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La “dieta” que trae los males

Foto: Megamedia

Aconsejan limitar los alimentos ultraprocesados

Los productos industriales, como la comida rápida y las bebidas gaseosas, suelen ser ultraprocesados, según la clasificación NOVA, que cataloga los alimentos por su grado de procesamiento y fue ideada por un equipo de la Universidad de Sao Paulo (Brasil).

Su profesor Carlos Monteiro detalló recientemente en Roma que los productos altamente procesados, de los cuales hablamos en la nota de portada, buscan “reemplazar a los alimentos”, tomando proteínas, carbohidratos y grasas de cultivos de bajo costo y recombinándolos con aditivos.

En Estados Unidos, Reino Unido, Canadá y Australia, se calcula que hasta el 60% de las calorías proceden de dichos productos, mientras que en países de ingresos medios como Brasil, Chile y México, el porcentaje es del 35% aunque aumenta a mayor ritmo, según el especialista.

“Es la dieta perfecta para las enfermedades no transmisibles. Cuanto más aumenta la proporción de ultraprocesados, más sube la incidencia de obesidad, diabetes, cáncer y otras causas de mortalidad”, insistió Monteiro, que citó recientes estudios realizados en España, Francia y EEUU que arrojan resultados similares en ese sentido.

En España, un proyecto de la Universidad de Navarra siguió a cerca de 20.000 voluntarios durante 15 años y concluyó que un mayor consumo de ultraprocesados (más de 4 porciones diarias) estaba asociado con un 62 % más de riesgo para todas las causas de mortalidad.

El investigador principal del estudio, Miguel Ángel Martínez-González, explicó a Efe que decidieron contar con todos los ultraprocesados y sus distintas sustancias, de modo que al juntar “todas las piezas del puzzle” vieron que el “efecto combinado era mucho mayor”.

Para evitar una exposición duradera de los niños a esas dietas de mala calidad, capaces de empujarlos al sobrepeso de adultos, el director de Nutrición de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Francesco Branca, llama a actuar cuanto antes, invirtiendo en programas de alimentación escolar saludable y en redes de seguridad social para las familias desfavorecidas.

También existen las opciones tentadas por algunos países de limitar la publicidad de comida basura y prohibir su venta cerca de las escuelas, elevar los impuestos de las bebidas gaseosas, modificar la composición de los productos o subsidiar la producción de frutas y verduras.

El responsable de la OMS instó a garantizar que las personas con bajos ingresos “tengan acceso a productos saludables” y políticas públicas que “modelen los ambientes alimentarios”.

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