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La tartamudez ya no les da miedo

Perla Harriet Ernest Hernández en el curso “RePrográmate” para superar la tartamudez

Temor a la burla, común en quienes tienen disfemia

Cada vez que iba a un restaurante con su familia, Juan Pablo Rosado Rodríguez sentía pánico de solo pensar que tenía que ordenar la comida. Entonces apuntaba al plato de su hermano y decía: “Lo mismo que él”, así fuera el brócoli que no le gusta.

El pánico de Juan Pablo se debía a su tartamudez (también llamada disfemia), que presenta desde niño y le hacía temer que se burlaran de él y lo vieran como bicho raro o, peor aún, como un tonto.

Juan Pablo, actualmente de 16 años, es una de las ocho personas que asistieron al taller “RePrográmate”, que durante cuatro días impartió Perla Harriet Ernest Hernández, directora general y entrenadora de Proyecto Ernest, en el Centro Megamedia Campestre.

Proyecto Ernest, explica Perla, es una aceleradora de líderes que crecieron con tartamudez. “Les enseñamos a reemplazar comportamientos antiguos de la tartamudez por nuevos. Les enseñamos a hacerse cargo de su vida para que la tartamudez deje de ser una limitante y se convierta en una fortaleza, y la fortaleza es comunicación y liderazgo asertivo”.

Perla asegura que los asistentes al curso ven resultados del 40 al 90 por ciento en cuatro días. “Es alargado cuando emplean el método como estilo de vida. Si la persona no quiere practicar después del curso la fluidez le va a durar tres meses nada más”, advierte.

La visión del Proyecto Ernest es devolver la autonomía, el poder y la libertad al adolescente y adulto con tartamudez, condición neurológica, genética y hereditaria que afecta a cuatro hombres por cada mujer.

De hecho, al curso que concluyó el pasado fin de semana asistieron únicamente varones, entre ellos Juan Carlos Cordero García, de 49 años, quien supo del proyecto por una amiga. “Es un asunto que me interesó dadas las condiciones que me han tocado vivir”, admite.

Juan Carlos, quien no recuerda cuándo empezó a tartamudear, había tomado muchos talleres para superar la condición que, dice, le llegó a afectar muchísimo.

“Te da mucha inseguridad, se retrae uno, te aísla un poco. Pero eso ha formado mi carácter con el tiempo. Mucho de mi carácter se ha basado en los golpes de la vida y un golpe importante para mí fue esta condición”, afirma.

Pedro, de 14 años, se enteró del curso por su papá. “Desde chico tenía tartamudez, pero encubierta. Había veces en que me quedaba con las ganas de hablar y no expresaba el punto que quería”.

Recuerda que cuando cursaba el sexto grado de primaria se le congelaban las palabras al platicar con alguna compañera. “Era muy bueno encubriéndolo”, agrega Pedro, tras confesar que temía que pensaran que era alguien inferior.

Alejandro Mondragón Rukos, de 15 años, cuenta que se congelaba al hablar, sus amigos le robaban las palabras y su familia se desesperaba al escucharlo. No poder controlar su condición lo hacía sentirse molesto consigo mismo y en ocasiones terminaba rindiéndose. Con el curso todo lo ha ido superando.— Jorge Iván Canul Ek

Ernest Testimonio

Ricardo Cortés Durán, de 16 años, ya había intentado tomar talleres sobre tartamudez.

Impedimento

“La tartamudez me ha impedido desempeñarme en las actividades que quiero hacer. Por ejemplo, me gusta hablar en público, dar catecismo y pláticas, voy de misiones”, señala el adolescente, que admite que sentía miedo de que se burlaran de él o le perdieran el respeto.

Presentación

“Sé que es un poco irracional, pero es lo que pasa”, expone tras evocar el pánico que sentía en los primeros días de clase en que debía presentarse ante el grupo.

Tareas incómodas

“Ahora me esfuerzo en hacer cosas que no me acomodaban: exponer, ordenar en el restaurante o pedir cosas por teléfono. Vine al curso con el propósito, si no de eliminarlo, sí de controlarlo más de lo que ya lo hacía”.

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