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La India, un país mágico

Los devotos hindúes indios encienden lámparas alrededor del templo sagrado del templo de Shiva en Bangalore

Punto de Vista… viajes

Rafael J. Ramos Vázquez(*)

Hablando metafóricamente, la India no es un país, es un continente porque tiene todo: diversidad cultural, un sin número de dioses, innumerables religiones, diversos idiomas, diferentes vestimentas e infinidad de tradiciones que la hacen un mosaico cultural muy interesante.

Los hindúes alardean de su pobreza, varios paseos son para ver precisamente eso, como asistir a barrios paupérrimos, o visitar una popular lavandería a cielo abierto donde cientos de familias blanquean miles de prendas que son aporreadas en el piso y secadas con los rayos del Sol.

Es un pueblo de contrastes: puedes ver la pobreza extrema y la opulencia sin límites. Al lado de un lujoso hotel categoría cinco estrellas se puede encontrar casas de láminas y palos.

De acuerdo con las diferentes regiones el turista puede contemplar a las vacas consideradas sagradas, ya sea deambulando por las calles o estando echadas deteniendo el tráfico sin ser tocadas… Mientras que en otra urbe se pueden observar a los monos caminando en las calles y subiéndose a los árboles ante la indiferencia de la gente o, se puede mirar a miles de ratas corriendo en los templos dedicados a ellas, siendo alimentadas por los lugareños. O ver a las aves de rapiña sobrevolar una torre donde se encuentra un cadáver para ser devorado en una hora, en un rito atribuible a una religión.

El tránsito en sus ciudades populosas es conflictivo, miles de carros, motos y personas en movimiento, tocando cláxones, haciendo un ruido casi ensordecedor, sin embargo todo fluye, podríamos decir que es una desorganización perfectamente bien organizada.

Su gastronomía es diversa, saludable, la mayoría de la gente es vegetariana, sus platillos contienen un gran número de especias, ya que tienen una amplia variedad de condimentos, donde no puede faltar el curry.

En la India la economía informal es enorme, está en las calles de cada ciudad. En el ofrecimiento de un producto el regateo es obligatorio, el paseante puede conseguir hasta en un 25% de su precio, cualquier producto que le ofrezcan.

En los lugares turísticos el acoso al visitante para comprar es agresivo, molesto, casi quieren obligarlo, y se da la situación que después de rechazar la mercancía y el comprador se aleja lo van a buscar para acceder al precio que ofreció.

Ese país es el segundo con más población en el mundo, el turista puede ver cosas inimaginables que lo hacen mágico, misterioso y místico. Allí se comprueba sin lugar a dudas, que la realidad es más grande que la imaginación.

Abogado y empresario. WhatsApp 9999-00-00-44

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