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Isidro Ávila y Josefina Perera, 65 años juntos

“Donde uno no quiere, dos no pelean”, esa ha sido la regla de oro que durante 65 años ha dado sustento y fortaleza al amor que ha mantenido unidos a la señora doña Josefina Adelaida Perera Alpuche y al decano fotoperiodista don Isidro Ávila Villacís, quienes ayer viernes celebraron sus Bodas de Platino.

Este año será un festejo atípico para la enamorada pareja, acostumbrada a hacer de la ocasión un gran acontecimiento para toda la familia: cuatro hijos, tres de ellos con sus respectivas parejas, 10 nietos y siete bisnietos. La pandemia por el Covid-19 y las medidas de confinamiento, restricciones a la movilidad y sana distancia, no ofrece condiciones para hacer algo grande, pero, por lo menos convivieron con sus hijos en un almuerzo sencillo en su forma pero cálido en su sentido.

Si bien la historia de Isidro Ávila, de 91 años de edad, nos remite a grandes momentos a lo largo de 58 años de labor fotoperiodística en el Diario de Yucatán, la mujer al lado del hombre ícono de la fotografía en la entidad, Josefina Adelaida, ha sido determinante para consolidar el amor y el hogar y la familia que juntos forjaron, una vida juntos que no fue fácil en sus inicios, pero que al cabo de los años les ha fortalecido a grado tal que juntos han permanecido a pesar de huracanes, carencias materiales y ahora una pandemia.

La pareja manifestó sentirse muy feliz, bendecida, unida y fortalecida, agradecida con la vida que les permite compartirla juntos tras 65 años, en un tiempo donde las parejas duran poco tiempo unidas porque, como dice doña Josefina, pelean mucho y no saben sobrellevar los problemas con amor y solidaridad.

Aprobación de mamá

Josefina e Isidro se conocieron a principios de los años 50, en ese entonces don Isidro impartía instrucción militar a los conscriptos, de 4 a 9 de la mañana, entre 1950 y 1953, donde alcanzó el grado de subteniente. Fue parte de una generación de 27 aspirantes de la academia de oficiales de la que solo 13 elementos lograron graduarse.  Josefina entonces vivía con su familia, su padre era panadero y debido a que ayudaba a su madre a cuidar a sus otros seis hermanos, dejó los estudios, y aprendió costura.

A don Isidro le gustaba mucho ir a las bachatas (bailes donde los muchachos ponían discos de vinil y bailaban, sin alcohol, tabaco o drogas, todo tranquilo), pero eso a su mamá no le terminaba de gustar del todo, ella no estaba de acuerdo que el joven Isidro enamorara a una chica de las que asistían a las bachatas.

Cierto día que Isidro y su mamá hablaban de este tema a las puertas del hogar, en la acera de frente pasaba por ahí una jovencita de lentes muy linda y simpática que él no conocía, Josefina. Al instante le preguntó a su madre si la chica de la acera de enfrente era la indicada para él. La mamá de Isidro tomó sus anteojos, se los colocó, miró de arriba a abajo a la joven que continuaba caminando y le dijo: “Sí, con ella si puedes salir”.

No fue un noviazgo fácil, la propia doña Josefina confiesa que si algo le sobraban eran pretendientes que aguardaban turno para cortejarla y platicar con ella, pero Isidro fue más astuto: antes de ganarse el cariño de Josefina, se ganó la confianza de sus futuros suegros.

Visitaba en Colonia Yucatán

Con el visto bueno de los padres de Josefina, ya fue más fácil ir acercándose a quien sería su novia, una cosa fue llevando a otra y en poco tiempo ya eran novios.

Pero las cosas no fueron tan sencillas; en aquel entonces el papá de doña Josefina trabajaba muchísimo para sostener a su numerosa familia, surgió entonces una oportunidad única para salir adelante, en Colonia Yucatán, se requería alguien que se hiciera cargo de la panadería del lugar y hasta ahí se mudó la familia de doña Josefina, pues además de un buen salario para su padre, la empresa les proveía una casa, energía eléctrica, agua potable y alimentos para todos.

Isidro viajaba cada 15 días a Colonia Yucatán, a las cuatro de la mañana tomaba el ferrocarril que salía de Mérida y llegaba a Tizimin alrededor de las dos de la tarde y de ahí ,cuatro horas de camino de terracería en autobús. Llegaba ante la prometida con 14 horas de camino a cuestas y todo empanizado de polvo del camino. El amor por Josefína valía la pena.

Más adelante se ganó la confianza de la empresa que operaba la Colonia Yucatán y comenzó a viajar en la camioneta de la compañía, que hacia el viaje de la capital Yucateca hasta su destino en sólo seis horas. Antes de eso Avila había sobrevivido a un percance cuando el ferrocarril en el que viajaba descarriló y volcó.

Dejó el Ejército

Formalizada su relación y fijada la fecha de la boda, Isidro Ávila solicita su baja del Ejército y contrae nupcias con Josefina el 4 de septiembre de 1955, cuando ella tenía 16 años de edad y él 26. Tan solo un mes después, Ávila Villacís vería publicada su primera fotografía en Diario de Yucatán, lo que marcó el inicio de su faceta como fotógrafo de prensa y el inicio de una doble vida: la del hombre del hogar y la del hombre detrás de la lente.

La pareja recuerda sus primeros días juntos, no tenía absolutamente nada más que una casa a la que había que hacerle muchos arreglos y mejoras; se cocinaba en un improvisado fogón de piedras con una parrilla, posteriormente avanzaron a una hornilla de gas de un sólo quemador y luego de dos quemadores, pasó mucho tiempo antes de que pudieran tener una estufa en forma.

Los gastos de la casa se cubrían entre los dos: Isidro con su salario del Diario y Josefina con lo que obtenía cosiendo vestidos de boda y de XV años; la calidad del trabajo de esta última era altamente apreciada por damas de la sociedad yucateca que le confiaban la hechura de su ropa.

La familia

La pareja tuvo cuatro hijos: José, Juan, Adelaida y Julio, su crianza fortaleció aún más el vínculo que como pareja les unía, y si bien es verdad que por la naturaleza de su trabajo a Isidro le quedaba poco tiempo para estar en su casa, Josefina reconoce que aun esas pocas horas rodeado de su familia las disfrutaban mucho conviviendo e inculcando valores y enseñanzas a sus hijos.

“Isidro trabajaba mucho, habían ocasiones en que hacíamos planes para salir y teníamos que cancelar de último momento porque había trabajo que hacer; entender esto fue fundamental para la relación, pero más que nada el secreto, el verdadero secreto era tratar de no discutir, de no pelear, de no contrapuntear, se trataba de hacer cosas juntos para seguir juntos, si no se podía salir no se salía, no importaba, lo importante era estar juntos y ser felices, no discutir, entender que cuando “uno no quiere, dos no discuten”.

“Si ha habido momentos que Isidro llegaba de mal humor, pero eso no tiene por qué afectar nuestra relación, nosotros nos queremos mucho y vivimos enamorados la vida, crecimos a los hijos y hoy tenemos una familia grande y unida”.

Con 58 años de labor en el Diario

“Siempre había el modo de hacer las cosas, de darnos tiempo y espacios, cuando Isidro tenía mucho trabajo y no había vacaciones, yo veía la forma de viajar y visitar a mi hija, por ejemplo, en Puebla; he viajado con la familia mientras Isidro está trabajando y él lo entiende perfectamente”.

La pareja vive actualmente con su hijo Julio, el menor, que, por su condición especial, ha permanecido siempre cerca de ellos.

En 2009, Isidro se jubiló del Diario, sin embargo continuó laborando durante dos años más, en total entregó 58 años de su vida al servicio de esta casa editorial (antes de incorporarse oficialmente al Diario ya hacía aportaciones esporádicas de fotografías).— Emanuel Rincón Becerra

Don Isidro y doña Josefina, quienes cumplen 65 años de casados
Don Isidro y doña Josefina, quienes cumplen 65 años de casados, acompañados de su familia
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