical

Presbítero Manuel Ceballos García

¡Cuidado con los que “leen las cartas”!

Jesús no responde exactamente a la pregunta que le han hecho sus discípulos. Se refiere ciertamente al futuro, pero no para descubrirlo en todos sus detalles, sino únicamente para indicar los peligros que se avecinan y advertir a sus discípulos que estén preparados. Los falsos mesías se levantarán para proclamar el advenimiento de los tiempos mesiánicos, pero no anunciarán el Reinado de Dios tal y como Jesús lo entiende, sino como una reivindicación política de Israel.

También dice que estas revoluciones que han de venir no son aún la señal del fin, pero no dice de qué fin se trata. Posiblemente se refiere al último fin, al fin del mundo. Pero antes del fin, los discípulos de Jesús serán perseguidos por judíos y gentiles, y sus padecimientos serán buen “testimonio” a su favor cuando llegue el juicio final.

Jesús quiere inspirar confianza y dar ánimo a sus discípulos: si ellos han de ser llevados ante los tribunales por causa de Jesús, es lógico que Jesús no los abandone. Por eso les promete ser Él mismo su abogado para darles aquella sabiduría que van a necesitar. Esto no quiere decir que saldrán ilesos, pero sí que su causa, que es la misma causa de Jesús, reportará una victoria moral y el Evangelio se propagará por el mundo. También Jesús fue llevado a los tribunales y padeció y murió bajo Poncio Pilato, pero resucitó. Sus Apóstoles predicaron el Evangelio con la fuerza de la Resurrección.

Dios juzga, pues, inexorablemente la historia de este mundo. Pero la gente se preocupa más por el “cuándo” y por el “cómo” con una trivial curiosidad que, inmediatamente, es criticada por Jesús a quien no interesa hacer previsiones o jugar a la astrología, sino más bien orientar hacia una actitud existencial de esfuerzo y de esperanza.

Con lenguaje llamado “apocalíptico” Jesús estimula e invita a la conversión y a las actitudes de vida: ¿qué más me falta por corregir en mi vida y en mis relaciones con los demás? Jesús pone en guardia contra el encanto de los falsos mesías que te leen las cartas o te sacan la suerte o te engañan leyéndote las manos…

El fin del mundo sigue siendo un misterio oculto en la mente de Dios. Jesús se interesó y nos reveló el final de la historia, esa meta de justicia y de salvación, de victoria sobre el mal y de liberación que es, como escribió Romano Guardini, “como el puerto hacia el cual debemos navegar mientras nuestra nave es agitada por las olas, mientras las horas de la noche parecen no terminar nunca y los prepotentes quieren lanzarnos al mar”.

Pero en medio de la oscuridad y de la tormenta resuenan las palabras de Cristo: “Ni un pelo de su cabeza perecerá”.

“Palomazo” de los secretarios de Turismo Torruco y Fridman

Sudan y lo dan todo