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Hoy se realizará la reapertura del Macay

Rafael Pérez y Pérez

El Macay en la cultura

Abierto, cerrado, abierto oficialmente, nuevamente cerrado; parcialmente abierto, abierto, luego cerrado… y al fin abierto. Así resumimos 26 años del Museo Fernando García Ponce-Macay, que abre hoy sus puertas después de permanecer seis meses y medio sin permitir el acceso al público, resultado de las medidas de prevención por la pandemia del Covid-19.

Los recintos culturales que convocan gente agrupada como teatros, galerías, museos, salas de concierto, foros de espectáculos y auditorios han sido de los últimos espacios en estar nuevamente disponibles —y aún no todos y no del todo— en un complejo proceso de reapertura comercial y social, que conlleva varias interrogantes.

Para volver a disfrutar de estos recintos, los visitantes debemos respetar las normas de seguridad, como pasar por los filtros sanitarios y usar cubrebocas. Gracias a ello la experiencia en vivo del contacto con el objeto artístico volverá a ser una realidad para el espectador, quien, aunque —como suele ser— no pueda tocar la pieza, sí recuperará la experiencia de percibirla, aun cuando se trate de pintura o grabado, en su tridimensionalidad, noción que solo se puede tener frente al objeto real.

Ya ni qué decir cuando se trata de escultura, que coincidentemente es la técnica predominante en las tres exposiciones temporales del Macay, ya que solamente una, la de Darío Ortiz, es de pintura.

Creemos importante recordar igualmente que el Museo Fernando García Ponce abrió sus puertas la primera vez el viernes 29 de abril de 1994, en el que fue probablemente, en el ámbito de las artes visuales, el más importante acontecimiento cultural del año en Yucatán. Meses antes, en 1993, se realizó una preapertura con un montaje provisional que permitió a la prensa y un grupo reducido apreciar las características de lo que sería el futuro montaje y museografía del recinto.

Desde entonces y por más de 20 años el Macay permaneció abierto de manera ininterrumpida, salvo episodios como el huracán Isidoro en 2002, cuyas consecuencias solo impidieron por muy pocos días la entrada del público.

Sin embargo, con la llegada de 2015 el recinto requirió cerrarse por completo a las visitas entre los meses de enero y octubre de ese año, debido a la necesidad de realizar mejoras, reformas y tareas de mantenimiento del edificio. Los trabajos fueron parte de un programa promovido por el Instituto de Historia y Museos de Yucatán (IHMY) y el Conaculta, que también se llevó al cabo en los museos de la Canción Yucateca y de Arte Popular. En 2016 se reabrió el museo con la mitad de sus salas.

Y en este bisiesto 2020, como tantas instituciones en el orbe entero que jamás imaginarían lo que vendría, el Macay comenzó el nuevo año con planes y proyectos para los meses próximos. El 29 de febrero se inauguraron cuatro exposiciones: las dos de escultura de Jovian, llamadas “Onírico” y “Construcción/deconstrucción”, instaladas respectivamente en la sala 9 y el Pasaje Revolución; en la sala 10, la pintura de Darío Ortiz en la exposición “Irrealidades”, ya mencionada, y finalmente en la 8 y 8 bis, la colectiva de cerámica “Conformaciones”.

De las tres exposiciones hemos dado cuenta en este mismo espacio y ahora es la oportunidad para el público de conocerlas, porque pese a que llevan ahí más de seis meses realmente no fueron sino únicamente dos semanas las que estuvieron realmente visitables antes de las primeras recomendaciones de cierre y aislamiento, el 16 de marzo.

Por otra parte, se abren también las salas permanentes de Gabriel Ramírez Aznar, Fernando Castro Pacheco y Fernando García Ponce, de interés tanto para propios como para extraños y una oportunidad para el turismo que regresa poco a poco de conocer a tres importantes representantes yucatecos del arte del siglo XX.

Ante la reapertura de hoy y ante los nuevos y grandes retos que se presentan para la industria cultural pública y privada, y de los cuales nuestro Macay no está exento, podemos citar lo que enunciaba Rodrigo Witker en su libro “Los museos” (Conaculta, 2001) sobre cómo habría de ser entendido el museo del siglo XXI:

“Como un centro cultural que preserva, investiga y comunica […], que cuestiona y ofrece oportunidades de aprendizaje y educación respecto a la manera de enfrentar el presente y el futuro; que aborda, en sus discursos y actividades complementarias, la problemática ecológica, el adecuado uso de recursos, la generación y el manejo de la energía y la alternativas de crecimiento brindadas por el desarrollo tecnológico […] y se erige como una institución capaz de asegurar su supervivencia y su desarrollo, pese a situaciones político-económicas adversas…”.

Así, con certidumbre y profesionalismo, el Museo Fernando García Ponce nos da la bienvenida nuevamente hoy a partir de las 10 horas. Acudamos a la cita.

 

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