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La vida y la desesperanza

Foto: Megamedia

Hablemos de Bioética

Siguiendo la teoría de Stanislav Kratochvil, divide a las personas que ya han encontrado una orientación axiológica en sus vidas, en dos grandes grupos: las que tienen una orientación axiológica piramidal y los que se sustentan en una orientación axiológica paralela.

Los primeros están absorbidos solo por el trabajo o solo por la familia o por un solo proyecto en sus vidas. Es decir, han construido su existencia sobre un solo pilar: el trabajo, la familia, el dinero, la fama, etc.

Por el contrario, las personas que se apoyan en una orientación axiológica paralela viven con la misma intensidad a la familia, el trabajo, la fama, etc. Y concluye: las personas con una orientación axiológica paralela son psíquicamente más sanas y estables que las personas con un sistema axiológico piramidal.

Y esto por dos razones: en el sistema axiológico piramidal si se destruye el valor único y supremo se viene abajo toda la concepción de la vida, y en segundo lugar, estas personas son fácilmente fanáticas e intransigentes con los que piensan diferente y por lo tanto los excluyen de sus vidas. Cuando esto ocurre se produce el vacío existencial, que es consecuencia de la falta de sentido en la vida.

Tres caminos

La desesperanza es la aceptación habitual y más o menos resignada de la imposibilidad de conseguir lo que se quisiera poder esperar, no puede esperarse y pese a todo se desea. ¿Qué puede hacer el hombre en una vivencia de desesperanza? Y se contesta, una de estas tres cosas: suicidarse, convertirse en una nueva esperanza o hacer de la esperanza un hábito histórico ejemplar.

La logoterapia se diferencia de la psicoterapia tradicional, pues ésta se preocupa en buscar los motivos por los que la persona dice “no” a la vida, y sin embargo, la logoterapia se preocupa de buscar un “si” a la vida a pesar de la adversidad. El suicidio es una puerta falsa a una problemática personal. O como dice Edwin Shneidman: “El suicidio es una solución eterna para lo que a menudo no es mas que un problema temporal”.

“Quien dispone de un por qué vivir es capaz de soportar cualquier cómo”, dijo Friedrich Nietzsche.

Pero esta conducta suicida, ¿es consecuencia de una enfermedad psiquiátrica? Frankl responde de una forma categórica: “Ni siquiera todo suicidio es patológico, y no siempre hay que interpretar el suicidio como el final de un desarrollo morboso. Podría comprobarse que a un suicida la falta valor, y a otro, humildad; pero si bien es verdad que el uno no es un héroe ni el otro un santo, ambos no están dementes. No sufren una enfermedad psíquica sino una crisis espiritual” (V. Frankl, 1992).

Hay un “sentido”

La vida tiene siempre, incondicionalmente, un sentido y que el suicidio carece siempre de él. El cansancio de la vida no es más que un sentimiento y que los sentimientos no pueden hacerse pasar nunca por argumentos. También el suicida, cree en un sentido, si no de la vida, de la prolongación de la vida, sí al menos en un sentido de la muerte. Si ya no creyera en ningún sentido, no podría ni tan siquiera mover un dedo y tampoco se suicidaría.— Presbítero Alejandro de J. Álvarez Gallegos, doctorando en Bioética

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