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La Ruptura continúa

Los medios de comunicación en el arte y la cultura

Así como la Escuela Mexicana de Pintura encontró en los muros de los edificios públicos un espacio para pregonar su ideario estético, los integrantes de La Ruptura hallaron en los medios de comunicación masiva un campo fértil para abrir espacios para la crítica cultural y la visibilización del arte y la literatura mexicanas modernas. Por su parte, instituciones culturales como la UNAM fueron decisivas en la integración de pintores, escritores, músicos y cineastas que, aunque iniciaron su trayectoria a principios de los cincuenta, no es sino hasta 1958 que expresaron cambios de segundo grado.

Ese año, a decir de Teresa del Conde, creadores como Manuel Felguérez, Lilia Carrillo, Fernando García Ponce, Vicente Rojo y Enrique Echeverría se asentaron sin titubeos en pos de la autonomía estética. En este mismo tiempo, Cuevas dirigió a Fernando Benítez una carta desde Nueva York, con el propósito de que se publicara en “México en la Cultura”. Así, la misiva apareció un par de semanas más tarde con el título “Cuevas. El niño terrible” y, más adelante, sería (re)conocida como “La cortina del nopal”. Benítez, el iniciador del periodismo cultural en México, estuvo al frente en dicho suplemento hasta su despido en 1961 y continuó su labor con “La cultura en México” en el semanario Siempre!. Ambas publicaciones resultaron decisivas no solo para La Ruptura, sino para la cultura periodística mexicana difundida en el país y en el extranjero.

Por su parte, Monsiváis ubica el periodo de 1958 a 1965 como el inicio de la democratización de la cultura y a la UNAM como el epicentro de la vanguardia. Además, el hecho de que Jaime García Terrés se encontrara al frente de Difusión Cultural de la máxima casa de estudios posibilitó que los factores de integración, los procesos de difusión y las tendencias estéticas de La Ruptura alcanzaran un momento de clímax. Así, varios de ellos se incorporaron como colaboradores de este importante centro de difusión del arte y la literatura: Juan Vicente Melo y Tomás Segovia dirigían Casa del Lago, Juan García Ponce era jefe de redacción de la Revista de la Universidad de México, José de la Colina coordinaba cineclubes, Juan José Gurrola estaba a cargo del teatro y la televisión universitaria, Inés Arredondo trabajaba en la Dirección de Prensa y Huberto Batis estaba a cargo de la Dirección General de Publicaciones y de la Imprenta Universitaria. De esta forma, una gran parte de ellos trabajaron en la generación de un público distinto que proclamaba el fin del nacionalismo cultural dentro de los terrenos universitarios.

Además del trabajo universitario, los miembros de La Ruptura colaboraron en revistas y suplementos culturales del país: Cuadernos del Viento, La Palabra y el Hombre, la Revista de Bellas Artes y, sobre todo, la Revista Mexicana de Literatura, donde se publicaban traducciones de autores europeos, norteamericanos y latinoamericanos. En 1959 la bonanza continuó con la creación de Ediciones ERA por parte de Vicente Rojo, José Azorín y los hermanos Espresate, la cual pronto se incorporó como una de las prestigiadas editoriales del país en la que la mayoría de los escritores congéneres de García Ponce publicaron sus ensayos críticos, traducciones, poesía, cuento, novela, crítica de arte y reseñas literarias. Un poco más adelante, ese mismo año, se inauguró formalmente la Casa del Lago como Centro Cultural de la UNAM. Dicho recinto fue un importante espacio para los artistas de La Ruptura, en especial cuando Juan Vicente Melo era su director y Mercedes de Oteyza coordinaba la galería (1963 a 1967).

Con la salida de García Terrés de la Coordinación de Difusión Cultural de la UNAM, en 1967, La Ruptura comienza a disgregarse como consecuencia de que sus integrantes son relevados de sus cargos culturales. Al año siguiente, dicha separación se agudizó con la represión del movimiento estudiantil y con los efectos que esto produjo en los programas culturales de la UNAM. La labor de creación y difusión continuó de forma fragmentaria e individual, por lo que 1968 se convierte en un año crucial para la generación de La Ruptura al ser el momento definitivo de su dispersión. Así, a finales de esta década los integrantes de La Ruptura —que en aquel entonces rondaban los cuarenta años— se relacionan más en forma circunstancial y personal, que en torno a proyectos culturales de manera conjunta. En los setenta nacen los grupos de creadores con una inquietud más allá de la pura preocupación artística, formal o técnica: el arte sale a la calle, una nueva Ruptura está por gestarse.

El mapa de posibilidades trazado líneas arriba puede servir de aperitivo para los interesados en participar en el Coloquio Cevidi 2019, el cual llevaremos a cabo del 4 al 6 de noviembre en las instalaciones del Museo Fernando García Ponce. La convocatoria estará abierta hasta el 25 de julio y puede ser consultada en www.macay.org y www.laruptura.org.— El Macay en la Cultura

 

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Cartón de Tony: Sin dudas ni titubeos