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La reina de Saba

Franck Fernandez

Por:  Franck Fernández Estrada(*)

Desde que el hombre circula por la faz de la Tierra y tiene uso de su memoria, se han producido toda una serie de eventos y han vivido muchos  personajes cuyas historias míticas y misteriosas están a mitad de camino entre la historia y la leyenda. En la antigüedad hubo personajes de los que se tiene prueba de su existencia, en la medida en que en los túmulos o en las escrituras muy antigua aparecen sus nombres. También hubo cronistas que dieron fe de la existencia de algunos de ellos. Por otra parte, hay otros que entran casi en la leyenda.

Un personaje que se adapta perfectamente a lo que estoy explicando es la reina de Saba, por todos conocida y sin que realmente se tengan pruebas fidedignas de su existencia. El hecho es que escrituras sagradas como el Corán, el Nuevo Testamento, el Evangelio según Lucas, incluso el Kebra nagast, libro sagrado de los reyes de Etiopía, hablan de esta mujer. En algo si están todos de acuerdo: era una hermosa mujer,  virgen, extremadamente rica y poderosa. Tampoco existe una prueba exacta de dónde se encontraba el reino de Saba. Todo apunta a que se encontraba en lo que es el Yemen actual. En aquella época esta no era una tierra árida como lo es hoy  día. Los contemporáneos llamaba a esta tierra la Arabia feliz por su verdor. Era una zona de tránsito obligatorio de mercaderes. Pero, por otra parte, esto contradice las pretensiones de los etíopes.

Los etíopes consideran que la reina de Saba era de su país. En ese país la llaman Makeda. La reina de Saba es conocida por diferentes nombres en cada religión. Pero comencemos por la versión de los etíopes, tal como se puede leer en su Kebra Nagast. Era una mujer evidentemente de piel negra, muy hermosa, virgen e informada que estaba de la sabiduría del rey Salomón de Jerusalén decidió ir a confirmarlo por ella misma haciéndole sabias preguntas. Dice el libro que fue precedida de enormes cantidades de regalos en oro, perfumes, especies y marfiles. Makeda residió en el palacio de Salomón durante seis meses y al regresar llevaba en su vientre un hijo del rey judío. Salomón, antes de que Makeda partiera de Jerusalén, le regaló un anillo muestra de su amor.

El hijo de Salomón y de Makeda nació en Etiopía y se le puso el nombre de Menelik I, fundador de la dinastía salomónica en Etiopía que solo terminó con una revolución comunista en septiembre de 1974. A la edad de 22 años, regresa Menelik al reino de su padre quién lo reconoce de inmediato gracias al anillo que la había regalado a Makeda. Salomón no quería que su hijo se regresará África, pero los sabios de Jerusalén insistieron mucho en que sí se regresara. Ese también era el deseo de Menelik que se consideraba pertenecer a África. En venganza por el descontento de los sabios judíos, Menelik se robó el Arca de la Alianza dejando en su lugar una copia. Al darse su padre cuenta del engaño, y ante el amor que sentía por su hijo Menelik y por su madre Makeda, exigió que no se hiciera ningún escándalo. Desde entonces, el Arca de la Alianza es guardada en la Iglesia de Santa María de Sion, en Aksum, Etiopía.

En cuanto a la tradición árabe, podemos decir que para el Corán nuestra reina de Saba se llama Belkis. Según los escritos del Corán, fue un pájaro conocido como abudilla, conocido como cucuta en Castilla, quien le informó al rey Salomón que al sur de su reino vivía una reina muy poderosa, bella y doncella. Por su parte, también Belkis tenía conocimiento de la existencia del rey Salomón y de su ponderada sabiduría. Según el Corán, en Jerusalén se decía que Belkis era mitad mujer mitad cabra y que ocultaba sus piernas de carnero bajo su larga falda. Al llegar al palacio de Salomón, el rey tramó una estratagema poniendo un espejo en el piso delante de él. Al acercarse Belkis, creyendo que era un charco de agua, se recogió el vestido mostrando sus hermosas piernas y sus pies, de esta forma quedaba demostrado que no era mitad mujer mitad cabra. No obstante, a Salomón no le gustó que no llevara las piernas depiladas y pidió que de inmediato se hiciera.

Para los musulmanes, el hecho de que Belkis se convirtiera a la religión judaica del rey Salomón y denegara su adoración al Sol fue la base necesaria para que Arabia, y a posteriori el resto de los países donde se profesa esa religión, pasara a una religión monoteísta. Para los cristianos, la reina de Saba tiene un papel menos importante en el sentido de que se trata de rebajar su importancia a pesar de que se habla de ella en el Nuevo Testamento y en el Evangelio según San Lucas.

Lo cierto es que a la reina de Saba se le atribuyen las más diferentes procedencias alegando que era medio humana medio demonio, que era Helena de Troya, de origen búlgaro, infanticida o bruja demoníaca, seguido de un largo etcétera. También se dice que fue ella la madre de los Reyes Magos.

Cuenta la leyenda que tanto Salomón como la reina de Saba eran iguales en sapiencia. Después de conocerse llegaron al compromiso de no tener relaciones sexuales. Fue ella, en su posición de reina invitada y virgen, la que le exigió respeto al rey Salomón. Este le prometió que respetaría su solicitud a cambio de que no tomara nada de su palacio. Esa misma noche Salomón dio la instrucción de que se le sirviera una comida particularmente especiada y picante. Al lado de la cama de la reina de Saba se colocó una jarra de agua. Salomón vigilaba el sueño de su invitada. Cuando el picante y las especies hicieron su efecto y sedienta la reina fue a servirse de la jarra que expresamente le habían puesto delante Salomón le dijo que estaba violando su juramento. Ella, ya seducida y enamorada del rey Salomón, lo invitó a su cama diciendo que él tampoco tenía que cumplir su promesa.

La conclusión a la que llegan todos los estudiosos del tema es que seguramente esta visita de la reina de Saba a Salomón fue más que nada una reunión para que estos dos ricos reinos establecieran acuerdos comerciales, políticos y religiosos, en la medida en que la reina abrazó la religión de Salomón.

El tema de la reina de Saba ha sido fuente de inspiración en múltiples ocasiones en el arte. Ha sido tema de muchas películas y hasta el compositor francés Charles Gounod le dedicó una maravillosa ópera que lleva como nombre “La reina de Saba”. En las catedrales góticas vemos estatuas de la reina de Saba y también la vemos representada en los vitrales que adornan estas hermosas catedrales. También ha sido tema de representación por pintores fundamentalmente del renacimiento entre ellos Piero della Francesca, Rafael, Veronese e incluso Rubens.

(*)Traductor, intérprete y filólogo; correo electrónico altus@sureste.com

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