in

La voz del Pastor

Monseñor Gustavo Rodríguez Vega, arzobispo de Yucatán

“Si se mantienen firmes, conseguirán la vida” (Lc 21, 19)

Muy queridos hermanos y hermanas, les saludo con el afecto de siempre y les deseo todo bien en el Señor, en este trigésimo tercer domingo del Tiempo Ordinario, penúltimo domingo del Año Litúrgico y día de la Jornada Mundial de los Pobres. Esta es la tercera ocasión que celebramos esta jornada convocada por el papa Francisco.

La intención fundamental de esta jornada es motivarnos a tener cercanía física y espiritual con nuestros hermanos más pobres, sabiendo que éstos nos evangelizan con su manera sencilla y llena de esperanza de ver la vida. De hecho, el lema para esta tercera jornada es el siguiente: “La esperanza de los pobres nunca se frustrará”… Ojalá que todos y cada uno de nosotros tengamos hoy o durante esta semana alguna acción de cercanía con nuestros hermanos más pobres.

Es equivocada y muy injusta la idea que algunos han expresado diciendo que los pobres son pobres porque son flojos. Podríamos decir con certeza que existen riquezas fundadas en la injusticia, en la corrupción o en los crímenes. Otras riquezas en cambio, suponen mucho esfuerzo, trabajo honrado y además implican haber tenido oportunidades de estudio y superación, así como otras circunstancias que han favorecido el enriquecimiento.

Los pobres en general no han podido conseguir trabajo o tienen un salario que, aunque sea legal, es injusto porque no les permite tener una vida digna. En 1891 el papa León XIII en su Encíclica “Rerum novarum”, decía que el salario de un trabajador, aún el de un obrero, debía ser suficiente para sostener a su familia y darle una vida digna, evitando el trabajo de la mujer, de los niños y de los ancianos, que en aquel tiempo trabajaban por igual.

Entremos al tema del trabajo con la segunda lectura de hoy, no sin antes recordar que hay muchos trabajos valiosos y dignos, que ni siquiera tienen asignado un sueldo, como el de las amas de casa cuya labor no termina en todo el día; o el de los estudiantes que realmente se esfuerzan y se dedican a su superación académica. En la Segunda Carta a los Tesalonisenses san Pablo enseña (…) el valor del trabajo…

En muchas familias hoy en día, los hijos son exigentes con sus papás, demandando lo que quieren o lo que creen necesitar, para luego no mostrar a sus padres la debida gratitud. Si no se les pone freno, esto es mal formar a los hijos, pues ellos deben saber que no siempre es posible tener lo que quieren o supuestamente necesitan. Hasta donde sea posible, los hijos deben colaborar al menos con los trabajos de la casa y, si las circunstancias lo permiten, contando con la edad requerida, un empleo los hará crecer en humanidad así como en solidaridad cristiana, al darse cuenta de lo que valen las cosas, teniendo además la oportunidad de colaborar y compartir.

En el evangelio de hoy, al escuchar Jesús que la gente ponderaba la solidez del templo y la belleza de las ofrendas votivas que lo adornaban, les dijo: “Días vendrán en que no quedará piedra sobre piedra de todo esto que están admirando; todo será destruido” (Lc 21, 6). Ya sabemos como cristianos o al menos como gente sensata, que todo lo material es relativo y pasajero…

“Palomazo” de los secretarios de Turismo Torruco y Fridman

Sudan y lo dan todo