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La “Luna” sigue brillando a casi dos años de su adiós

La escritora Carolina Luna durante la presentación de un libro en 2017
La escritora Carolina Luna durante la presentación de un libro en 2017

Carolina Luna hubiera cumplido ayer 56 años, pero la muerte la sorprendió un domingo 18 de noviembre de 2018, rodeada de amigos, de sus inseparables gatos, de palabras, música y fiesta.

Vivió tan intensamente como pudo e igual de intensa era su personalidad, única, libre, desparpajada.

A pesar de sus logros literarios, en 2015, en un homenaje que le rindieron en Le Cirque, dijo que estaba contenta porque por muchos años consideró que no era profeta en su tierra.

Carolina Luna cuando presentó su libro "El matagatos y otros cuentos" en 2017
Carolina Luna cuando presentó su libro "El matagatos y otros cuentos" en 2017

Incluso, recordó que en algún momento de su carrera alguien calificó su obra fuera de cartelera por tratar temas caducos.

Y en otra ocasión, en la presentación de su libro “Prefiero los funerales” (Fondo Editorial Tierra Adentro, 1996), en lo que fue la Alianza Francesa de Mérida, alguien gritó “que la quemen”.

Encuentro con una "mujer rota"

Su última entrevista se la concedería a su amigo, el escritor Adolfo Calderón Sabido, quien sensible al estado de salud de la escritora describe un encuentro con una “mujer rota”, como el título del libro de Simone de Beauvoir que descubrió en un rincón de casa de Carolina, pero aún vivaz de pensamiento:

“Resaltan, en su rostro demacrado, sus ojos que reflejan inteligencia cruda. Sostiene una lata de cerveza sin alcohol en una mano temblorosa, mientras da una calada al cigarro con la otra…"

"Ya no podía escribir debido al amonio, que por insuficiencia hepática afectó neuronas de su cerebro. Carolina Luna, sin escribir, era como Goya sin manos; sin embargo, a pesar de su limitación para redactar, sí que podía hablar y sus palabras también eran literatura”.

Un poco de todo

A lo largo de la entrevista, titulada “Love is a Battlefield”, como la canción de Holly Knight y Mike Chapman, “Caro” habla de su primer libro, “El caracol”; de sus temas de siempre, inconscientes, “erotismo, muerte y existencialismo”, de su vida personal y las lecturas que le impresionaron.

Pero sobre todo de la carrera que consolidó en Ciudad de México con la beca del Centro Mexicano de Escritores por el que pasaron Carlos Montemayor, Alí Chumacero, Juan Rulfo, Rosario Castellanos.

También en periódicos como Uno Más Uno y Excélsior, y en Tierra Adentro donde “le entró a todas las revistas: Cultura Norte, Cultura Sur, Playboy, haciendo reseñas de libros, editoriales, dando talleres…”

Otros yucatecos la motivaron

En la entrevista llama la atención que Carolina nunca pensó llegar hasta donde llegó, ser premiada, homenajeada, admirada, un referente en la literatura contemporánea no solo de Yucatán sino a nivel nacional.

Al principio ni siquiera quería entrar al concurso de cuento de la Uady, pero fue su ex marido quien la animó.

Luego “La casa en la playa”, de Juan García Ponce, la motivó a continuar: “ver la estatura intelectual de un escritor nacido en Yucatán que luego se fue a México”, y también tuvo el ejemplo de Agustín Monsreal, Joaquín Bestard

Más adelante confiesa que empezó a ganar más confianza al ver la calidad de los textos de los compañeros yucatecos en los talleres literarios que frecuentaba, como Víctor Garduño y Jorge Pech, “que estaban escribiendo más allá de lo que era el regionalismo, su bagaje eran los escritores franceses”.

Tres Carolinas

Y de pronto, mientras leemos, vemos a tres Carolinas, la de antes, la que bailaba como loca Freedom, de George Michael, en Bar Macondo, donde se le rindió un homenaje, “feliz porque tenía nuevos amigos, porque se estaba recuperando, después de estar al punto de la muerte, por estar viva, por volver a caminar, volver a bañarse sola….”

La Carolina del final, la de las recaídas, demacrada, tambaleante, extremadamente delgada.

Y la Carolina de ahora, la de sus propios funerales, la que descansa en una urna luego de haber disfrutado de una vida bohemia y prolífica. Quería regresar, sin embargo, a la metrópoli, era su sueño, conseguir una beca literaria e irse de Mérida. Lo decía mientras apenas podía sostener una lata de cerveza y su fragilidad la delataba.

Sobre la escritora

Carolina Luna nació en Mérida y era integrante del colectivo Atorrantes Escritores y el Centro Yucateco de Escritores.

Su amplia trayectoria incluyó ser becaria de los fondos estatal y nacional para la Cultura y las Artes (Fonca) y del Centro de Escritores “Juan José Arreola”.

También impartir talleres para la Universidad Autónoma Metropolitana y Conaculta, elaborar guiones radiofónicos educativos y tener a su cargo el cuidado de ediciones, dictámenes editoriales y la jefatura de corrección de estilo en el Fonca, precisa la biografía que de ella hace la Coordinación Nacional de Literatura del INBA.

Sus textos han aparecido en múltiples publicaciones, entre ellas los Cuadernos Literarios de la Uady, “Navegaciones Zur”, “Tierra Adentro” y periódicos de circulación nacional y regional.

Premios recibidos

Fue merecedora de premios de cuento como el estatal del Instituto de Cultura de Yucatán y el nacional de la revista “La pluma y el jaguar”, ambos en 1990.

Algunos de sus libros son “Límites de sangre”, “El caracol”, “Prefiero los funerales” y “El Matagatos y otros cuentos”.

Sobre “Prefiero los funerales”, que la escritora hizo “muy a mi estilo, un tanto irónico, breve, divertido y macabro”, confesó que no soportaba a los “muertos en vida”: aquellas personas que prefieren navegar en la mediocridad y se la pasan en la hamaca esperando las oportunidades.

“Antes que la gente se vuelva así, prefiero que se muera”, dijo.

Su último cuento

El que sería su último cuento está incluido en la antología “Perversiones”, del colectivo Atorrantes, que le rindieron homenaje en marzo del año pasado, en el marco de la Filey.

En esa ocasión, el escritor Carlos Gómez Camuzzo, dijo sobre Carolina Luna que “era muy analítica, con una profundidad psicológica abrumadora”.

“Me faltó decirle que descubrí tres elementos que a mi juicio la emparentan con Carmen Mondragón (Nahui Olin): sus ojos verdes, su rebeldía contra toda la mie... de este incomprensible mundo, y su amor por los gatos. Se lo diré cuando volvamos a encontrarnos”.

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