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La Wehrmacht, agrupación estratégica

Franck Fernández Estrada (*)

Al terminarse la Primera Guerra Mundial, los países vencedores se reunieron en la famosa Galería de los Espejos de Versalles para determinar cuáles eran las compensaciones que debían pagar los vencidos por todo el daño material y humano que causaron. Había voces que en balde gritaban que no debía penalizarse a los vencidos de esta forma, porque eso podría llevarlos a sentimientos revanchistas.

Desde cierto punto de vista, los vencedores no dejaban de tener razón: en definitiva, ellos fueron los invadidos.

Las cantidades de dinero que pagaron los alemanes a los países vencedores hizo tal, que la economía alemana, ya de por sí debilitada por los esfuerzos de guerra, se vio obligada a producir para pagar esas compensaciones.

Recuerdo la madre de un amigo alemán cómo me contaba que, de niña, su padre la apresuraba a ir a comprar a la panadería un pedazo de pan con un billete porque, dentro de un rato ya habría duplicado su precio.

La inflación era galopante y el marco alemán, que fue una moneda muy fuerte, se veía sometido a una inflación con la que el más mínimo producto de primera necesidad costaba millones de marcos.

Entre las restricciones a las que se vio sometida Alemania, estaba el hecho de no producir material de guerra. Independientemente de que el gobierno que se instauró después de la caída del Segundo Imperio Alemán, conocido por la historia como el gobierno de Weimar era un gobierno democrático, no por ello la industria alemana dejó de fabricar material que, con poca adaptación, pudiera convertirse en material utilizable en una futura eventual guerra. Eso significa que cuando en 1933 Hitler llegó al poder como canciller (título de un gobernador en Alemania), las bases estaban sentadas para la creación de un ejército. Fue así como se creó la Wehrmacht, que agrupaba los ejércitos de tierra, de aire y de mar.

Si bien no se produjeron en masa aviones y tanques de guerra por su dificultad para ocultarlos antes de 1933 sí se produjeron armas menores de asalto.

La producción de tanques y aviones comenzó a marcha forzada con el advenimiento de Hitler al poder. Estos tanques y aviones fueron determinantes como material bélico para el ejército alemán en una táctica de guerra que usaron los alemanes a partir de 1939. Es lo que se llamó “Blitzkrieg” (guerra relámpago, en español).

El ejército alemán estaba dividido en 18 regiones. Dos de ellas estaban en territorio austriaco después de la anexión de este territorio al Tercer Reich en una operación llamada Anschlus (anexión, en español). Dentro del ejército, las cosas estaban organizadas de forma tal que era posible la circunscripción, recurrir de forma muy rápida a los reservistas, el entrenamiento, ocuparse de los heridos en combates y de los convalecientes. Todas las fuerzas armadas eran dirigidas por generales del Führer siendo Hitler el comandante supremo.

La administración de la Wehrmacht era muy sencilla, lo que facilitaba grandemente el reavituallamiento de víveres y municiones, con pocas esferas de responsabilidad pero todo muy bien definido. Esta forma de administración se adaptaba a las necesidades del momento y de lugar. En cuanto al material que utilizaba la Wehrmacht, es necesario decir que no solo utilizaba el material propio fabricado en Alemania, sino también el requisicionado en las zonas ocupadas.

La división de tanques Panzer era la fuerza de ataque del ejército alemán y estaba formada fundamentalmente por Panzers 1 y 2. Entre las tácticas de base de la Wehrmacht podemos citar que se le daba preferencia al reconocimiento del territorio enemigo gracias a la aviación. Después de los ataques tenían la costumbre de realizar una retirada discreta lo que hacía que, cuando llegaban los aviones enemigos, generalmente bombardeaban zanjas que ya habían sido desocupadas.

Se puede decir que durante la invasión a Polonia, la guerra relámpago se realizó con un equipo que para la época era de buena calidad. Por su parte, el material de guerra de los franceses técnicamente era muy superior al alemán, sin embargo, era ineficaz porque la organización del ejército francés era inferior ante el trabajo de equipo del lado alemán.

En cuanto a la invasión a la Unión Soviética, hay que reconocer que al principio, la táctica del “Blitzkrieg” fue eficaz, pero a la larga demostró que no era lo adecuado para este tipo de intervención.

En Rusia, Hitler se encontró con las mismas estepas infinitas y el mismo crudo invierno ruso con los que ya se había topado Napoleón 100 años antes.

Gracias a las innovaciones de la guerra relámpago, primero el ejército polaco y con posterioridad los ejércitos francés e inglés fueron víctimas del ejército alemán. Esto le permitió a Alemania hacerse de casi toda Europa occidental.

Pasados algunos meses, el material de guerra utilizado por la Wehrmacht tendía a mejorarse, utilizando sus altos dirigentes nuevas tácticas aprendidas de las experiencias de los primeros meses de la guerra.

Todo hacía pensar que, gracias al “Blitzkrieg”, la operación Barbarroja, nombre dado a la invasión a la Unión Soviética, sería un paseo de verano. Muchos generales no consideraban adecuado que Alemania abriera un segundo frente al oriente.

Pronto se definieron los dos graves problemas que llevaron a la derrota de este ejército magníficamente bien organizado. El primero de ellos fue que la producción de material de guerra no seguía el ritmo que imponían las necesidades y, en particular, los amplios espacios de Rusia, agravado por las necesidades en los frentes en los Balcanes y en el norte de África. El segundo gran problema era que todas las órdenes emanaban directamente del propio Führer, quien no tomaba en consideración lo que sus generales le aconsejaban, lo que tuvo un duro efecto sobre el estado de ánimo de las tropas.

Alemania no tenía los suficientes recursos para mantener una guerra durante mucho tiempo y las pérdidas sufridas tanto en el norte de África como en Rusia fueron un golpe irremediable. No bastaba con que las fábricas de guerra suministraran un material realmente moderno para la época… nunca fue en la cantidad que las necesidades de la guerra imponían.

A partir del desembarco de los aliados en las playas de Normandía, los problemas originales llevaron irremediablemente al ejército alemán a su pérdida, claro está, sin olvidar el desgaste que ya se había producido en el frente oriental soviético. Cada vez eran más notorias las dificultades de reavituallamiento y la falta de recursos por el constante hostigamiento de los bombardeos aéreos aliados.

Por su parte, en el frente occidental, los enlaces ferroviarios se veían cada vez más interrumpidos por los incesantes bombardeos de los aliados lo que evidentemente hacía más difícil las operaciones de logística. Con estos bombardeos, el material necesario para continuar la guerra no se podía movilizar y las reservas de petróleo escaseaban.

Llegó el momento que, una vez rota la línea de defensa alemana, lo que en ocasiones era bastante difícil, el avance resultaba muy fácil.

La Wehrmacht tuvo que abandonar mucho material bélico por falta de medios de transporte.

En contrapartida se debe decir que, a pesar de todas las dificultades, la organización de la Wehrmacht se mantuvo coherente hasta el final mismo de la guerra.

Finalmente, Alemania firmó su capitulación el 8 de mayo de 1945 en los salones del Palacio de Cecilienhof en Potsdam, al suroeste de Berlín. Los vencedores firmaron el 20 de agosto de ese mismo año una ley mediante la cual desaparecía definitivamente la Wehrmacht. La RFA solo volvió a tener un nuevo ejército, la Bundeswehr, en 1955.

(*) Traductor, intérprete y filólogo.

altus@sureste.com

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