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La OSY abre la temporada de forma majestuosa

El guitarrista yucateco de trayectoria internacional Cecilio Perera tuvo a su cargo como solista el primer programa de la temporada Septiembre-Diciembre 2019 de la OSY. A la derecha

Vayan antes los parabienes y la enhorabuena. Anteanoche, el proverbial concierto septembrino, el de apertura de temporada de la Orquesta Sinfónica de Yucatán, siempre al borde del patriotismo confortable, no se limitó esta vez a recolectar sones de Galindo o Chávez, arrumbó para otra ocasión los enigmas prehispánicos de Revueltas y desplegó un ramillete tricolor de sorpresas con tres obras contemporáneas.

El maestro Cecilio Perera, de cuya refulgencia mundial ya resulta un lugar común hablar, llegó desde austriacas regiones al escenario del teatro Peón Contreras para estrenar con su guitarra una serie de variaciones creadas por otro yucateco que ya asciende en elogios internacionales: Alejandro Basulto Martínez, de quien algunos meridanos conocen la “Serenata mexicana” y su “Pequeña serenata ranchera”.

También esta velada inaugural —ya de la XXXII temporada— permitió disfrutar la pieza “Y la máquina va” que viene firmada por la mano experimental del maestro Javier Alvarez, con cátedras en altos estudios en esta ciudad donde ha fijado su residencia.

Con aplausos que su diestro oficio y personalidad (glamur, dicen) le han cosechado, el maestro Juan Carlos Lomónaco abrió la cesta septembrina y con el ánimo volando entre “las garzas en desliz y el relámpago verde de los loros”, determinó que el programa abriese y cerrara con Moncayo.

En primer término, de aperitivo, su breve Sinfonietta, dentro de una contenida proximidad nacionalista, pero a fin de cuentas un homenaje a su maestro Copland, sobre todo en algunas parcelas de la sección central, con átomos de paisajismo excavado entre murmullos de lírica estirpe.

A Cecilio —lo sabemos— le agrada recorrer las cuerdas de su esbelta amiga y sacralizarlas con asomos clásicos, pero también hacerlas ingresar, como amuleto contra el hastío, en los laberintos de lo novedoso. En esta ocasión, como estreno entre nosotros, ejecutó las nueve variaciones sobre una giga del siglo XVII que Basulto elaborase en 2015 a petición de una institución inglesa.

Las gigas fueron danzas acompañadas de rasgos mímicos. Se recuerda a William Kemp, actor y amigo de Shakespeare, quien realizó la humorada de recorrer bailando gigas el camino de Norwich a Londres durante nueve días para asombro de nobles y gente del común.

Con base en el tema de una célebre giga en honor de Kemp, don Alejandro se dio a la tarea de imaginar al ágil bailarín repitiendo aquel viaje, pero ahora por regiones de Hispanoamérica, de ahí que las variantes incluyen sus ritmos y rememoran sus ambientes.

No hubo titubeos en Perera. Desde las murallas de su destreza él se inscribe en los trazos de la partitura y les otorga rango, claridad y certidumbre. El tema de Kemp con sus tratamientos nos permitió observar a Cecilio en el regocijo de muchos, diversos parpadeos de color y tiempo. Con fulgente precisión y amoroso acento, localizaron sus manos la entraña de la pieza. Trinos, arpegios, floreos.

Guitarrista y orquesta delinearon las variantes de Basulto: canción de amor (bolero), son, cumbia, banda reguetón, huapango y demás, aparte el instante de la cadencia. Ingeniosas paginas en las que espejea el tema original entre el clamor de lo actual. Placer anexo fue contemplar a un yucateco ejecutar la obra de otro con tanta destreza y generosidad. Ante el alud de aplausos, el maestro Perera exhibió su feliz arreglo de “La mestiza” de Chan Cil.

Vino a continuación “Y la máquina va” que el maestro Álvarez compuso para las bodas de oro de una institución universitaria. Con texturas dinámicas, ritmos reiterativos y libres, buscadores de asombro y la idea del tiempo en fuga, la obra permitió al público asomarse a lo escrito en nuestro país en el momento actual con una visión de inquieta trayectoria.

Tuvimos después el Danzón No. 8 de Arturo Márquez, quien siempre ha suplicado que se escuchen, además del amado No. 2, sus otras piezas similares. No obstante la sensualidad apesgada de Ravel y el buen fermento rítmico de este octavo asomo, no consideramos viable que se abata con facilidad la predilección de las audiencias por aquel segundo.

Tal como la ocasión exige, el recital ha concluido con el hechizo del soberano Huapango que don Pablo lograra tras recorrer la región de Coatzacoalcos (antes del narco) donde recopiló sones como “El gavilancito” y otros antes de, tras escuchar los consejos de Candelario Huizar, trazar un proyecto orquestal cuyo velamen encontró, desde su estreno en 1941 hasta hoy, el aire de impulso más intenso.

La versión de nuestra orquesta fue intensa, germinadora de emoción. Los matices populares, en sucesiva armonía, tan bien logrados, como latidos genuinos de la patria, generaron los múltiples aplausos que cosechara.

Al término del concierto subieron para recibir aplausos los músicos Alejandro Basulto y Javier Alvarez.— Jorge H. Álvarez Rendón

Avanzan hacia su objetivo